
Aparentemente todo está inmóvil, y sin embargo, siento la
ebullición. Los cambios todavía no son visibles para el mundo exterior, pero mi
corazón recibe con gusto la nueva dosis de amor y compasión por mí misma. En el
proceso, hay una carrera por conquistar la confianza, algunas dudas salen a la
superficie para ser liberadas. Hay también cierta necesidad de justificar mi
aparente quietud que se mezcla con sentir que no hay nada que explicar. Todo lo
recordado hasta ahora ayuda, aporta… Y también confunde, se contradice. Aquí
dentro conviven la dualidad y la unidad; es un lugar oscuro, pero seguro y
cálido. Hay destellos de luz que aportan esperanza. Estoy sola aquí, y a la vez
estoy conectada con todo. Se dificulta
encontrar silencio interior, la mente no quiere ceder, teme lo que desconoce.
El corazón aporta infinita paciencia, “el tiempo no existe”, dice. La mente no
entiende. En cuanto se expande un poco, quiere definir y organizar, y enseguida
vuelve a contraerse. "Todas las respuestas están en tu corazón", dicen. "Solos no
vamos a ningún lado", dicen. "El nuevo paradigma es el de la cooperación", se
escucha. ¿Para qué cooperar si el universo todo está en mi corazón? ¿Buscar
cooperación no es acaso aceptar que solos no podemos? ¿Y ofrecer ayuda no es
acaso considerar que el otro la “necesita”? ¿Y si para llegar al corazón hacen
falta herramientas propias y ajenas? ¡Pero no existe “lo ajeno”, es una
ilusión! Busco lo que me resuena. Y lo que no me resuena, lo descarto. Pero, ¿no
es lo descartado también reflejo de mí misma? Si elijo, separo; si separo, me
alejo de la unidad, que es lo que busco… Oigo ecos de voces que me dicen que es
muy simple, parecen seres que se han transformado ya; llaman, tientan, pero no
veo que haya un puente para cruzar. Dicen que salte al precipicio, que me
crecerán alas o que me recibirá una nube. Las metáforas no me sirven. ¿Qué es
“saltar”? ¿O será “soltar”? Como sea, no sé de qué hablan. Todavía no reconozco
ese idioma (qué va, ¡ni siquiera reconozco las letras!). Quiero rendirme, me quiero
bajar, pero después del suspiro siempre hay algo más que me impulsa a seguir. A
seguir buscando, ¿cuánto más puede faltar? ¿Alcanza con observar la
transformación o hay algo que debo contribuir para completarla? ¿Y si
contribuir es simplemente observar sin juzgar? ¿Y si contribuir es simplemente
dejar que sea sin interferir? Los mismos que le pusieron fecha a la
transformación se están desdiciendo. "No va a pasar nada", dicen. ¿Serán los
últimos vestigios del miedo al desencanto? Las estaciones y los ciclos no son
de un segundo al otro, es cierto; pero la transformación de la mariposa sí, el
nacimiento de un bebé, también, cuando un fruto está maduro, cae en un instante.
¿Cuál es la metáfora más acertada? ¿O dependerá de lo que estemos eligiendo
todos colectivamente? No sé vos, pero yo elijo la magia del instante, no me
importa que me tildes de infantil. ¿No se trataba de volver a ser como niños?
¿No son los niños nuestros grandes maestros? Si soy el ser infinito que busco cocrear,
¿por qué elegir lo más difícil y largo? ¿Para qué encarnar en este tiempo si en
realidad la magia se verá en cien años? Respiro. Miro alrededor. En este
instante está todo tranquilamente desordenado. La mente no se calla. No habrás
creído que te hablaba mi corazón, ¿verdad? No, mi corazón late, espera su
turno, pero como no habla con palabras sino con vibración, todavía no lo entiendo. ¿O le estará pasando data a
la mente para que su vibración se cuele entre las palabras? Todo es posible. Pero
hay algo en el aire, hay cierta excitación innegable, algo está pasando. Si soy infinita, ¿por qué preocuparme por
morir de hambre o inanición? Pero elegí ser humana, elegí un cuerpo
sorprendente y hermoso, debería ocuparme de cuidarlo y honrarlo. Más que eso,
¡debería ocuparme de disfrutarlo! ¡Quiero que todos mis sentidos disfruten de
los paraísos que hay en esta bella Gaia! ¿Cómo atraigo la abundancia que lo
permita? Yo entendía que había que tener
para hacer y luego ser; pero luego recordé que había que ser para hacer y después tener. Bueno,
SOY, y ahora ¿qué hago? Uso las
herramientas que descubrieron otros. De a ratos me sirven, pero apenas me
alejan de la largada. Es que siento que
hay una herramienta esperando a que yo la descubra (¿será por eso que las demás
les sirven a otros y a mí no?). Si lo siento, será que es así. Pero ¿cómo la
descubro? Escuchando a mi corazón. ¿Cómo entender su idioma? Escuchando con
paciencia. "Que busque señales", dicen. Las señales me indican detenerme, pese a
todo. Detenerme y respirar. Detenerme y no pensar. Detenerme y escuchar.
Detenerme y sentir. Detenerme y aceptar. Detenerme.
Artículo originalmente publicado en el número de noviembre de 2012 de la revista digital "Serendipity in the Way", http://serendipityintheway.com/