martes, 30 de abril de 2013

La bendición de ser recibida plenamente… por mí


Esta tarde, cuando fui a buscar a mi hija a la escuela, quedé cautivada por una mamá amamantando a su bebé. La imagen me retrajo a la dicha que sentí durante los quince meses que le di la teta a mi pimpolla. El momento se disipó raudo con el sonido y el ajetreo del entusiasmo de los chicos que salían de la escuela.

Sin embargo, pasaron unas horas desde entonces y me pregunto por qué hoy particularmente, esa imagen me causó tanto impacto. No hace falta que reflexione demasiado. Tomo un par de respiraciones profundas, y el júbilo de esos quince meses hace casi siete años está fresco y vivo en todo mi ser una vez más. Recuerdo a mi dulce beba *recibiéndome* completa e incondicionalmente: en los días buenos y en los no tan buenos; tanto cuando me sentía hermosa y como cuando temía ver mi reflejo en un vaso de agua; cuando olía deliciosamente recién salida de la ducha, al igual que cuando mi ropa estaba toda manchada de vómito. Cuando la alimentaba, la nutría, la abrazaba, la adoraba, era recibida por ella como si yo fuera el ser más mágico y magnífico sobre la Tierra, como si yo fuera la encarnación misma del amor.

¿Como si? ¿Acaso no sé ya que eso es EXACTAMENTE lo que soy? ¿Que estoy en el camino de ser plenamente consciente de esa VERDAD? Hace siete años no era lo consciente que soy ahora. Sin embargo, como el tiempo no existe en realidad, puedo manifestar una situación como la de hace un rato para traer el pasado al presente y experimentarlo como nuevo otra vez, aceptando todos los regalos que no fui capaz de ver entonces.

Ahora me doy cuenta de que mientras creía que el amor incondicional sobre la Tierra solo era posible de una madre para con sus hijos, no era consciente de que he sido total e incondicionalmente amada por mi hija probablemente desde el segundo de su concepción, en ese momento mágico y milagroso en el que empecé a compartir mi sangre y el aire que respiraba con ella. Mi autoestima era tan débil en ese entonces que no podía *ver* que estaba siendo totalmente recibida y amada por ella con el mismo amor incondicional que yo sentía por ella, o incluso más puro aún.

Entonces ¿cómo es que ahora, siete años más tarde, esta es la primera vez que puedo verlo? ¿Es posible que todos el trabajo interno que estuve haciendo en forma consciente esté dando frutos? ¿Es posible que finalmente esté a punto de recibirme a mí misma con el mismo amor incondicional que tuve la bendición de recibir de mi pequeña? ¿Puedo amarme hoy sin condiciones? ¿Puedo sonreír con amor a mi reflejo en el espejo en los días buenos y en los no tan buenos? ¿Puedo finalmente aceptarme y amarme plenamente cuando me siento linda como cuando no? ¿Puedo simplemente sentirme dichosa de ser *yo* sin importar cómo luzca, cómo huela o cuántas arrugas o canas me hayan salido? Sé que puedo, al igual que sé que algunos días quizá olvide cómo hacerlo. La diferencia ahora es que tengo el momento perfecto para traer al presente y así nunca más poder fingir que no es verdad, para que siempre recuerde cuánto me ha bendecido la vida con el ejemplo perfecto del más puro AMOR.

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