jueves, 14 de febrero de 2013

Enamorándome de mí




En un momento de mi vida, hace unos dos años, me resultó prioritario enfrentar la verdad que mi corazón estaba llorando a gritos, susurrando y suplicándome que oyera: "SOS suficiente, VALÉS, SOS digna de amor, SOS amor". Fue una noche oscura, estaba sola en casa, varada en mi cama y llorando tan fuerte que temía que algún vecino me tocara la puerta. Jamás me había sentido tan sola. Fue tras un par de horas de llanto y sollozo, cuando aparentemente no quedaba energía para continuar, que sentí a mi corazón. Estaba allí para mí, como una entidad separada, derramando su amor incondicional sobre todo mi ser. Esa noche, fue todo lo que hizo falta para seguir, pero cuando llegó la mañana, el sentimiento que me había calmado unas horas atrás parecía haber vuelto a esconderse. La única diferencia era que ahora SABÍA que estaba allí, ahora SABÍA que mi verdad era amor, ahora SABÍA que ese amor por mí misma era lo único que me daría paz para siempre. Y entonces me embarqué en el camino de recuperar ese amor para que su presencia no me dejara jamás, para que su presencia fuera yo. He recorrido un largo camino desde entonces, y siento que sigo andando. Sin embargo, las herramientas que vengo usando para avanzar me resultan útiles a diario.

La primera herramienta que desarrollé fue convertirme en mi propia madre. Toda la paciencia y amor incondicional que sentía por mi hija era algo de lo que yo también podía beneficiarme. Es muy fácil amarme tras un logro o en un día particularmente bueno; son los días en los que hago un berrinche, los días en los que meto la pata, los días cuando el mundo me refleja todos los aspectos de mí que aún no he abrazado los que son difíciles. En esos momentos, respiro y me bifurco: mi corazón se convierte en la mamá amorosa de la niña herida y caprichosa. De esa manera, es fácil amarme (después de todo, ¿acaso no amo a mi hija con la misma intensidad cuando ella hace un berrinche? Entonces, ¿por qué no amar a mi niña interior cuando hace lo mismo?), abrazar e integrar las características menos populares de mi personalidad.

La siguiente herramienta importante para regresar al amor por mí misma vino en la caja de un rompecabezas. Armar un rompecabezas difícil y mirar la imagen completa menos una pieza fue un gran hallazgo para darme cuenta de cuánto valgo en el rompecabezas universal e intergaláctico de la existencia. Toda la experiencia fue muy reconfortante, y si todavía no leíste ese artículo, te invito a buscarlo “Las enseñanzas del ordenador de almas” en el archivo.

Luego, en otra instancia, alguien me recordó que también podía reclamar todo el amor que alguna vez le hubiera dado a los demás. ¡Guau! ¡Eso es MUCHO amor! Pero ¿cómo lo reclamo? ¿Se los quito? ¡Claro que no! Esas preguntas me llevaron a la siguiente analogía: Todo el amor que alguna vez di es como un archivo que envié por correo electrónico sin haber visto qué había adentro. Por lo tanto, si busco, todo ese amor está almacenado en mi corazón como archivos sin abrir en mi disco duro, y puedo sentarme, respirar, abrirlos ¡y darme una dulce ducha de mi propio amor! ¿Cuántas veces le di lo mejor de mí a otro? ¿En cuántas vidas? ¿No es hora de degustar la delicia de mi propio amor? ¡Sí! Así que ahora, cada vez que me siento inferior, abro algunos de esos archivos y mi calidez me abraza tiernamente.

Más adelante, me recordaron la importancia de abrazar todo mi ser y permitirme sentir absolutamente todo lo que surgiera, dejarme sentirlo completamente, sin juzgarlo. Se dice más fácil de lo que se hace, ¿no? Yo también pensé lo mismo. Sin embargo, en asuntos del corazón, "pensar" no es lo más acertado. Resulta que en el momento en que quise ponerlo en práctica, me di cuenta de que todas las herramientas que venía usando me habían preparado y alistado para esta parte del trayecto.  Por ejemplo si una mañana me siento frustrada (como hace un par de días), esto es lo que hago: tomo nota del sentimiento, me permito sentirlo, festejo todos sus agregados (como cuando a mi frustración original se le suma que la conexión a internet está lenta o una llamada equivocada me interrumpe), escribo al respecto y lo comparto con esos amigos que entienden lo que estoy haciendo (recordá que no estoy buscando consejos en esta instancia) mientras el sentimiento cala más y más hondo. Y luego, de repente, cuando empiezo a reírme de cómo me aliento a seguir, se abre un espacio, ¡y la frustración ha sido integrada con amor y paciencia!

Entonces, ¿ya llegué? (al lugar que fuere). No. ¿Estoy más cerca? Sin duda. Por eso comparto estas herramientas con vos en caso de que te resulten útiles, para que las uses, las modifiques, o te sirvan para hacerte consciente de las tuyas. Y lo hago ahora porque detesto cuando la gente me dice que logró algo cuando ya está "del otro lado" (¡y me amo por detestarlos!), una vez que ya olvidaron cómo lo hicieron; o peor, esa gente que tiene la suerte de resolverlo todo en un segundo (¡cuánto los odio a esos también!) y hacen que termine buscando en dónde me equivoqué yo una vez más. Por eso, porque no quiero que me odies cuando llegue al otro lado, aquí está mi presente: el proceso paso a paso mientras aún voy cruzando el puente. Y si por casualidad tenés tus propias herramientas, ¿qué tal compartirlas conmigo para así poder darnos la mano y cruzar el puente juntos?