viernes, 8 de junio de 2012

I will survive...!



Uno de los pasatiempos preferidos de mi niñez era escuchar música y aprenderme las canciones de memoria. Mamá lo había advertido y me compraba discos nuevos con bastante frecuencia. Tuve mucha suerte porque estuve expuesta a canciones muy hermosas hechas especialmente para niños (Julieta Magaña, Cantaniño, Jovita Díaz, ¿te acordás?). Con cada canción, imaginaba mi propio videoclip, (¡una verdadera adelantada a MTV!). Las letras sobre la amistad, el poder de la imaginación y los mundos utópicos gobernados por niños provocaban las fantasías más vívidas, me transportaban a soñar de una forma mucho más poderosa que los libros.

El tiempo pasó y llegué a la adolescencia. Mi gusto musical empezó a cambiar y muy pronto mi abanico musical se amplió para incluir canciones en inglés. También coincidió con la explosión pop de los años ochenta: la combinación de estribillos pegadizos y ritmos llenos de vida me resultaba celestial. Pero había un problema: no entendía las letras. De pronto, todos los sermones de papá sobre la importancia de estudiar inglés tenían un propósito: ahora quería estudiar el idioma en serio para poder entender de qué trataban mis canciones favoritas.

Fue así que empecé a crear mi propia base de datos con letras de canciones. Presionaba hasta el infinito los botones “adelantar” y “retroceder” de mi “pasacassette” (mejor te digo mi edad de una vez y ya, ¿no?) intentando descifrar cada palabra. Debo decir que no era una tarea sencilla. Dejaba espacios en blanco donde me faltaban palabras y subrayaba los segmentos de los cuales no estaba segura. Revisaba mis archivos regularmente, y poco a poco pude empezar a completar algunas de las canciones. No te imaginás la emoción y la alegría que sentí la primera vez que completé una, y la sensación de logro cada vez que entendía una línea complicada. Entre las que aún recuerdo está “It’s like a knight in shining armor, from a long time ago” de “The Glory of Love” de Peter Cetera. Solo un no nativo sabe lo difícil que le resulta eso a un estudiante de nivel intermedio.

Esta mañana cuando meditaba en mi elíptico, me vino a la memoria cómo fue que completé “I will survive” de Gloria Gaynor. Había luchado con la primera línea del segundo verso durante muchísimo tiempo; a pesar de mi empeño, me resultaba imposible de entender. Y una noche, estando en el baño preparándome para ir a una fiesta, esa canción empezó a sonar en la radio. Me puse a cantarla como una loca preparándome para callarme cuando llegara la línea misteriosa. En el momento exacto en que me estaba poniendo rímel en el ojo izquierdo, me callé y escuché claramente: “It took all the strength I had” (Hizo falta toda mi fuerza). Fue una felicidad rotunda. Me apresuré a mi cuarto y la anoté en un papelito por miedo a olvidarla. La única pena era que no tenía a nadie con quien compartir mi hazaña, simplemente porque nadie entendía mi pasión ni lo mucho que había luchado con esa línea.

Después de la meditación, me pareció curioso haber recordado todo eso hoy, después de tantos años, y sin embargo… Luego volví sobre la frase completa: "Hizo falta toda mi fuerza para no desmoronarme…" Y en ese instante, se repitió la felicidad rotunda de aquel momento. No solo había sobrevivido todas las dificultades desafiantes entre ese momento y este, sino que lo había logrado como resultado de haber reunido todas mis fuerzas una y otra vez. Sentí que la adulta que soy hoy se encontró por un instante con la adolescente soñadora de entonces, y con mucho amor le dije: “Bien hecho, chiquita, aferrate a esas palabras porque muy pronto adoptarán un significado totalmente distinto. Pero no tengas miedo, porque tu luz es la armadura brillante que te ayudará a sortear todos los obstáculos y se asegurará de que sobrevivas. Yo soy la prueba viva de eso”.

Copyright © 2012 – Carolina Iglesias – Permitida su distribución gratuita siempre que se citen la autora y la fuente.

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