Acabo de hacer algo que no sabía que
habitaba en mí, y quizá sea un punto de inflexión en mi vida.
Todas las mañanas luego de dejar a
mi hija en la escuela, camino los 40 minutos de regreso, me detengo en la bella
plaza a dos cuadras de mi casa y me siento a meditar unos minutos. Suele haber
cuidadores limpiándola y haciendo un poco de ruido, asegurándose de que mi
oasis urbano luzca y se sienta hermoso. Hoy, en cuanto terminé mi meditación al sonido de la canción "Todos los colores del arco iris" cantada por Snatam Kaur y un coro de niños y me saqué los auriculares, advertí que había tres hombres
pintando los marcos de las hamacas, los subibajas y los trapecios del área de
juegos. Lo primero que noté fue la sincronía de los colores de la canción con
los colores brillantes de la pintura que deleitaban mi vista. Luego advertí el
frío que hacía y con cuánto cariño estos hombres aparentemente rudos estaban
trabajando para los chicos del barrio. Inmediatamente pensé: "Qué bueno
sería convidarles algo calentito de tomar".
Para mi sorpresa, los pensamientos
continuaron: "Podría ir a casa, preparar un mate, traerlo y ofrecérselos
en agradecimiento". Eso es algo que la Carolina que yo conocía jamás
hubiera considerado hacer, pero hoy...
A medida que me acercaba a casa
jugando con la idea y deliberando si me atrevería a salirme de mi zona de
comodidad y hacer lo que mi alma me estaba inspirando, todos mis miedos
conocidos llegaron a saludarme, solo para encontrar a mi alma dispuesta a
conversar con ellos:
Miedos: Qué simpática idea, pero
el "amor" que viste en ellos fue solo tu reflejo. Seguro que van a
pensar que estás loca.
Alma: Probablemente, pero si pude
ver mi amor reflejado en ellos, eso continuará sucediendo cuando les ofrezca
gratitud con mi mate.
Miedos: ¿Por qué no hacés algo más seguro y
simplemente les enviás la vibración de gratitud? Sabés que eso también va a
funcionar.
Alma: Sí, pero siento que esta
vez la gratitud material sería mucho efectiva, para ellos y para mí.
A esta altura, ya estaba en la
cocina calentando el agua y llenando el mate con yerba.
Miedos: Van a creer que los
querés envenenar.
Alma: Me ofreceré a tomar el
primer mate.
Miedos: ¿En serio vas a tomar de
la misma bombilla que ellos? ¿Y si tienen alguna enfermedad extraña? ¿No te da
miedo que te contagien algo?
Alma: En realidad, no.
Ahora ya estaba en el ascensor, con
el termo y el mate en el bolso y una enorme sonrisa en el rostro. "¡Lo voy
a hacer de verdad!"
Miedos: Seguro que ya se habrán
ido, y si todavía están, seguramente van a decir que no.
Alma: No me importa. No estoy
haciéndolo por ellos. Estoy haciéndolo por mí. Mi intención es ir y
agradecerles. Pueden aceptarlo o rechazarlo. No estoy apegada al resultado.
Miedos: ¿En serio? ¡Ya estás en
la plaza! ¡Realmente vas a hacerlo!
Alma: Sip.
Yo: Hola. Pasé por acá hace un rato
y los vi pintando los juegos. Me conmovió que lo estuvieran haciendo con tanta
dedicación en una mañana tan fría. Así que fui a casa y preparé mate para
convidarles en agradecimiento.
Hombres: (Muy sorprendidos)
¡Gracias! Pero ya estamos terminado y tenemos que ir a pintar otra plaza.
Igualmente muchas gracias.
Yo: Bueno, de todas maneras, gracias
por el trabajo que están haciendo para todo el barrio. ¡Que tengan un hermoso
día!
Y aquí estoy, escribiendo mi
experiencia mientras me tomo el mate que preparé con tanto amor y gratitud.
Quizá no estaban preparados para un gesto de gratitud tan inesperado. Quizá la
que no estaba lista era yo. Hay algunos pensamientos críticos en mi cabeza
ahora diciendo: "Te faltó determinación. Debiste haber insistido". Los
dejo ser y respondo: "Quizá". Pero en este momento nada puede
quitarme este sentimiento fantástico de haber conocido una parte de mí que no
sabía que existía, una que es atrevida, generosa y... ¡feliz!
Quizá este fue el
primer atisbo de mi Verdadero Ser, de mi Identidad Álmica, la Verdadera Esencia
que estuve intentando descubrir con tanto ahínco durante tanto tiempo, y solo
quizá, lo único que necesitaba era que yo me atreviera a gritar bien fuerte:
"¡Piedra libre!"