Hace aproximadamente un mes caí en una crisis profundísima.
Sentía que me había enterrado viva, literalmente. Mi mundo se había vuelto sofocante
y diminuto, me sentía atrapada sin poder respirar, sin embargo, no estaba
muerta. Aunque deseaba estarlo…
Una parte mía seguía viva, pulsando débilmente, enojada,
frustrada, exhausta. Si cerraba los ojos, incluso con los ojos abiertos, me
veía como una mujer muy vieja que parecía una mata de raíces finas; sucia,
descomponiéndose, fea, arrugada, avergonzada, seca, arruinada, en una completa
soledad llena de llantos desgarradores y gritos acusadores. Aparentemente me
había enterrado viva en mis propios miedos, terrores, dolores y tristezas. Una
vista nada agradable, por cierto. Sin embargo, no podía dejar de mirarla.
Pero si yo estaba enterrada viva, ¿de quién eran los ojos que
me miraban?
Eran los ojos de esa Presencia amorosa, luminosa y silenciosa
que siempre había sido mi consuelo; una presencia que siempre había sido
bienvenida en mi corazón y del corazón hacia arriba, pero nunca por debajo del
corazón. Parecía como que la parte humana separada de mí quería volverse digna
de dicha Presencia ordenando, armonizando, sanando, arreglando, madurando antes
de poder abrirse y presentarse ante Ella con el regalo de una ilusoria obra
maestra humana.
Pero mi separado lado humano había sido vencido. Había
fallado completamente. En crisis anteriores, siempre había habido algo más que
probar, algo más que hacer, un último recurso; pero ahora no quedaba nada por
probar, solo la clara certeza de que cualquier nuevo intento que hiciera
también fracasaría inevitablemente, brutalmente.
Así que, con lo que parecía ser el último aliento de un grito
de angustia silenciado, mi aspecto humano separado, cruda y desnuda ante la
Presencia Angelical que parecía haber descendido a través de las grietas en la
tierra que estaba usando como la tapa de mi tumba, pronunció sus últimas
palabras: “Hasta aquí llegué. Lo arruiné. Esto es todo lo que tengo. Fracasé. No
lo logré. Esta experiencia encarnada fue más de lo que podía manejar. En mi
defensa, diré que en todo momento hice lo mejor que supe. Intenté y probé todo
lo que pude. No hubo nada mejor que supiera que podía hacer. Hice todo lo que
se me ocurrió, todo lo que intuí, todo lo que se me modeló como lo “correcto”,
todo lo que se me presentó como inevitable, y muchísimo más todavía. Este es mi
punto final. Esto es en lo que me he convertido, y desde mi muy debilitado
punto de vista merezco un abrazo reconfortante, merezco completa misericordia,
merezco el perdón total. Así que me envuelvo en el amor que quede en mi frágil
pulso, en lo que parece ser mi último aliento, y tranquilamente me entrego cual
regalo a Ti”.
Creí que sería instantáneo. Esperaba que ese fuese el final,
y también deseaba un desenlace con efectos especiales. En lugar de eso…
En lugar de eso, una vez que dejé de hablar, esta Presencia
Angelical familiar tomó la vara de la palabra y respondió: “Permíteme expandir un
poco esta tumba, lo suficiente como para darte algo de espacio, y permíteme
activar algunos conductos de aire y de luz para que puedas respirar con mayor
facilidad. Respiremos juntas, respira conmigo lo más profundamente que puedas,
al ritmo que te sea cómodo. Simplemente respira y siente esta vertiente de AmorLuz
líquido, permite que se sume a la dulce gota de amor sincero con el que acabas
de envolverte. Permítete romperte y abrirte hasta ser una con esta tierra con
la que te has cubierto. Siente la expansión al fundirte con ella, siente todos
los nutrientes, todo el sostén, toda la vida en la que te conviertes
instantáneamente al hacerte una con la tierra. Confía en que es tu semilla la
que se abre, la que parece desintegrarse; lo que queda de ti sabe que hay una
esencia individuada que no se disolverá. De hecho, tú eres esa esencia
individuada, preciosa y hermosa”.
Durante algunos días, lo único que hicimos fue SER juntas en
esta tumba que se alquemizó en un útero. El útero se expandió, lo suficiente
como para ser cómodo, con rayos de AmorLuz líquida fluyendo desde arriba, y con
el sostén cálido, suave y contenedor que emanaba del centro cristalino de la
Tierra. Solo me alentaban a respirar profundamente y permitirme recibir el
AmorLuz plenamente, sintiendo lo que hubiera que sentir, especialmente en mi
propio útero y piernas. Hubo muchos temblores y respiraciones atravesando los
temblores. Nada más que hacer. Ningún otro lugar adonde ir. Cuando surgían
pensamientos y preocupaciones, eran invitados a flotar libremente dentro de
esta matriz. Rápidamente sentí que las raíces humanas se reincorporaban y se
acomodaban en una especie de silla mecedora; la Presencia Angelical se
presentaba como la suave luz dorada que no solo llenaba el útero sino que
además formaba el útero.
Los temblores dejan de asustarme. Los demonios se vuelven mis
amigos. El Útero Iluminado da lugar a pensamientos más claros. Hay muchos aspectos míos oscuros y
debilitados que estoy permitiendo ser aquí, apuesto a que también debe de haber
otros aspectos míos confiados, fuertes, sabios y creativos flotando por aquí.
¿Dónde están? Y luego, con la simpleza de “pide y se te dará”, dichos
aspectos empiezan a mostrarse, también sedientos del AmorLuz incondicional que
los vuelve visibles y les devuelve el derecho a existir.
Desde este Útero Iluminado escribo. Débil y fuerte, bella y
horrible, segura y víctima: todos mis aspectos flotan libremente aquí. He
empezado a respirar con mayor facilidad. Mi cuerpo se abre para recibir a esta
Presencia de AmorLuz, se sacude y se calma al permitirle correr por venas y
arterias; el hipersensible útero humano en carne viva se permite ser amado y
sanado; a las piernas casi paralizadas aún les cuesta entregarse, pero hacen lo
mejor que pueden, y eso es suficiente. Destellos de lo que podría haber afuera
me distraen, y rápidamente se suman a flotar con todos los demás pensamientos.
¿Cuánto más estaré aquí? Eso es irrelevante. Mi parte humana se ha entregado a
esta Presencia Angelical y juntas, un nuevo Ser se prepara para emerger. Será
pronto? Será en esta vida? Eso también es irrelevante. Por ahora “respirar,
permitir, sentir” es mi única tarea, y al contrario de lo que mi aspecto humano
creyó durante incontables vidas, no tengo que hacerlo sola…
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