Las pruebas de la Vida, a diferencia de las de la facultad, siempre son sin aviso. En este caso, fue tan preciso el momento en el que se presentó, que no puedo dejar de reírme (¿será señal de iluminación?).
Estaba yo en un momento de mucha paz, atenta a todo a mi alrededor, a pocos días de haberme sumado a una plegaria global por los niños que durará 40 días, sintiendo mayor ligereza en el aire a medida que mis meditaciones me llevan a nuevas epifanías, cuando de repente, el diablo asomó la cola. Y así, sin más, tenía la prueba sorpresa delante de la glándula pineal. El enunciado era el siguiente: "He aquí el ser que pretende oscurecer tu luz, disfrazado, a escondidas, creyéndose más listo que vos (ya sumaste varios puntos al descubrirlo al instante). ¿Cómo vas a reaccionar? Desarrollar".
Y desarrollo (¿acaso tenía opción?).
En primer lugar, si bien no creo en el diablo, soy consciente de que hay seres que elijen la oscuridad con el mismo libre albedrío con el que yo elijo la luz. De corazón les agradezco a esos seres su existencia, ya que en esta realidad dual, son necesarios para que brillar sea una elección y no algo inevitable.
En segundo lugar, Vida, creo que me merezco algunos puntos más por el hecho de que no tuve emociones reactivas, tan solo un simple: "¿Ajá? ¿Apareciste disfrazado? ¡Qué ingenuo!" (La última frase fue de mi ego, evidencia de mi imperfecta humanidad). Acto seguido, esta prueba me hizo sentir la gloria de la fortaleza y seguridad adquiridas, ya que mi brillo es imposible de opacar con un poco de oscuridad escondida (¡qué ironía que la oscuridad deba disfrazarse de luz para ocultarse!). Este paréntesis me lleva aún más allá: Un ser oscuro disfrazado de luz necesariamente debe iluminarse un poco, lo cual indefectiblemente debilita su negrura. En consecuencia, si ya mucho antes de la prueba no le temía, mucho menos ahora que quedó reducido a los restos de ceniza de mis inciensos.
Y para concluir, no en vano esta semana me llegaron mensajes sobre el fortalecimiento de la energía masculina. Es así que el soldadito de paz que protege mi energía femenina, ese que con firmeza dice "hasta acá", fortalecido por todo mi trabajo interior, le pone un límite a ese ser oscuro y le dice: "Respeto tu elección y no la juzgo, pero en mi santuario de luz y paz no sos bienvenido".
Y así le entregué la hoja a la Vida. Debió de gustarle, porque apenas al rato, me hizo un guiño que solo yo podría haber entendido.
¡Hasta la próxima!
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