martes, 18 de junio de 2013

¡Piedra libre!

Acabo de hacer algo que no sabía que habitaba en mí, y quizá sea un punto de inflexión en mi vida.

Todas las mañanas luego de dejar a mi hija en la escuela, camino los 40 minutos de regreso, me detengo en la bella plaza a dos cuadras de mi casa y me siento a meditar unos minutos. Suele haber cuidadores limpiándola y haciendo un poco de ruido, asegurándose de que mi oasis urbano luzca y se sienta hermoso. Hoy, en cuanto terminé mi meditación al sonido de la canción "Todos los colores del arco iris" cantada por Snatam Kaur y un coro de niños y me saqué los auriculares, advertí que había tres hombres pintando los marcos de las hamacas, los subibajas y los trapecios del área de juegos. Lo primero que noté fue la sincronía de los colores de la canción con los colores brillantes de la pintura que deleitaban mi vista. Luego advertí el frío que hacía y con cuánto cariño estos hombres aparentemente rudos estaban trabajando para los chicos del barrio. Inmediatamente pensé: "Qué bueno sería convidarles algo calentito de tomar".

Para mi sorpresa, los pensamientos continuaron: "Podría ir a casa, preparar un mate, traerlo y ofrecérselos en agradecimiento". Eso es algo que la Carolina que yo conocía jamás hubiera considerado hacer, pero hoy...

A medida que me acercaba a casa jugando con la idea y deliberando si me atrevería a salirme de mi zona de comodidad y hacer lo que mi alma me estaba inspirando, todos mis miedos conocidos llegaron a saludarme, solo para encontrar a mi alma dispuesta a conversar con ellos:

Miedos: Qué simpática idea, pero el "amor" que viste en ellos fue solo tu reflejo. Seguro que van a pensar que estás loca.
Alma: Probablemente, pero si pude ver mi amor reflejado en ellos, eso continuará sucediendo cuando les ofrezca gratitud con mi mate.
Miedos:  ¿Por qué no hacés algo más seguro y simplemente les enviás la vibración de gratitud? Sabés que eso también va a funcionar.
Alma: Sí, pero siento que esta vez la gratitud material sería mucho efectiva, para ellos y para mí.

A esta altura, ya estaba en la cocina calentando el agua y llenando el mate con yerba.

Miedos: Van a creer que los querés envenenar.
Alma: Me ofreceré a tomar el primer mate.
Miedos: ¿En serio vas a tomar de la misma bombilla que ellos? ¿Y si tienen alguna enfermedad extraña? ¿No te da miedo que te contagien algo?
Alma: En realidad, no.

Ahora ya estaba en el ascensor, con el termo y el mate en el bolso y una enorme sonrisa en el rostro. "¡Lo voy a hacer de verdad!"

Miedos: Seguro que ya se habrán ido, y si todavía están, seguramente van a decir que no.
Alma: No me importa. No estoy haciéndolo por ellos. Estoy haciéndolo por mí. Mi intención es ir y agradecerles. Pueden aceptarlo o rechazarlo. No estoy apegada al resultado.
Miedos: ¿En serio? ¡Ya estás en la plaza! ¡Realmente vas a hacerlo!
Alma: Sip.

Yo: Hola. Pasé por acá hace un rato y los vi pintando los juegos. Me conmovió que lo estuvieran haciendo con tanta dedicación en una mañana tan fría. Así que fui a casa y preparé mate para convidarles en agradecimiento.
Hombres: (Muy sorprendidos) ¡Gracias! Pero ya estamos terminado y tenemos que ir a pintar otra plaza. Igualmente muchas gracias.
Yo: Bueno, de todas maneras, gracias por el trabajo que están haciendo para todo el barrio. ¡Que tengan un hermoso día!


Y aquí estoy, escribiendo mi experiencia mientras me tomo el mate que preparé con tanto amor y gratitud. Quizá no estaban preparados para un gesto de gratitud tan inesperado. Quizá la que no estaba lista era yo. Hay algunos pensamientos críticos en mi cabeza ahora diciendo: "Te faltó determinación. Debiste haber insistido". Los dejo ser y respondo: "Quizá". Pero en este momento nada puede quitarme este sentimiento fantástico de haber conocido una parte de mí que no sabía que existía, una que es atrevida, generosa y... ¡feliz! 

Quizá este fue el primer atisbo de mi Verdadero Ser, de mi Identidad Álmica, la Verdadera Esencia que estuve intentando descubrir con tanto ahínco durante tanto tiempo, y solo quizá, lo único que necesitaba era que yo me atreviera a gritar bien fuerte: "¡Piedra libre!"

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