Desde que tengo conciencia de mis procesos de aprendizaje, lo difícil siempre ha sido unificar la suma de las partes. Por ejemplo, cuando me dispuse a estudiar numerología, comprender y recordar cada arquetipo individual me resultó muy sencillo, pero cuando quedaba armado el mapa numérico de una persona y los números comenzaban a complementarse, intensificarse e interactuar entre sí, ahí perdía toda la claridad y se desvanecía mi entusiasmo por ahondar más en el tema. Lo mismo me pasó con otras disciplinas: cuando llegaba el momento de unificar, perdía confianza en mi capacidad de entender el entramado completo y abandonaba su estudio. Y así fui pasando por muchas "materias", sumando nociones básicas de cada una, pero sin lograr una comprensión acabada de ninguna.
Sin embargo, hace unos años, de una manera bastante curiosa, me propuse estudiar la simbología rúnica. Pero esta vez, en lugar de estudiar por mi cuenta a partir de libros, tomé un curso presencial de varios meses. Lo críptico de los símbolos me atraía mucho, comprender su significado a simple vista representaba para mí un desafío que estaba dispuesta a aceptar porque intuía la confianza que me daría poder "ver" sus mensajes aparentemente ocultos. El primer nivel fue agotador. Resulta que cuando uno va pasando por todo lo que significa cada ideograma, repasa necesariamente toda su vida y va imaginando qué runa representa mejor cada momento. Pero ya, enseguida, en el segundo nivel, empezamos a estudiar, analizar y practicar "tiradas" que incluían varias runas. Te confieso que pensé que abandonaba ahí mismo. Me sentía totalmente incapaz de lograrlo, temía abrir la boca para decir lo que yo entendía a partir de las runas que tenía delante y ahogaba la voz de mi intuición. La profesora me alentaba y decía que iba bien, pero yo no lo creía. Así que tal como suele suceder, el Universo parecía conspirar a mi favor para confirmar mi inaptitud para el tema cuando llegado el momento del tercer nivel no tenía el dinero para pagarlo. Así que, en parte aliviada, llamé a la profesora para explicarle por qué no seguiría. Sin embargo, cuando algo está alineado con el camino personal, el Universo se las ingenia para que lo sigamos, a pesar de nosotros mismos. Pues que la profesora estaba tan convencida de que ese era mi camino, que me regaló el tercer nivel, sin más. Me dijo: "Vos venís igual y no lo pagás, pero no podés abandonar ahora, vos no". Es difícil negarse ante alguien que te tiene más confianza que vos misma. Así que seguí, con la responsabilidad agregada del "VOS no podés abandonar". Y el entramado se siguió complicando más y más hasta llegar al quinto nivel (parece que tenía que seguir no más, ya que los siguientes meses mis ingresos me permitieron pagar el resto del curso). En ese entonces, de las diez personas que habíamos empezado, quedábamos solo dos, y el mapa que nos tocaba estudiar, de sencillo no tenía nada, más bien todo lo contrario. Pero ahí estaba yo, leyéndolo, interpretándolo, y sintiéndome bastante segura.
A partir de ese momento, las runas han sido fieles compañeras, tanto que hasta me permiten enojarme con ellas sin abandonarme. Cuando ha sido imperioso obtener una respuesta segura sobre situaciones ajenas a mí, han sido impecablemente claras y rotundas. Cuando necesito una orientación porque las señales se contradicen, también me aclaran el panorama, o me dicen que debo ser paciente y esperar a que la situación aclare sola. Además, su significado es tan claro para mí, que me llegan mensajes a través de ellas en mis meditaciones, y podés verlas combinadas en el mandala que encabeza mi blog y mi página web. Y ahora, con todo el camino recorrido, sacan a la superficie mis partes más oscuras de manera bastante indolora a fin de que pueda sanarlas y transmutarlas, y otras veces las dibujo y coloreo dentro de un mandala con el objentivo de que me aporten tranquilidad o sanación.
Como verás, el asunto de "adivinatorio" no tiene nada, es simplemente una herramienta de apoyo en el camino de descubrir quién soy, verdaderamente, despojada del traje que me confeccioné en esta vida. Y se trata de unificar partes, de reconciliar luz y oscuridad, y ya a esta altura, de qué significa cada una para "mí", independientemente de lo que diga el libro o los apuntes. Después de todo, lo primero que aprendí fue que las runas no se aprenden sino que se recuerdan...
Esta mañana estaba observando cómo mi mente se retorcía intentando reconciliar todos los mensajes y señales recibidos las últimas semanas, enojada y caprichosa porque todo parece contradecirse, sintiendo la tensión en mi cuerpo de querer VER y tener una neblina densa delante de los ojos (ayer hubo mucha neblina en el ambiente, ¿casualidad?). Cuando la sensación fue insoportable, respiré y volví a respirar, y a continuación recordé el proceso que pasé con las runas: mágicamente, las piezas empezaron a encajar nuevamente...
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