Esta tarde, cuando fui a buscar a mi hija a la escuela,
quedé cautivada por una mamá amamantando a su bebé. La imagen me retrajo a la
dicha que sentí durante los quince meses que le di la teta a mi pimpolla. El
momento se disipó raudo con el sonido y el ajetreo del entusiasmo de los chicos
que salían de la escuela.
Sin embargo, pasaron unas horas desde entonces y me pregunto
por qué hoy particularmente, esa imagen me causó tanto impacto. No hace falta que reflexione
demasiado. Tomo un par de respiraciones profundas, y el júbilo de esos
quince meses hace casi siete años está fresco y vivo en todo mi ser una vez más.
Recuerdo a mi dulce beba *recibiéndome* completa e incondicionalmente: en los
días buenos y en los no tan buenos; tanto cuando me sentía hermosa y como cuando
temía ver mi reflejo en un vaso de agua; cuando olía deliciosamente recién
salida de la ducha, al igual que cuando mi ropa estaba toda manchada de vómito.
Cuando la alimentaba, la nutría, la abrazaba, la adoraba, era recibida por ella
como si yo fuera el ser más mágico y magnífico sobre la Tierra, como si yo
fuera la encarnación misma del amor.
¿Como si? ¿Acaso no sé ya que eso es EXACTAMENTE lo que soy?
¿Que estoy en el camino de ser plenamente consciente de esa VERDAD? Hace siete
años no era lo consciente que soy ahora. Sin embargo, como el tiempo no existe
en realidad, puedo manifestar una situación como la de hace un rato para traer
el pasado al presente y experimentarlo como nuevo otra vez, aceptando todos los
regalos que no fui capaz de ver entonces.
Ahora me doy cuenta de que mientras creía que el amor
incondicional sobre la Tierra solo era posible de una madre para con sus hijos,
no era consciente de que he sido total e incondicionalmente amada por mi hija
probablemente desde el segundo de su concepción, en ese momento mágico y
milagroso en el que empecé a compartir mi sangre y el aire que respiraba con
ella. Mi autoestima era tan débil en ese entonces que no podía *ver* que estaba
siendo totalmente recibida y amada por ella con el mismo amor incondicional que
yo sentía por ella, o incluso más puro aún.