Ayer volví a tocar fondo. Lo curioso es que cada fondo es más profundo y más oscuro que el anterior. Es que parece que todo mi trabajo de luz es invisible, inútil, inservible para este mundo. La sensación de separación que me inunda es la más sobrecogedora hasta el momento...
Con todo el trabajo que estuve haciendo conmigo misma he logrado sanar relaciones y heridas muy antiguas, llegué a verlas "con luz", a comprenderlas desde el corazón, a perdonar y perdonarme. He logrado hacer amigas nuevas, de esas con las que podés compartir "la vida" sin caretas. He logrado momentos de mucha lucidez. He logrado descubrir mi talento para compartir con el mundo. He logrado ver de qué manera quiero trabajar a partir de ahora. He sanado situaciones de mucho dolor y angustia a partir de dejar aflorar las emociones y darles luz. Me comprometí a compartir cada paso desde mi más profunda vulnerabilidad para llegar a otros corazones como el mío. Agradezco todo lo que tengo, aunque lo sienta prestado, agradezco por mi hija aunque no me pertenezca. Agradezco "no tener" para evitar la tentación de buscar las respuestas afuera, para evitar distraerme. Agradezco cada paso y cada giro inesperado, agradezco las palabras de aliento y bendigo a quien está tan herido que su única fuente de placer es agredirme. Reconozco mis dolores y mis miedos y los enfrento, les doy mi atención hasta que desaparecen. Busco señales que me confirmen que voy por el camino de la luz porque desde este lugar del túnel no se ve, porque todavía hay mucha niebla y no veo el horizonte. A veces las señales llegan a través de esos pajaritos que pocos oyen, de una flor inesperada, o las trae el gato de la vecina que me mira fijo, la foto subyugante que me llega por mail o la frase acertada y tranquilizadora que una amiga publica en Facebook.
Sin embargo, he llegado a un punto en que todas las "verdades" que he encontrado se contradicen. Siguen siendo dos caras de una misma moneda. No hay nada definitivo. Sigue la dualidad. No logro trascenderla. Y cuando ya había creído que había "probado todo", hubo nuevas cosas que probar y demostrar que no funcionan para mí. Me resuena la canción de mi infancia "Santa Teresa es muy buena pero a mí no me ha hecho nada..." Y así me encontró anoche, MUY enojada porque si bien recorrí un largo camino no tengo idea de cuánto me falta. No sé qué porcentaje del trayecto ya tengo "ganado" ni tampoco si estoy por rendirme a un metro de la línea de llegada. ¡Y tengo tantas ganas de rendirme! ¡No te imaginás cuánto quiero tirar la toalla! Simplemente dejarme morir y pasar a la vida siguiente. Siento que cuando planifiqué esta vida puse el estándar demasiado alto, desafíos muy duros para sortear sola, o tal vez fueron demasiados. Me di demasiado crédito y me equivoqué. Quizá la salida sea abandonar la partida y dar de nuevo.
Pero no puedo. El amor que siento por mi hija es mucho más fuerte que mi desazón. Al menos tengo que llegar hasta que ella tenga las herramientas necesarias para valerse por sí misma. Y al mismo tiempo siento que con todo mi amor se cuelan mis carencias, que le quito más de lo que le doy... ¿De dónde saco la fuerza para aguantar quince años más? ¿Y cómo hago para darle la entereza que yo no tengo? Te juro por mi alma que no lo sé...
Pero entre las tinieblas algo sí cambió. En absolutamente TODAS las veces anteriores en las que toqué fondo me maltraté con palabras, me agredí y me insulté más allá de lo imaginable. Las cosas que me atreví a decirme no se comparan con lo que cualquier otro pueda haberme dicho jamás (¡y me han dicho cosas muy hirientes!). Pero así y todo, esta mañana, tras haber llorado en silencio en la ducha, no me agredí. Esta vez no menosprecié todos mis logros y mi compromiso calificándolos de burlas del destino. Resulta que en este punto, aunque nadie "me vea", aunque nadie lo valore, aunque no valga nada en el mercado, YO lo veo. Yo sé que estoy al ciento por ciento, en cada momento. Yo sé que estoy traspasando mis propios límites con cada aliento. Yo sé que estoy dando todo de mí como alma encarnada y como madre en esta Tierra. Sé que aunque me equivoque, cuido mi cuerpo; aunque el mercado no la entienda, mi propuesta laboral representa la entrega del trabajo de toda mi vida y de mí al 100%; aunque no siempre lo logre, estoy atenta para evitar juzgar al prójimo; aunque no siempre me salga bien, me ocupo de ser el cambio que quiero ser en el mundo. Y así, hoy en lugar de agredirme, me abracé. Y mi abrazo fue más fuerte y sentido que el que jamás haya recibido de otra persona. Y me dije "te amo". Y en mi abrazo busqué a esa madre interior que hace un tiempo descubrí, y esto es lo que me dijo:
"Chiquita, sé que estás sufriendo. Sé cuánto duele. Quisiera poder decirte que sé cómo sigue el camino, pero no lo sé. Quisiera evitarte este dolor y hacerlo desaparecer, pero no está en mis manos. Sin embargo, veo toda tu entrega y tu compromiso, veo toda tu valentía y todo tu coraje y estoy orgullosa de vos. Te amo. Te abrazo, te contengo y deposito en vos todo mi amor. Yo te veo".
Hasta la próxima...
No hay comentarios:
Publicar un comentario