martes, 1 de mayo de 2012

Abriendo los ojos

Me resistía. No quería verlo. No quería aceptarlo. Hasta que no pude negarlo más: estoy estancada. Debe hacer unos cuatro años que lucho por establecerme laboral y económicamente y no lo consigo. Busco reconocimiento por mi esfuerzo, por el cumplimiento con fechas de entrega complicadísimas y la óptima calidad de mis traducciones, pero nunca llega. Todo lo que se les pueda ocurrir que podría haber hecho para avanzar lo hice: enviar miles (¡sin exagerar...!) de currículums en el país y en el exterior, rediseñar mi CV y darle un aire fresco y original, presentarme a búsquedas en relación de dependencia, terapia convencional para superar mi desvalorización, aceptar tarifas más bajas, cotizarme más alto para dar la idea de buena calidad, cambiar de especialización, visualizaciones creativas, meditación chamánica, buena onda, mala onda, LinkedIn, venta directa (con esto podría escribir un libro entero de cómo el menos capacitado se hace rico y yo me endeudo), trabajo personal, y muchas otras cosas que descarté porque NO ME INTERESAN (después de todo, mi ídolo Walt Disney decía: "Si puedes soñarlo, puedes crearlo", y todavía elijo creerle. Lástima que no explicó cómo se pasa de la coma de la oración a la última palabra...).

Mi último intento fue la semana pasada, cuando empecé a recitar dos veces al día una serie de 108 repeticiones de un mantra para la abundancia. Iba ya por el segundo día cuando se hizo presente lo evidente: LA ANSIEDAD ES MI MAYOR BLOQUEO. El otro punto era que yo venía siguiendo el ejercicio de "abrazar con amor" todas las emociones que afloraran, pero al estancamiento quería revolearlo cual boleadora hasta la luna. Bien, ya tenía dos cosas nuevas por hacer: 1) bajar la ansiedad y 2) amar mi estancamiento.

He aquí lo que se me ocurrió. En primer lugar, cambié el mantra de la abundancia por uno de paz y tranquilidad. En segundo lugar, como se me dificulta mucho amar este estado de parálisis, dibujé un mandala en cuyo centro ubiqué el símbolo rúnico del estancamiento, rodeado por el símbolo rúnico del amor, todo en colores rosados y violáceos. Y para completar "el tratamiento", decidí que durante el mes de mayo, todo completito, NO VOY A HACER NADA. Con esto me refiero a que me limitaré a completar los trabajos que me lleguen y a responder los pedidos de cotización que reciba, pero no voy a hacer nada para iniciar un nuevo contacto, incorporar un nuevo alumno, o tentar una nueva oportunidad. NADA. 

Vamos a ver qué resulta. Prometo que si puedo resolver cómo pasar de la coma de la frase de Disney a la "creación", tendré la generosidad de pasar la receta.

¡Hasta la próxima!

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