martes, 15 de mayo de 2012

Prueba sorpresa

Las pruebas de la Vida, a diferencia de las de la facultad, siempre son sin aviso. En este caso, fue tan preciso el momento en el que se presentó, que no puedo dejar de reírme (¿será señal de iluminación?).

Estaba yo en un momento de mucha paz, atenta a todo a mi alrededor, a pocos días de haberme sumado a una plegaria global por los niños que durará 40 días, sintiendo mayor ligereza en el aire a medida que mis meditaciones me llevan a nuevas epifanías, cuando de repente, el diablo asomó la cola. Y así, sin más, tenía la prueba sorpresa delante de la glándula pineal. El enunciado era el siguiente: "He aquí el ser que pretende oscurecer tu luz, disfrazado, a escondidas, creyéndose más listo que vos (ya sumaste varios puntos al descubrirlo al instante). ¿Cómo vas a reaccionar? Desarrollar".

Y desarrollo (¿acaso tenía opción?).

            En primer lugar, si bien no creo en el diablo, soy consciente de que hay seres que elijen la oscuridad con el mismo libre albedrío con el que yo elijo la luz. De corazón les agradezco a esos seres su existencia, ya que en esta realidad dual, son necesarios para que brillar sea una elección y no algo inevitable.
     En segundo lugar, Vida, creo que me merezco algunos puntos más por el hecho de que no tuve emociones reactivas, tan solo un simple: "¿Ajá? ¿Apareciste disfrazado? ¡Qué ingenuo!" (La última frase fue de mi ego, evidencia de mi imperfecta humanidad). Acto seguido, esta prueba me hizo sentir la gloria de la fortaleza y seguridad adquiridas, ya que mi brillo es imposible de opacar con un poco de oscuridad escondida (¡qué ironía que la oscuridad deba disfrazarse de luz para ocultarse!). Este paréntesis me lleva aún más allá: Un ser oscuro disfrazado de luz necesariamente debe iluminarse un poco, lo cual indefectiblemente debilita su negrura. En consecuencia, si  ya mucho antes de la prueba no le temía, mucho menos ahora que quedó reducido a los restos de ceniza de mis inciensos.
       Y para concluir, no en vano esta semana me llegaron mensajes sobre el fortalecimiento de la energía masculina. Es así que el soldadito de paz que protege mi energía femenina, ese que con firmeza dice "hasta acá", fortalecido por todo mi trabajo interior, le pone un límite a ese ser oscuro y le dice: "Respeto tu elección y no la juzgo, pero en mi santuario de luz y paz no sos bienvenido".

Y así le entregué la hoja a la Vida. Debió de gustarle, porque apenas al rato, me hizo un guiño que solo yo podría haber entendido.

¡Hasta la próxima!



jueves, 10 de mayo de 2012

Poniendo la casa en orden

Empezó hace dos años con una lluvia fuerte que inundó mi comedor. A los pocos días, el piso empezó a hincharse formando una leve joroba de camello justo en el paso que daba al balcón. Al tiempo se desinfló, y todo pareció volver a la normalidad. Sin embargo, otra inundación repitió la joroba, y esta vez las tablitas del parquet se desprendieron y muchas de ellas quedaron levantadas, dificultando la salida al balcón. Tibiamente solicité a la administración del edificio que reparan el daño en mi departamento, pero francamente me resistía a la sensación de invasión que me provocaría el momento del arreglo, y el reclamo quedó en un cajón. Tener el piso levantado suponía trabajar con cierta incomodidad, ya que mi silla tenía un tope de desplazamiento; también implicaba limitar las visitas de amiguitas de mi hija por temor a que se lastimaran, y además yo misma dejé de recibir invitados en casa por la vergüenza que mi dejadez me provocaba. Sin embargo, a partir de mi reciente y profundo viaje interior, y recordando la ley hermética "como es arriba es abajo, como es afuera es adentro", me di cuenta de que el piso simplemente reflejaba mi estado de revisión, una ilustración viva de mi falta de enraizamiento y búsqueda de solidez interna.

A partir de entonces me relajé, ya que reconocí que en cuanto me sintiera lo suficientemente sólida y plantada, mi piso volvería a su estado plano sin mayores complicaciones. Voy a confesar que empecé a hablarle a mi piso, dándole amor por soportar ese estado solo para mí. Le agradecía que nadie hubiera sufrido ninguna caída ni tropezón, y en mis meditaciones empecé a visualizarlo sano, liso y brillante (en mi caso, el dicho "hablar con las paredes" se tornó en "hablar con el piso"). El Universo y la Tierra tomaron nota y se encargaron de que durante este verano, las lluvias intensas provocaran cuatro inundaciones en mi living-comedor-lugar de trabajo, empujándome a resolver el estado que finalmente se había tornado calamitoso: el camello desarrolló su segunda joroba a un metro y medio de la anterior. A la necesidad imperiosa de resolver el asunto por razones de seguridad, se le sumaron el hecho de que el mes que viene mi hija quiere festejar su cumpleaños en casa, y el nacimiento de mi proyecto de prácticas de inglés, que requiere que reciba a mis alumnos en casa, en un ambiente de luz y armonía.

El arranque de los arreglos tuvo las contramarchas típicas de cuando se intenta vencer la inercia, pero una vez que arrancó, en cuestión de solo dos semanas solucionaron el tema del balcón que provocaba las inundaciones, repararon el piso, lo lijaron, plastificaron y lo dejaron impecable. Además, los encargados de la tarea más larga fueron tres muchachos correntinos de tonada alegre que trabajaron con tranquilidad y mate de por medio. 

Hoy, al fin, vuelvo a tener mi casa en orden y en condiciones de "recibir". Recibir niños, amigos, alumnos. Otra vez la salida a mi bello balcón está libre de obstáculos y toda el agua que pueda llover para limpiar a nuestra bella Tierra fluirá tranquilamente a las plantas que iluminan mi vista todos los días. 

Lo aprendido me indica claramente que lo que sucedió materialmente en mi casa solo fue posible gracias a un cambio interno en mi ser. Se hace evidente que conseguí asentarme en la base sólida de mi alma, que abrí el flujo para recibir abundancia de múltiples formas y que liberé un par de obstáculos muy grandes de mi vida. Ahora bien, si el afuera me lo refleja tan nítidamente, ¿por qué me cuesta tanto verlo en mi interior? Quizá haya llegado el momento de visitar al oculista...

¡Hasta la próxima!

jueves, 3 de mayo de 2012

Aceptando el estancamiento

La parte más difícil era abrazar el estancamiento. Comencé dibujando un mandala. Más tarde, reflexioné que estaba en un bote en medio del océano y que no había una gota de viento. Que mis intentos de llegar a alguna parte eran tan vanos como intentar moverme soplando o usando las manos de remos. A la noche me encontré con esta foto en Facebook:

La foto me cambió la perspectiva. ¡Qué bueno estar en este bote, quieta, disfrutando del paisaje! En calma, sin nada que hacer más que esperar a que sople el viento y me lleve. Al día siguiente, en mi meditación matinal, miraba desde el bote en todas direcciones y aparecían múltiples y atractivos destinos. Me di cuenta de que si dependiera de mí, sería muy difícil elegir uno o trazar la hoja de ruta para explorarlos todos. Fue entonces que un destello de luz me iluminó: ¡qué bueno que esa sea tarea del viento! Qué alivio que yo solo deba esperar, con la plena confianza y certeza de que el viento en algún momento va a soplar y se va a encargar de llevarme a mi próximo destino de dicha y aprendizaje. Y así, sin mucho más, encontré la confianza que venía jugando a las escondidas conmigo. Y aquí estoy, en mi bote, rodeada de belleza, el sol entibia mi piel, y la confianza encontrada me trae la calma que necesito para este momento de quietud. Respiro, sonrío y agradezco.

¡Hasta la próxima!

martes, 1 de mayo de 2012

Abriendo los ojos

Me resistía. No quería verlo. No quería aceptarlo. Hasta que no pude negarlo más: estoy estancada. Debe hacer unos cuatro años que lucho por establecerme laboral y económicamente y no lo consigo. Busco reconocimiento por mi esfuerzo, por el cumplimiento con fechas de entrega complicadísimas y la óptima calidad de mis traducciones, pero nunca llega. Todo lo que se les pueda ocurrir que podría haber hecho para avanzar lo hice: enviar miles (¡sin exagerar...!) de currículums en el país y en el exterior, rediseñar mi CV y darle un aire fresco y original, presentarme a búsquedas en relación de dependencia, terapia convencional para superar mi desvalorización, aceptar tarifas más bajas, cotizarme más alto para dar la idea de buena calidad, cambiar de especialización, visualizaciones creativas, meditación chamánica, buena onda, mala onda, LinkedIn, venta directa (con esto podría escribir un libro entero de cómo el menos capacitado se hace rico y yo me endeudo), trabajo personal, y muchas otras cosas que descarté porque NO ME INTERESAN (después de todo, mi ídolo Walt Disney decía: "Si puedes soñarlo, puedes crearlo", y todavía elijo creerle. Lástima que no explicó cómo se pasa de la coma de la oración a la última palabra...).

Mi último intento fue la semana pasada, cuando empecé a recitar dos veces al día una serie de 108 repeticiones de un mantra para la abundancia. Iba ya por el segundo día cuando se hizo presente lo evidente: LA ANSIEDAD ES MI MAYOR BLOQUEO. El otro punto era que yo venía siguiendo el ejercicio de "abrazar con amor" todas las emociones que afloraran, pero al estancamiento quería revolearlo cual boleadora hasta la luna. Bien, ya tenía dos cosas nuevas por hacer: 1) bajar la ansiedad y 2) amar mi estancamiento.

He aquí lo que se me ocurrió. En primer lugar, cambié el mantra de la abundancia por uno de paz y tranquilidad. En segundo lugar, como se me dificulta mucho amar este estado de parálisis, dibujé un mandala en cuyo centro ubiqué el símbolo rúnico del estancamiento, rodeado por el símbolo rúnico del amor, todo en colores rosados y violáceos. Y para completar "el tratamiento", decidí que durante el mes de mayo, todo completito, NO VOY A HACER NADA. Con esto me refiero a que me limitaré a completar los trabajos que me lleguen y a responder los pedidos de cotización que reciba, pero no voy a hacer nada para iniciar un nuevo contacto, incorporar un nuevo alumno, o tentar una nueva oportunidad. NADA. 

Vamos a ver qué resulta. Prometo que si puedo resolver cómo pasar de la coma de la frase de Disney a la "creación", tendré la generosidad de pasar la receta.

¡Hasta la próxima!