La Duda irrumpe, y hoy, en lugar de permitir que me
confunda, me doy cuenta de que tengo otra alternativa. ¿Y si decidiera darle la bienvenida a la
Duda, recibirla con los brazos abiertos en lugar de dejar que me empantane?
Veamos. Cuando algo resuena como "no", es simplemente "no";
y cuando algo resuena como "sí", es simplemente "sí", sin
cuestionamiento ni juicio. "¿Lo vas a llamar?" "No, voy a
mandarle un mail esta noche". Transparente. Sin rodeos. Sin embargo, la
Duda nos ofrece alternativas, y de cara a la elección, tememos equivocarnos,
¿verdad? ¿Y si no hubiera elecciones acertadas o desacertadas?
¿Qué tal si antes de encarnar, nuestra alma dispuso un
cierto número de puertas para que abramos y crucemos? En ese escenario, el universo
se va a asegurar de que lleguemos al mayor número posible de puertas en esta
vida, y aquellas que no lleguemos a cruzar serán asignadas para la próxima vez.
Digamos que la puerta número uno aparece fácilmente, es la familia en la cual
nacemos. La puerta número dos podría ser la escuela a la que asistimos, también
fácil de encontrar porque no solemos elegir escuela para nosotros. Y luego la
puerta número tres podría ser nuestro primer amor, también imposible evitarla.
Sin embargo, a medida que vamos creciendo, algunas puertas no se ven ni se
encuentran tan fácilmente, ir de una a la otra requiere algún tipo de
aprendizaje en el "camino de ladrillo amarillo". Así que a medida que
caminamos, se nos cruzan personajes con el solo propósito de acercarnos a la
siguiente puerta. Cuando hay una sola forma de llegar, no hay duda ni titubeos,
salvo quizá la decisión de continuar, descansar un rato o rendirnos, pero
aparte de eso, el camino está marcado. Ahora digamos que llegamos a una
intersección, una bifurcación. Inmersos en la dualidad, creemos que solo una
opción nos lleva a la felicidad, mientras que todas las demás nos condenarán.
¿Qué tal si no fuera así, en absoluto? ¿Qué tal si la bifurcación es nuestro
Ser Superior diciéndonos: "Cualquiera de estos caminos te llevarán a la
siguiente puerta, la única diferencia está en el trayecto. Podés tomar el
trayecto doloroso y solitario; podés tomar el que está lleno de enojo y quejas;
podés tomar el trayecto fácil lleno de color y alegría; podés elegir caminarlo solo;
podés llamar a un guía; podés ir con un compañero; podés elegir un maestro...
Hasta incluso podés encontrar la forma de cambiar de trayecto en cualquier
momento que gustes. Podés elegir. Sinceramente no me importa cómo llegues a la
próxima puerta, porque cualquier sendero que escojas te llevará allí"?.
Por lo tanto, a la luz de esta verdad (la llamo
"verdad" porque esta línea resuena ciento por ciento conmigo), ¡la
duda es una oportunidad maravillosa! Y con múltiples opciones a mis pies,
todavía tengo una alternativa más: Puedo jugar y elegir con los ojos vendados o
puedo elegir conscientemente haciendo preguntas hasta descubrir qué resuena más
conmigo. Mis preguntas típicas serían: "¿Por qué me peleo tanto con la
opción X? ¿A qué estoy resistiéndome? ¿Qué opción es la más fácil y alegre?
¿Qué opción será la más expansiva? ¿Qué opción me traerá las reflexiones más
ricas? ¿Cuál es la más divertida? ¿Qué otras preguntas puedo hacer para elegir
el sendero más agradable?"
Y así, con el simple arrojo de recibir con gusto a la Duda y
jugar con ella, ya estoy siendo divertida, juguetona y alegre, permitiendo que
el sendero alineado con esa vibración se ilumine solo. ¿Y si todo lo que
llamamos "realidad" puede ser un juego divertido? ¿Y si pudiéramos
convertir en amigos a todos nuestros demonios? ¿Y si, como la Duda, lo único
que piden cuando se presentan es alguien con quién jugar?
Esta reflexión surgió hace unos días cuando me debatía entre
dos opciones, y como jugar a expandir la consciencia ya es un juego cada vez
más divertido, surgió la alternativa. Luego de celebrarla la puse
inmediatamente en práctica, y ¿sabés una cosa? Funcionó mágicamente. Una de las
dos opciones se presentó como la más luminosa, y supe claramente que la otra no
era “mala” ni “equivocada”, solo alargaría un poco el sendero y lo haría un
poco más pesado y solitario. Y fue entonces que así como llegó, mi amiga la
Duda se fue, contenta de haber jugado después de mucho tiempo, en busca de otra
alma con quien jugar.
¡Hasta la próxima!
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