viernes, 1 de junio de 2012

Experimento quietud

Ayer se cumplió el mes en el que me había propuesto no hacer "nada" en relación a mi situación económica y laboral. Si no hubiera registrado en mi diario lo que fue ocurriendo día por día, sería imposible recordar todas las cosas que me pasaron. Aparentemente podría decirse que no pasó nada. Sin embargo, desde mi punto de vista (que a esta altura es el único que me importa), la avalancha de sucesos sigue conmoviéndome e inspirándome.

Empecé muy tranquila porque tenía 30 días enteros por delante para que el Universo obrara su milagro en mí, después de todo, todos los mensajes habían sido muy claros en que debía dejar de buscar en el mismo lugar y de la misma manera. Además, ya había empezado a sentir que era hora de hacer un cambio, de elegir otro camino, pero no tenía ninguno visible por delante.

El primer día recibí un sueño que actuó como un rayo y destruyó unos cuantos límites autoimpuestos (¿te diste cuenta de que esos son los únicos que realmente limitan?). Un par de días más tarde, una publicación de un contacto de Facebook me llevó a buscar más información sobre la canalizadora del mensaje y me inscribí en su newsletter. Al día siguiente me enteré de una meditación global de 40 días por nuestros niños, y ya vamos por el día 20 (increíble la energía que siento sabiéndome una de las 11.200 personas que la estamos haciendo). El día 5 de mayo pasó algo que no me esperaba y que no habría podido predecir, mucho menos pedir: a mi casilla de correo llegó una invitación a participar de un teleseminario para autores de libros de transformación que parecía hecho especialmente para mí. Durante diez días, escuché por internet a veintidós seres maravillosos e inspiradores que compartieron generosamente (¿te dije que era gratis?) sus historias, métodos y consejos, además de libros electrónicos y un montón de material relevante. Con la disciplina que me caracteriza, me senté cada tarde junto a mi PC, bloc de hojas en mano, y tomé apuntes con la dedicación que lo hacía en la facultad, con la diferencia que en esta oportunidad, varios profesores tuvieron la capacidad de conmoverme hasta las lágrimas más de una vez. Promediando el curso tuve la visión reveladora: ¡no estoy estancada, es solo que el bote no va para donde mi ego quiere! Eso me devolvió la alegría para seguir adelante, maravillándome con el camino que se iba iluminando ante mis ojos.

Es así que, treinta días después de mi "experimento" y habiendo superado las pruebas del eclipse (¿vos también las recibiste?), empiezo junio con un nuevo proyecto que ya tiene nombre, contenido y forma. Además adquirí herramientas para dar los primeros pasos y hasta tengo algunas para poner en práctica cuando ya esté en marcha. Ya tengo una hoja de ruta trazada y confío plenamente en que sabré leer las señales que aparezcan. En el silencio tuve la bendición de ver mi camino y descubrir cuál es la transformación que ya empezó a manifestarse en mí.

Por lo tanto, no solo declaro el experimento como súper exitoso, sino que además me propongo continuar fluyendo a donde mi bote vaya. Ahora sé que a mi bote no lo mueve el viento, navega certero en dirección a lo que la energía de mi corazón atrae. Por lo pronto, la meditación con tambores y música de hace un rato me llevó a un lugar muy parecido a este:


¡Hasta la próxima!

2 comentarios:

  1. Qué lindo, Caro!!! Nunca me dediqué un mes así, pero sí intenté tomarme unas vacaciones de mí y comparto con vos en que ahí es donde suceden cosas increíbles!!! Leí en algún lado que "la naturaleza aborrece los vacíos", por lo que hay que crear un vacío y la naturaleza se ocupará de llenarlo con algo que seguramente es lo que nos estaba esperando, pero no hacíamos lugar para que entrara :)

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  2. ¡Qué gráfico el paralelismo con la naturaleza! ¡Lo voy a adoptar!
    Gracias!!

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