jueves, 13 de diciembre de 2012

Mi epifanía después del 12.12.12


Siento que elegir el nuevo paradigma no ha sido instantáneo para mí. Desde que supe concientemente que tenía que elegir, he enfrentado una situación tras otra para confirmar mi elección. Siento que el universo es tan infinitamente amoroso y respetuoso de mi libre albedrío que no quiere que una elección tan trascendental sea hecha a la ligera, deprisa o en un momento en el que no sepa bien lo que estoy eligiendo. Así que para mí, durante el último año y medio, ha sido una oportunidad tras otra de elegir el viejo o el nuevo paradigma. Después de haber elegido el nuevo muchísimas veces ya, empiezo a darme cuenta de los cambios radicales que se han producido en mí. ¿Cuánto tiempo más hasta que todo fluya con facilidad? ¿Cuántas veces más tendré que decir “¡Sí!” a lo nuevo hasta encarnar la mariposa que sé que soy? No lo sé, y a diferencia de ayer, realmente no me importa. Ya no me importa porque tras la consciencia que tengo hoy del respeto y amor infinito que el universo tiene por mí, puedo estar tranquila de que TODO está bien, TODO es perfecto tal como es. Estoy sostenida. Estoy cuidada. Soy amada. Soy amor. SOY

¡Hasta la próxima!

lunes, 10 de diciembre de 2012

Dentro de la crisálida




Aparentemente todo está inmóvil, y sin embargo, siento la ebullición. Los cambios todavía no son visibles para el mundo exterior, pero mi corazón recibe con gusto la nueva dosis de amor y compasión por mí misma. En el proceso, hay una carrera por conquistar la confianza, algunas dudas salen a la superficie para ser liberadas. Hay también cierta necesidad de justificar mi aparente quietud que se mezcla con sentir que no hay nada que explicar. Todo lo recordado hasta ahora ayuda, aporta… Y también confunde, se contradice. Aquí dentro conviven la dualidad y la unidad; es un lugar oscuro, pero seguro y cálido. Hay destellos de luz que aportan esperanza. Estoy sola aquí, y a la vez estoy conectada con todo.  Se dificulta encontrar silencio interior, la mente no quiere ceder, teme lo que desconoce. El corazón aporta infinita paciencia, “el tiempo no existe”, dice. La mente no entiende. En cuanto se expande un poco, quiere definir y organizar, y enseguida vuelve a contraerse. "Todas las respuestas están en tu corazón", dicen. "Solos no vamos a ningún lado", dicen. "El nuevo paradigma es el de la cooperación", se escucha. ¿Para qué cooperar si el universo todo está en mi corazón? ¿Buscar cooperación no es acaso aceptar que solos no podemos? ¿Y ofrecer ayuda no es acaso considerar que el otro la “necesita”? ¿Y si para llegar al corazón hacen falta herramientas propias y ajenas? ¡Pero no existe “lo ajeno”, es una ilusión! Busco lo que me resuena. Y lo que no me resuena, lo descarto. Pero, ¿no es lo descartado también reflejo de mí misma? Si elijo, separo; si separo, me alejo de la unidad, que es lo que busco… Oigo ecos de voces que me dicen que es muy simple, parecen seres que se han transformado ya; llaman, tientan, pero no veo que haya un puente para cruzar. Dicen que salte al precipicio, que me crecerán alas o que me recibirá una nube. Las metáforas no me sirven. ¿Qué es “saltar”? ¿O será “soltar”? Como sea, no sé de qué hablan. Todavía no reconozco ese idioma (qué va, ¡ni siquiera reconozco las letras!). Quiero rendirme, me quiero bajar, pero después del suspiro siempre hay algo más que me impulsa a seguir. A seguir buscando, ¿cuánto más puede faltar? ¿Alcanza con observar la transformación o hay algo que debo contribuir para completarla? ¿Y si contribuir es simplemente observar sin juzgar? ¿Y si contribuir es simplemente dejar que sea sin interferir? Los mismos que le pusieron fecha a la transformación se están desdiciendo. "No va a pasar nada", dicen. ¿Serán los últimos vestigios del miedo al desencanto? Las estaciones y los ciclos no son de un segundo al otro, es cierto; pero la transformación de la mariposa sí, el nacimiento de un bebé, también, cuando un fruto está maduro, cae en un instante. ¿Cuál es la metáfora más acertada? ¿O dependerá de lo que estemos eligiendo todos colectivamente? No sé vos, pero yo elijo la magia del instante, no me importa que me tildes de infantil. ¿No se trataba de volver a ser como niños? ¿No son los niños nuestros grandes maestros? Si soy el ser infinito que busco cocrear, ¿por qué elegir lo más difícil y largo? ¿Para qué encarnar en este tiempo si en realidad la magia se verá en cien años? Respiro. Miro alrededor. En este instante está todo tranquilamente desordenado. La mente no se calla. No habrás creído que te hablaba mi corazón, ¿verdad? No, mi corazón late, espera su turno, pero como no habla con palabras sino con vibración, todavía  no lo entiendo. ¿O le estará pasando data a la mente para que su vibración se cuele entre las palabras? Todo es posible. Pero hay algo en el aire, hay cierta excitación innegable, algo está pasando.  Si soy infinita, ¿por qué preocuparme por morir de hambre o inanición? Pero elegí ser humana, elegí un cuerpo sorprendente y hermoso, debería ocuparme de cuidarlo y honrarlo. Más que eso, ¡debería ocuparme de disfrutarlo! ¡Quiero que todos mis sentidos disfruten de los paraísos que hay en esta bella Gaia! ¿Cómo atraigo la abundancia que lo permita? Yo entendía que había que tener para hacer y luego ser; pero luego recordé que había que ser para hacer y después tener. Bueno, SOY, y ahora ¿qué hago?  Uso las herramientas que descubrieron otros. De a ratos me sirven, pero apenas me alejan de la largada.  Es que siento que hay una herramienta esperando a que yo la descubra (¿será por eso que las demás les sirven a otros y a mí no?). Si lo siento, será que es así. Pero ¿cómo la descubro? Escuchando a mi corazón. ¿Cómo entender su idioma? Escuchando con paciencia. "Que busque señales", dicen. Las señales me indican detenerme, pese a todo. Detenerme y respirar. Detenerme y no pensar. Detenerme y escuchar. Detenerme y sentir. Detenerme y aceptar. Detenerme.

Artículo originalmente publicado en el número de noviembre de 2012 de la revista digital "Serendipity in the Way", http://serendipityintheway.com/