domingo, 12 de junio de 2016

Enterrada viva: de la tumba al útero

Hace aproximadamente un mes caí en una crisis profundísima. Sentía que me había enterrado viva, literalmente. Mi mundo se había vuelto sofocante y diminuto, me sentía atrapada sin poder respirar, sin embargo, no estaba muerta. Aunque deseaba estarlo…

Una parte mía seguía viva, pulsando débilmente, enojada, frustrada, exhausta. Si cerraba los ojos, incluso con los ojos abiertos, me veía como una mujer muy vieja que parecía una mata de raíces finas; sucia, descomponiéndose, fea, arrugada, avergonzada, seca, arruinada, en una completa soledad llena de llantos desgarradores y gritos acusadores. Aparentemente me había enterrado viva en mis propios miedos, terrores, dolores y tristezas. Una vista nada agradable, por cierto. Sin embargo, no podía dejar de mirarla.

Pero si yo estaba enterrada viva, ¿de quién eran los ojos que me miraban?
Eran los ojos de esa Presencia amorosa, luminosa y silenciosa que siempre había sido mi consuelo; una presencia que siempre había sido bienvenida en mi corazón y del corazón hacia arriba, pero nunca por debajo del corazón. Parecía como que la parte humana separada de mí quería volverse digna de dicha Presencia ordenando, armonizando, sanando, arreglando, madurando antes de poder abrirse y presentarse ante Ella con el regalo de una ilusoria obra maestra humana.

Pero mi separado lado humano había sido vencido. Había fallado completamente. En crisis anteriores, siempre había habido algo más que probar, algo más que hacer, un último recurso; pero ahora no quedaba nada por probar, solo la clara certeza de que cualquier nuevo intento que hiciera también fracasaría inevitablemente, brutalmente.

Así que, con lo que parecía ser el último aliento de un grito de angustia silenciado, mi aspecto humano separado, cruda y desnuda ante la Presencia Angelical que parecía haber descendido a través de las grietas en la tierra que estaba usando como la tapa de mi tumba, pronunció sus últimas palabras: “Hasta aquí llegué. Lo arruiné. Esto es todo lo que tengo. Fracasé. No lo logré. Esta experiencia encarnada fue más de lo que podía manejar. En mi defensa, diré que en todo momento hice lo mejor que supe. Intenté y probé todo lo que pude. No hubo nada mejor que supiera que podía hacer. Hice todo lo que se me ocurrió, todo lo que intuí, todo lo que se me modeló como lo “correcto”, todo lo que se me presentó como inevitable, y muchísimo más todavía. Este es mi punto final. Esto es en lo que me he convertido, y desde mi muy debilitado punto de vista merezco un abrazo reconfortante, merezco completa misericordia, merezco el perdón total. Así que me envuelvo en el amor que quede en mi frágil pulso, en lo que parece ser mi último aliento, y tranquilamente me entrego cual regalo a Ti”.

Creí que sería instantáneo. Esperaba que ese fuese el final, y también deseaba un desenlace con efectos especiales. En lugar de eso…

En lugar de eso, una vez que dejé de hablar, esta Presencia Angelical familiar tomó la vara de la palabra y respondió: “Permíteme expandir un poco esta tumba, lo suficiente como para darte algo de espacio, y permíteme activar algunos conductos de aire y de luz para que puedas respirar con mayor facilidad. Respiremos juntas, respira conmigo lo más profundamente que puedas, al ritmo que te sea cómodo. Simplemente respira y siente esta vertiente de AmorLuz líquido, permite que se sume a la dulce gota de amor sincero con el que acabas de envolverte. Permítete romperte y abrirte hasta ser una con esta tierra con la que te has cubierto. Siente la expansión al fundirte con ella, siente todos los nutrientes, todo el sostén, toda la vida en la que te conviertes instantáneamente al hacerte una con la tierra. Confía en que es tu semilla la que se abre, la que parece desintegrarse; lo que queda de ti sabe que hay una esencia individuada que no se disolverá. De hecho, tú eres esa esencia individuada, preciosa y hermosa”.

Durante algunos días, lo único que hicimos fue SER juntas en esta tumba que se alquemizó en un útero. El útero se expandió, lo suficiente como para ser cómodo, con rayos de AmorLuz líquida fluyendo desde arriba, y con el sostén cálido, suave y contenedor que emanaba del centro cristalino de la Tierra. Solo me alentaban a respirar profundamente y permitirme recibir el AmorLuz plenamente, sintiendo lo que hubiera que sentir, especialmente en mi propio útero y piernas. Hubo muchos temblores y respiraciones atravesando los temblores. Nada más que hacer. Ningún otro lugar adonde ir. Cuando surgían pensamientos y preocupaciones, eran invitados a flotar libremente dentro de esta matriz. Rápidamente sentí que las raíces humanas se reincorporaban y se acomodaban en una especie de silla mecedora; la Presencia Angelical se presentaba como la suave luz dorada que no solo llenaba el útero sino que además formaba el útero.

Los temblores dejan de asustarme. Los demonios se vuelven mis amigos. El Útero Iluminado da lugar a pensamientos más claros. Hay muchos aspectos míos oscuros y debilitados que estoy permitiendo ser aquí, apuesto a que también debe de haber otros aspectos míos confiados, fuertes, sabios y creativos flotando por aquí. ¿Dónde están? Y luego, con la simpleza de “pide y se te dará”, dichos aspectos empiezan a mostrarse, también sedientos del AmorLuz incondicional que los vuelve visibles y les devuelve el derecho a existir.

Desde este Útero Iluminado escribo. Débil y fuerte, bella y horrible, segura y víctima: todos mis aspectos flotan libremente aquí. He empezado a respirar con mayor facilidad. Mi cuerpo se abre para recibir a esta Presencia de AmorLuz, se sacude y se calma al permitirle correr por venas y arterias; el hipersensible útero humano en carne viva se permite ser amado y sanado; a las piernas casi paralizadas aún les cuesta entregarse, pero hacen lo mejor que pueden, y eso es suficiente. Destellos de lo que podría haber afuera me distraen, y rápidamente se suman a flotar con todos los demás pensamientos. ¿Cuánto más estaré aquí? Eso es irrelevante. Mi parte humana se ha entregado a esta Presencia Angelical y juntas, un nuevo Ser se prepara para emerger. Será pronto? Será en esta vida? Eso también es irrelevante. Por ahora “respirar, permitir, sentir” es mi única tarea, y al contrario de lo que mi aspecto humano creyó durante incontables vidas, no tengo que hacerlo sola…

Vitki Carolina – Junio de 2016

La huella personal de nuestra resonancia vibratoria



Empiezo a sentir más y más que nuestro camino de volvernos conscientes de quiénes somos verdaderamente y cómo operamos como consciencia de AmorLuz encarnada en forma humana es tan único y personal como nuestra huella digital. Durante mucho tiempo, los que venimos caminando y explorando el camino espiritual y la anatomía de lo que se ha llamado el proceso de "ascensión" o "despertar" nos hemos encontrado y hemos compartido una vasta cantidad de herramientas y formas de manejarnos esperando encontrar la fórmula perfecta, la más fácil, la más suave, la que "funcione". Sin embargo, para muchos de nosotros -¿para la mayoría? ¿para todos?-- aunque nos hemos acercado a nuestro núcleo y nos hemos conectado con nuestra esencia en varias ocasiones, nada parece haber "funcionado" realmente, y con eso me refiero a que nuestras vidas en el planeta Tierra no se han vuelto más fáciles ni más tolerables en una forma tangible.
Así es que, en vistas de ello y tras otra crisis profunda (y curiosamente, las crisis parecen ser cada vez más profundas y dolorosas a medida que mi capacidad de suavizar, contener y amarme incondicionalmente se ha expandido notablemente, pero me ocuparé de eso en otra publicación), hago lo único que me queda por hacer: ir hacia mi interior más profundamente todavía, recapitular lo que SÍ SÉ, respirar profundamente, y seguir viviendo un AHORA por vez –no porque sea sabio, sino porque no hay alternativa.
Cuando me recupero un poco, elijo aceptar que parece haber fórmulas, prácticas y herramientas que sí les funcionan a algunas personas, pero a ser sincera conmigo misma, no funcionan para mí, y a esta altura, no hace falta que pruebe ninguna otra cosa que se me ofrezca desde afuera para saber que tampoco funcionará. Veo prácticas, programas y herramientas espirituales y de consciencia que se ofrecen y se publicitan con la promesa de ser “la pieza” que estabas buscando, y debo admitir que tocan una parte mía de mucho enojo, que se presenta con esplendorosa fealdad. Así que apago y cierro todo eso, y simplemente respiro profundamente. “La respuesta está adentro”, escucho. Pero entonces, qué es este impulso a compartir? ¿Qué es este impulso a enseñar y guiar? ¿Qué es este impulso a conectar profundamente con otro ser humano? ¿Qué podría tener yo para compartir o enseñar que realmente haga una diferencia?
Pasan algunos días de silencio.
Y luego, una pregunta. ¿Y si estamos intentando decirnos algo análogo a las tecnologías que hemos creado? ¿Y si distintos seres humanos tenemos distintos sistemas operativos? ¿Y si hubiera al menos cientos de sistemas operativos diferentes? ¿Y si algunos de esos sistemas operativos compartieran aplicaciones y realizaran tareas diferentes, pero hubiera un asunto de compatibilidad de base? Ya sabemos que incluso si en una tienda podemos encontrar dos smartphones exactamente iguales, en cuanto alguien compra uno, no vamos a encontrar dos que tengan las mismas aplicaciones descargadas, la misma música, imágenes, estuche y demás: cada dispositivo se vuelve único. Entonces, ¿qué tal si nuestra forma de estar en la Tierra fuera similar?
Si ese fuera el caso, primero tendríamos que reconocer cuál es nuestro sistema operativo, es decir, cuál ES y cómo se SIENTE nuestra huella vibratoria de base. En mi caso, tuve que probar, explorar, aprender y descartar muchas hasta encontrar la huella vibratoria y energética que siento como mi HOGAR, y siento que acabo de encontrarla (y curiosamente, fue la primera que exploré en este proceso de evolución consciente). Y ahora me encuentro en una especie de útero interno plantado en el útero de la Tierra, totalmente conectada con mi naturaleza encarnada, totalmente conectada con la Fuente de AmorLuz de la que siento soy una extensión, lleno de lo que he llegado a reconocer como mi vibración personal –es decir, mi sistema operativo—estando en su presencia, explorándola, reconociendo sus funciones y capacidades, sintiendo cómo me gustaría personalizarla, cómo mi creatividad cobrará vida con mi propio ser. Mientras todo esto sucede, presiento que en algún momento no solo sentiré el impulso de expresarla, sino que la expresión única de mi huella vibratoria saldrá a la luz en forma orgánica e imparable.

Ahora me queda claro que intentar expresar mi huella vibratoria personal antes de que este proceso de exploración y descubrimiento finalice o al menos esté bastante avanzado no tiene mucho sentido. Sin embargo, desde mi laboratorio de exploración, me siento llamada a compartir esta parte de mi proceso porque presiento que no estoy sola, sé que muchos de nosotros estamos inmersos en nuestra propia matriz, viviendo momento a momento la versión desconocida, incierta y aún no manifestada de nosotros mismos. Lo único que nos hace continuar es lo único que es cierto y verdadero, esa esencia de Ser que no puede definirse...


Vitki Carolina – Junio 2016