(segunda parte a continuación)
Hace aproximadamente un mes pedí prestado un rompecabezas, que al armarlo se transformó en un "Ordenador de almas". Las enseñanzas fueron muchas y se siguen sucediendo a pesar de ya haberlo terminado y desarmado. Es por eso que siguiendo la sugerencia de una sabia amiga, las entradas alusivas merecen una página aparte.
El valor de una pieza
Mi objetivo principal era plasmar materialmente una imagen que me rondaba en la cabeza desde hacía tiempo: la de un rompecabezas completo al que le faltara solo una pieza. Si estuviste leyendo mis publicaciones anteriores, sabrás que una de mis grandes lecciones tiene que ver con la valoración personal, es por eso que necesitaba una prueba contundente del valor indiscutible que cada uno tiene en un todo formado por partes (más precisamente, el valor de "mi pieza"). Es por eso que durante nueve días me aboqué a poner en su lugar 500 piezas en mis ratos libres.
Tenía trabajo pendiente, pero la expectativa de verlo terminado superaba ya el tilde de "pasatiempo". Eran las 9 de la mañana, mi hija ya estaba en la escuela, yo ya había meditado en mi elíptico, me había duchado y vestido y tenía la PC lista para abocarme a la traducción programada para ese día. Sin embargo, ubicar las veintitantas piezas que faltaban representaba entonces la tarea más urgente e importante del día. Lo que empezó como un experimento personal se había transformado en un desafío, en una prueba de constancia y compromiso que me urgía conquistar YA. Si algo me pasaba en los próximos minutos y debía dejar esta vida, una traducción sin entregar no tendría importancia, pero este ordenador de almas sin terminar sería una verdadera picardía. Así que me regalé el tiempo que hiciera falta para cumplir mi misión.
No sé cuál será tu opinión, pero esa veintena de piezas, todas exactamente del mismo gris, se me dibujaban como los últimos metros de una maratón doble. Sin embargo, las fui ubicando una a una, hasta que, porque no cabía otra alternativa en mi aprendizaje, faltaba una sola y ¡no estaba a la vista! La decepción duró apenas unos segundos hasta que la encontré debajo de la caja, pero ¡vaya que aprendí!
Una pieza en 500 es "solo" el 0,2 por ciento. Cuando la imagen está completa, esa pieza es prácticamente inidentificable, pero ¡vaya que se ve si falta! Y no importa que su función en el todo ni siquiera es parte del dibujo, ni tampoco importa que la pieza que falta es bastante parecida a otras tantas igualmente grises, ¡SE NOTA!
Cuanto falto, se nota. Se nota si falto a una reunión de amigas. Se nota si falto a la reunión de padres en la escuela de mi hija. Se nota si decido no ir al grupo de meditación con música. Se nota si tengo un comentario para hacer en Facebook y no lo hago por cualquier motivo derivado del miedo o del "qué dirán". Se nota cuando una persona está esperando mi próxima publicación en el blog y no llega. Se nota si me olvido de tu cumpleaños. Incluso a veces se nota mi ausencia, aunque vos no lo identifiques. Se nota en la palabra que no dije. Se nota en la energía que faltó. Se nota. Se nota. Se nota.
Si falto yo, se nota. Si faltás vos, también. ¡Que estemos todos!
¡Hasta la próxima!
Segunda parte
A dos meses de la gran hazaña del ordenador de almas (usaré
las siglas ODA porque la nombre “rompecabezas” tiene una vibración que no
resuena con la experiencia), la claridad de las metáforas suscitadas aparecen a
diario para animarme a seguir. Aquí enumero las más recurrentes, cuyo solo
recuerdo es suficiente para aclarar mi alma y reencauzar mi camino.
·
¿Y si mi vida es un ordenador de almas que me
fue entregado desarmado al nacer? ¿Y si
mi ODA armado es una pieza perfecta en el gran ODA de la vida? ¿Y si una vez
encontrado mi lugar en el “gran ODA”, este se expande y multiplica dando lugar
a nuevas posibilidades que hasta entonces no existían?
·
Luego de buscar una pieza durante varios minutos
y en repetidas oportunidades, decidí seguir por otro lado. Si me hubiera
quedado varada en la pieza que no encontraba, no habría avanzado. Reflexioné
que si dejaba de buscarla y me dedicaba a buscar otras que aparecían con más fluidez,
al quedar pocas piezas, la original “perdida” sería muy fácil de ubicar.
·
Cada pieza va en su lugar, junto a las que les
corresponde. En otro lugar no solo no suma, sino que además estorba y traba.
·
A veces una o más piezas parecen encajar
perfectamente en un mismo lugar; elijo una provisoriamente, hasta descubrir
cuál es la adecuada.
·
Otras veces, estoy convencida de que una pieza
está correctamente ubicada, hasta que descubro que en realidad calza en otro
lado. Sin embargo, mientras estuvo “mal ubicada”, despejó el camino para
encontrar muchas otras, y cuando fue el momento, la cambié de lugar y hubo más
orden (inútil rumiar sobre las compañías pasadas transitorias una vez ubicada
en el lugar adecuado, ¿verdad?).
·
Cuando el dibujo está bien definido, es claro
ver si la pieza encaja perfectamente o no; sin embargo, en las zonas grises e
indefinidas, es más difícil darse cuenta cuando una pieza está fuera de lugar.
·
Considero que estar “dormida” es tener pegadas
muchas mentiras, juicios, proyecciones, expectativas y rechazos que no son míos.
Con todo eso adherido, mi pieza no tiene su forma verdadera, por lo tanto es
difícil de ubicar. El primer paso para “despertar” es despojarme de todo lo que
no soy, para recién entonces buscar dónde me ubico.
·
Inútil decirle a “otra pieza” dónde y cómo
ubicarse si mi pieza está toda pegoteada y deforme. Igual de inútil que
pretender enseñarle a otra cómo encajar al otro lado del dibujo.
·
A fin de despojarme de lo que no soy, voy
conectándome con otras piezas que me ayudan a descubrir quién soy, y para quienes
yo también soy un catalizador de su despertar.
·
¿Cuántas piezas están esperando a que yo
despierte para completar el dibujo? ¿A cuántas estaré esperando yo?
·
Dos piezas exactamente iguales no tienen cabida
en un ODA, por lo tanto, es inútil desear o buscar parecerse a otra, tan inútil
como compararse: es la manera más segura de no encontrar nunca mi lugar.
·
Hay muchas piezas que se parecen entre sí; sin
embargo, pocas veces las parecidas encajan juntas, más bien se complementan con
otras diferentes.
·
Hay dos o tres piezas en las quinientas de este
ODA en particular que son totalmente distintas a todas, pero en su marcada diferencia
también necesitan de las demás para armar un todo.
·
Si mi pieza es un sol, su luz y calor se
transmite a toda la imagen.
·
Cuando la última pieza ha sido ubicada, todo el ODA
recupera su unidad para pasar a ser una pieza fundamental en un ODA más grande
y multidimensional.
Hasta aquí lo reflexionado con este ODA de gatitos dormidos
en blanco y negro. Pronto encontraré el desafío de otro ODA. Me pregunto qué
enseñanzas me traerá…
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