If you get caught between the Moon and New York
City,
the best that you can do is fall in love…
Christopher Cross
Recientemente advertí un conflicto
interno que me ha tenido un tanto estancada, y como de costumbre, cuando algo
irrumpe en la consciencia, es el momento perfecto para profundizar. Y lo hago.
Por un lado, mi corazón ha
sentido total resonancia con el concepto de aceptar todo: toda energía, todo
pensamiento, todas mis facetas, todas las facetas de “los demás”, toda emoción,
todo sentimiento; en resumen, *todo*. Y eso es lo que he venido haciendo. Por
ejemplo, la primera vez que permití al enojo ser y correr libre por mi cuerpo,
simplemente aceptándolo sin reaccionar ni resistirlo, sentí su corriente
acelerada y su potencia, e incluso lo celebré. Cada vez que el reflejo en el
espejo desencadena pensamientos de desvaloración, simplemente me quedo ahí,
reconociendo el triunfo de poder hacerles lugar y aceptar la parte de mí que compró
la ilusión de esta realidad como la verdad, sin juzgarme –ni a mí ni a nadie
más—por eso. En la práctica, esta herramienta me ha resultado muy útil.
Por otra parte, también he
recibido reiterados impulsos y mensajes para “soltar”. Debido a que me
he dado cuenta de las maneras en las que “me aferro”, las cuales mi cuerpo
refleja a la perfección, sé que soltar es ciertamente otra parte del proceso de
ascensión que requiere valentía. Sin embargo, esta parte me ha
resultado la más difícil porque hay cosas que no logro soltar, y a la vez
porque, en algún punto, soltar es un término tan abstracto para mí que necesito
una analogía que me ayude.
Si examino estos dos procesos
juntos, empiezo a ver por qué soltar me ha resultado difícil hasta ahora: si
estoy trabajando en la aceptación de todo, ¿soltar no sería lo contrario a
aceptar y abrazar? En algún rincón interno, la respuesta parecía ser un “sí”
definitivo. Entonces, si ambos procesos me resuenan y siento que transitarlos
es imperativo para ascender a dimensiones más allá de la 3D, ¿qué otra lectura
o interpretación de la aparente paradoja puedo hacer? ¿Qué otra posibilidad
hay? ¿Qué es lo que no estoy viendo?
Elijo empezar con la parte de “soltar”
simplemente porque mis runas y todos los indicios parecen apuntar en esa
dirección. ¿Y si lo que necesito soltar no es algo malo, equivocado, maléfico
ni nada que se le parezca? ¿Y si soltar no nace de ningún tipo de juicio de
valor? ¿Y si soltar nace de la *gratitud*? Ya me gusta por dónde va esto… ¿Y si
las cosas que estoy lista para soltar son como objetos que he superado con la
edad? Si pienso en pañales, bebés y niños, un pañal es algo de muchísima
utilidad para los bebés hasta cierto punto. Después de que un pequeño aprende a
ir al baño, seguir usando pañales deja de ser útil y pasaría a ser una molestia
y a interferir con sus movimientos. Pero sería ridículo juzgar a los pañales,
¿verdad? El niño (y la mamá!) puede simplemente estar agradecido de que
existieron mientras los necesitó, y luego dejarlos. ¡Ah! ¡Me encanta esta
analogía! Y también sirve para no juzgar a otros que todavía usan pañales. Si
una amiga aún se aferra a algo que yo ya he soltado, no es asunto mío juzgarla
ni aconsejarla; sé que lo dejará cuando esté lista. De la misma manera, si mi
amiga ha soltado algo a lo que yo todavía me aferro, no hace falta juzgarme
tampoco.
Entiendo que a esta altura, no
solo tengo arrumbados pañales en el armario sino también chupetes, sonajeros, ositos de
peluche, baberos y quién sabe cuántas cosas más, y es hora de hacer lugar para
lo nuevo. Esta vez puedo mirar todos los objetos energéticos que ya no me
sirven, agradecerles lo útiles que me fueron, amarlos por lo que son, y
dejarlos ir, confiando en que todas esas energías encontrarán libremente su
camino.
Así es que hoy, inspirada en una
canción ochentosa de mi tierna juventud, si alguna vez quedo atrapada entre
aceptar una energía y dejarla ir, lo mejor que puedo hacer es amarla y
despedirla con un beso.
