martes, 30 de abril de 2013

La bendición de ser recibida plenamente… por mí


Esta tarde, cuando fui a buscar a mi hija a la escuela, quedé cautivada por una mamá amamantando a su bebé. La imagen me retrajo a la dicha que sentí durante los quince meses que le di la teta a mi pimpolla. El momento se disipó raudo con el sonido y el ajetreo del entusiasmo de los chicos que salían de la escuela.

Sin embargo, pasaron unas horas desde entonces y me pregunto por qué hoy particularmente, esa imagen me causó tanto impacto. No hace falta que reflexione demasiado. Tomo un par de respiraciones profundas, y el júbilo de esos quince meses hace casi siete años está fresco y vivo en todo mi ser una vez más. Recuerdo a mi dulce beba *recibiéndome* completa e incondicionalmente: en los días buenos y en los no tan buenos; tanto cuando me sentía hermosa y como cuando temía ver mi reflejo en un vaso de agua; cuando olía deliciosamente recién salida de la ducha, al igual que cuando mi ropa estaba toda manchada de vómito. Cuando la alimentaba, la nutría, la abrazaba, la adoraba, era recibida por ella como si yo fuera el ser más mágico y magnífico sobre la Tierra, como si yo fuera la encarnación misma del amor.

¿Como si? ¿Acaso no sé ya que eso es EXACTAMENTE lo que soy? ¿Que estoy en el camino de ser plenamente consciente de esa VERDAD? Hace siete años no era lo consciente que soy ahora. Sin embargo, como el tiempo no existe en realidad, puedo manifestar una situación como la de hace un rato para traer el pasado al presente y experimentarlo como nuevo otra vez, aceptando todos los regalos que no fui capaz de ver entonces.

Ahora me doy cuenta de que mientras creía que el amor incondicional sobre la Tierra solo era posible de una madre para con sus hijos, no era consciente de que he sido total e incondicionalmente amada por mi hija probablemente desde el segundo de su concepción, en ese momento mágico y milagroso en el que empecé a compartir mi sangre y el aire que respiraba con ella. Mi autoestima era tan débil en ese entonces que no podía *ver* que estaba siendo totalmente recibida y amada por ella con el mismo amor incondicional que yo sentía por ella, o incluso más puro aún.

Entonces ¿cómo es que ahora, siete años más tarde, esta es la primera vez que puedo verlo? ¿Es posible que todos el trabajo interno que estuve haciendo en forma consciente esté dando frutos? ¿Es posible que finalmente esté a punto de recibirme a mí misma con el mismo amor incondicional que tuve la bendición de recibir de mi pequeña? ¿Puedo amarme hoy sin condiciones? ¿Puedo sonreír con amor a mi reflejo en el espejo en los días buenos y en los no tan buenos? ¿Puedo finalmente aceptarme y amarme plenamente cuando me siento linda como cuando no? ¿Puedo simplemente sentirme dichosa de ser *yo* sin importar cómo luzca, cómo huela o cuántas arrugas o canas me hayan salido? Sé que puedo, al igual que sé que algunos días quizá olvide cómo hacerlo. La diferencia ahora es que tengo el momento perfecto para traer al presente y así nunca más poder fingir que no es verdad, para que siempre recuerde cuánto me ha bendecido la vida con el ejemplo perfecto del más puro AMOR.

jueves, 7 de marzo de 2013

¿Cómo elegir co-crear algo como si ya estuviera aquí cuando no lo está?


Hace varios años que vengo leyendo y escuchando que cuando elijo co-crear algo para mí, debo imaginar o sentir que ya está ahí, que ya lo tengo; esa parece ser la *clave* para crear la realidad de mis sueños. Voy a confesar aquí mismo que lo intenté innumerables veces con bastante poco éxito. Sin embargo, parece que últimamente, con mi nueva confianza de que, como dice Panache Desai: "la vida no me pasa a mí, sino que la vida pasa para mí", tengo cierta percepción de que mis sueños de alguna manera ya están en proceso de materializarse.

Quizá sea por eso que cuando una amiga posteó en Facebook la pregunta: "¿Cómo puedo elegir algo como si está estuviera aquí?", me sentí llamada a responder. Lo que surgió, para mi gran sorpresa, podría ser la analogía perfecta que me permita lograrlo magistralmente. Aquí va:

Cuando *elijo* co-crear algo con el universo, por ejemplo una casa nueva, es como cuando estoy en casa y elijo hacer una torta para la tarde porque invité a unas amigas a tomar el té. En cuanto elijo hacer la torta, sé que para las 5:00 en punto va a estar lista. Sin ninguna duda. ¿La torta ya está? No, pero que es un hecho.

Primero me fijo qué ingredientes me faltan. Luego voy al supermercado, y mientras cargo el carrito, anticipo lo rica que va a estar la torta, lo suave y cremosa que sabrá en mi boca. Cuando llego a casa, empiezo a prepararla. Mientras mezclo los ingredientes, con harina por toda la cocina, las manos literalmente en la masa y huevos rotos en la mesada, no pienso: "¿Cómo saldrá una torta de este desastre? ¡Esto va muy mal! ¡Va a ser un desastre!" ¡No! La preparo con tanto amor y confianza en el proceso, que lo que pienso se parece más a esto: "Esta torta me saldrá tan sabrosa y deliciosa que mis amigas se chuparán los dedos y querrán otra porción". Acto seguido, pongo la torta cruda en el horno y me apresuro a vestirme. Mientras elijo qué ponerme, no pienso en la torta ni una vez, que se está cocinando y que estará lista muy pronto. Ahora es momento de arreglarme y poner la mesa.

¿Qué tal si aplico la misma confianza, certeza y soltura cuando elijo co-crear con el universo algo como una casa nueva? La única diferencia aquí es que no veré la receta de antemano y que gran parte del proceso se desarrollará mágica y milagrosamente. ¿Cómo no me va a ENCANTAR eso? Mi parte es sentir mi nuevo hogar, verme allí. Ni siquiera necesito ver el cuadro completo, simplemente disfrutar el hecho de que cuando la elijo, ya está en proceso de materializarse, confiando en que todas las situaciones que surjan a partir de ahora son parte de la "receta", sin importar lo confusas o alejadas del resultado final que parezcan.

Luego llevé esta analogía más lejos aún. A veces el universo nos pide que metamos mano en la receta en la co-creación de magia y milagros; mientras que otras, se parece más a pedir comida en un restaurante. Allí "elijo" del menú (en nuestro caso, ¡el menú es ilimitado!), "ordeno", y luego me entretengo con quien esté conmigo en la mesa (o con el libro de turno) hasta que llegue la comida. Cuando ordeno, tengo la certeza de que la comida llegará en un tiempo razonable y no tengo ningún interés en saber quién prepara mi plato, cómo lo preparan o qué otra cosa sucede alrededor. ¿Qué tal si pruebo con esta analogía la próxima vez que elija co-crear un sueño?

Ya siento que esta metáfora será un punto de inflexión en mi proceso de co-creación. Por eso, como siempre, comparto mis herramientas en cuanto las encuentro en caso de que le resulten útiles a alguien más, porque sé que cuanto antes lo dominemos, antes tendremos la Tierra con la que todos soñamos. Y ahora corro a la cocina porque... Bueno, ¡vos me entendés!

¡Hasta la próxima!

jueves, 14 de febrero de 2013

Enamorándome de mí




En un momento de mi vida, hace unos dos años, me resultó prioritario enfrentar la verdad que mi corazón estaba llorando a gritos, susurrando y suplicándome que oyera: "SOS suficiente, VALÉS, SOS digna de amor, SOS amor". Fue una noche oscura, estaba sola en casa, varada en mi cama y llorando tan fuerte que temía que algún vecino me tocara la puerta. Jamás me había sentido tan sola. Fue tras un par de horas de llanto y sollozo, cuando aparentemente no quedaba energía para continuar, que sentí a mi corazón. Estaba allí para mí, como una entidad separada, derramando su amor incondicional sobre todo mi ser. Esa noche, fue todo lo que hizo falta para seguir, pero cuando llegó la mañana, el sentimiento que me había calmado unas horas atrás parecía haber vuelto a esconderse. La única diferencia era que ahora SABÍA que estaba allí, ahora SABÍA que mi verdad era amor, ahora SABÍA que ese amor por mí misma era lo único que me daría paz para siempre. Y entonces me embarqué en el camino de recuperar ese amor para que su presencia no me dejara jamás, para que su presencia fuera yo. He recorrido un largo camino desde entonces, y siento que sigo andando. Sin embargo, las herramientas que vengo usando para avanzar me resultan útiles a diario.

La primera herramienta que desarrollé fue convertirme en mi propia madre. Toda la paciencia y amor incondicional que sentía por mi hija era algo de lo que yo también podía beneficiarme. Es muy fácil amarme tras un logro o en un día particularmente bueno; son los días en los que hago un berrinche, los días en los que meto la pata, los días cuando el mundo me refleja todos los aspectos de mí que aún no he abrazado los que son difíciles. En esos momentos, respiro y me bifurco: mi corazón se convierte en la mamá amorosa de la niña herida y caprichosa. De esa manera, es fácil amarme (después de todo, ¿acaso no amo a mi hija con la misma intensidad cuando ella hace un berrinche? Entonces, ¿por qué no amar a mi niña interior cuando hace lo mismo?), abrazar e integrar las características menos populares de mi personalidad.

La siguiente herramienta importante para regresar al amor por mí misma vino en la caja de un rompecabezas. Armar un rompecabezas difícil y mirar la imagen completa menos una pieza fue un gran hallazgo para darme cuenta de cuánto valgo en el rompecabezas universal e intergaláctico de la existencia. Toda la experiencia fue muy reconfortante, y si todavía no leíste ese artículo, te invito a buscarlo “Las enseñanzas del ordenador de almas” en el archivo.

Luego, en otra instancia, alguien me recordó que también podía reclamar todo el amor que alguna vez le hubiera dado a los demás. ¡Guau! ¡Eso es MUCHO amor! Pero ¿cómo lo reclamo? ¿Se los quito? ¡Claro que no! Esas preguntas me llevaron a la siguiente analogía: Todo el amor que alguna vez di es como un archivo que envié por correo electrónico sin haber visto qué había adentro. Por lo tanto, si busco, todo ese amor está almacenado en mi corazón como archivos sin abrir en mi disco duro, y puedo sentarme, respirar, abrirlos ¡y darme una dulce ducha de mi propio amor! ¿Cuántas veces le di lo mejor de mí a otro? ¿En cuántas vidas? ¿No es hora de degustar la delicia de mi propio amor? ¡Sí! Así que ahora, cada vez que me siento inferior, abro algunos de esos archivos y mi calidez me abraza tiernamente.

Más adelante, me recordaron la importancia de abrazar todo mi ser y permitirme sentir absolutamente todo lo que surgiera, dejarme sentirlo completamente, sin juzgarlo. Se dice más fácil de lo que se hace, ¿no? Yo también pensé lo mismo. Sin embargo, en asuntos del corazón, "pensar" no es lo más acertado. Resulta que en el momento en que quise ponerlo en práctica, me di cuenta de que todas las herramientas que venía usando me habían preparado y alistado para esta parte del trayecto.  Por ejemplo si una mañana me siento frustrada (como hace un par de días), esto es lo que hago: tomo nota del sentimiento, me permito sentirlo, festejo todos sus agregados (como cuando a mi frustración original se le suma que la conexión a internet está lenta o una llamada equivocada me interrumpe), escribo al respecto y lo comparto con esos amigos que entienden lo que estoy haciendo (recordá que no estoy buscando consejos en esta instancia) mientras el sentimiento cala más y más hondo. Y luego, de repente, cuando empiezo a reírme de cómo me aliento a seguir, se abre un espacio, ¡y la frustración ha sido integrada con amor y paciencia!

Entonces, ¿ya llegué? (al lugar que fuere). No. ¿Estoy más cerca? Sin duda. Por eso comparto estas herramientas con vos en caso de que te resulten útiles, para que las uses, las modifiques, o te sirvan para hacerte consciente de las tuyas. Y lo hago ahora porque detesto cuando la gente me dice que logró algo cuando ya está "del otro lado" (¡y me amo por detestarlos!), una vez que ya olvidaron cómo lo hicieron; o peor, esa gente que tiene la suerte de resolverlo todo en un segundo (¡cuánto los odio a esos también!) y hacen que termine buscando en dónde me equivoqué yo una vez más. Por eso, porque no quiero que me odies cuando llegue al otro lado, aquí está mi presente: el proceso paso a paso mientras aún voy cruzando el puente. Y si por casualidad tenés tus propias herramientas, ¿qué tal compartirlas conmigo para así poder darnos la mano y cruzar el puente juntos?

jueves, 13 de diciembre de 2012

Mi epifanía después del 12.12.12


Siento que elegir el nuevo paradigma no ha sido instantáneo para mí. Desde que supe concientemente que tenía que elegir, he enfrentado una situación tras otra para confirmar mi elección. Siento que el universo es tan infinitamente amoroso y respetuoso de mi libre albedrío que no quiere que una elección tan trascendental sea hecha a la ligera, deprisa o en un momento en el que no sepa bien lo que estoy eligiendo. Así que para mí, durante el último año y medio, ha sido una oportunidad tras otra de elegir el viejo o el nuevo paradigma. Después de haber elegido el nuevo muchísimas veces ya, empiezo a darme cuenta de los cambios radicales que se han producido en mí. ¿Cuánto tiempo más hasta que todo fluya con facilidad? ¿Cuántas veces más tendré que decir “¡Sí!” a lo nuevo hasta encarnar la mariposa que sé que soy? No lo sé, y a diferencia de ayer, realmente no me importa. Ya no me importa porque tras la consciencia que tengo hoy del respeto y amor infinito que el universo tiene por mí, puedo estar tranquila de que TODO está bien, TODO es perfecto tal como es. Estoy sostenida. Estoy cuidada. Soy amada. Soy amor. SOY

¡Hasta la próxima!

lunes, 10 de diciembre de 2012

Dentro de la crisálida




Aparentemente todo está inmóvil, y sin embargo, siento la ebullición. Los cambios todavía no son visibles para el mundo exterior, pero mi corazón recibe con gusto la nueva dosis de amor y compasión por mí misma. En el proceso, hay una carrera por conquistar la confianza, algunas dudas salen a la superficie para ser liberadas. Hay también cierta necesidad de justificar mi aparente quietud que se mezcla con sentir que no hay nada que explicar. Todo lo recordado hasta ahora ayuda, aporta… Y también confunde, se contradice. Aquí dentro conviven la dualidad y la unidad; es un lugar oscuro, pero seguro y cálido. Hay destellos de luz que aportan esperanza. Estoy sola aquí, y a la vez estoy conectada con todo.  Se dificulta encontrar silencio interior, la mente no quiere ceder, teme lo que desconoce. El corazón aporta infinita paciencia, “el tiempo no existe”, dice. La mente no entiende. En cuanto se expande un poco, quiere definir y organizar, y enseguida vuelve a contraerse. "Todas las respuestas están en tu corazón", dicen. "Solos no vamos a ningún lado", dicen. "El nuevo paradigma es el de la cooperación", se escucha. ¿Para qué cooperar si el universo todo está en mi corazón? ¿Buscar cooperación no es acaso aceptar que solos no podemos? ¿Y ofrecer ayuda no es acaso considerar que el otro la “necesita”? ¿Y si para llegar al corazón hacen falta herramientas propias y ajenas? ¡Pero no existe “lo ajeno”, es una ilusión! Busco lo que me resuena. Y lo que no me resuena, lo descarto. Pero, ¿no es lo descartado también reflejo de mí misma? Si elijo, separo; si separo, me alejo de la unidad, que es lo que busco… Oigo ecos de voces que me dicen que es muy simple, parecen seres que se han transformado ya; llaman, tientan, pero no veo que haya un puente para cruzar. Dicen que salte al precipicio, que me crecerán alas o que me recibirá una nube. Las metáforas no me sirven. ¿Qué es “saltar”? ¿O será “soltar”? Como sea, no sé de qué hablan. Todavía no reconozco ese idioma (qué va, ¡ni siquiera reconozco las letras!). Quiero rendirme, me quiero bajar, pero después del suspiro siempre hay algo más que me impulsa a seguir. A seguir buscando, ¿cuánto más puede faltar? ¿Alcanza con observar la transformación o hay algo que debo contribuir para completarla? ¿Y si contribuir es simplemente observar sin juzgar? ¿Y si contribuir es simplemente dejar que sea sin interferir? Los mismos que le pusieron fecha a la transformación se están desdiciendo. "No va a pasar nada", dicen. ¿Serán los últimos vestigios del miedo al desencanto? Las estaciones y los ciclos no son de un segundo al otro, es cierto; pero la transformación de la mariposa sí, el nacimiento de un bebé, también, cuando un fruto está maduro, cae en un instante. ¿Cuál es la metáfora más acertada? ¿O dependerá de lo que estemos eligiendo todos colectivamente? No sé vos, pero yo elijo la magia del instante, no me importa que me tildes de infantil. ¿No se trataba de volver a ser como niños? ¿No son los niños nuestros grandes maestros? Si soy el ser infinito que busco cocrear, ¿por qué elegir lo más difícil y largo? ¿Para qué encarnar en este tiempo si en realidad la magia se verá en cien años? Respiro. Miro alrededor. En este instante está todo tranquilamente desordenado. La mente no se calla. No habrás creído que te hablaba mi corazón, ¿verdad? No, mi corazón late, espera su turno, pero como no habla con palabras sino con vibración, todavía  no lo entiendo. ¿O le estará pasando data a la mente para que su vibración se cuele entre las palabras? Todo es posible. Pero hay algo en el aire, hay cierta excitación innegable, algo está pasando.  Si soy infinita, ¿por qué preocuparme por morir de hambre o inanición? Pero elegí ser humana, elegí un cuerpo sorprendente y hermoso, debería ocuparme de cuidarlo y honrarlo. Más que eso, ¡debería ocuparme de disfrutarlo! ¡Quiero que todos mis sentidos disfruten de los paraísos que hay en esta bella Gaia! ¿Cómo atraigo la abundancia que lo permita? Yo entendía que había que tener para hacer y luego ser; pero luego recordé que había que ser para hacer y después tener. Bueno, SOY, y ahora ¿qué hago?  Uso las herramientas que descubrieron otros. De a ratos me sirven, pero apenas me alejan de la largada.  Es que siento que hay una herramienta esperando a que yo la descubra (¿será por eso que las demás les sirven a otros y a mí no?). Si lo siento, será que es así. Pero ¿cómo la descubro? Escuchando a mi corazón. ¿Cómo entender su idioma? Escuchando con paciencia. "Que busque señales", dicen. Las señales me indican detenerme, pese a todo. Detenerme y respirar. Detenerme y no pensar. Detenerme y escuchar. Detenerme y sentir. Detenerme y aceptar. Detenerme.

Artículo originalmente publicado en el número de noviembre de 2012 de la revista digital "Serendipity in the Way", http://serendipityintheway.com/

jueves, 1 de noviembre de 2012

Mi intento de entender la ilusión de lo que llamamos "realidad"


Estoy más que dispuesta a romper todas las ilusiones respecto a esta realidad, a soltar todos los prejuicios y todo aquello que he percibido como bueno o malo hasta ahora. Esa línea de sopesar y cuestionar absolutamente todo me llevó a pensar sobre los alimentos y todo lo que he aprendido, oído y creído sobre nutrición hasta ahora. Si somos seres infinitos con elección y potencia infinita, si somos todo energía y tenemos el poder de sanarnos si nos lo proponemos, entonces, ¿qué tal si todo lo que he aprendido sobre alimentación y nutrición es también una ilusión? ¿Y si una manzana es tan saludable como una galletita de chocolate? ¿Y si lo que creemos como bueno o malo para nuestros cuerpos es solo algo que hemos acordado colectivamente en algún momento y simplemente porque nuestro prejuicio lo ha asegurado en su lugar resulta verdadero en nuestra experiencia?

Ensayé esta línea de pensamiento con una amiga el fin de semana pasado, y ella me dio todo tipo de argumentos para demostrarme lo que ella cree verdadero; sin embargo, yo ya estoy convencida de que es una simple ilusión, una de la que podemos liberarnos cuando un grupo de nosotros elija hacerlo colectivamente. Sin embargo, dado que ocasionó tanta controversia, dejé la idea de lado por un rato.

Pero ayer nuevamente, mientras caminaba por la calle evitando transeúntes que iban fumando, el cartel acerca de los cigarrillos en los kioscos me llamó la atención: "Advertencia. Fumar produce cáncer". Eso me hizo preguntarme en qué medida esos carteles que los fumadores leen inconscientemente al menos tantas veces como cigarrillos fuman por día perpetúan y recrean constantemente la verdad aparente sobre lo perjudicial que resulta fumar. ¿Y si nos hemos llevado a creer que fumar es perjudicial como otra forma de demostrar nuestra imperfección? ¿Y si no hubiera nada intrínsecamente malo en el tabaco? ¿Qué tal si simplemente hemos acordado colectivamente creer y crear eso?

Y así de fácil, ¿qué tal si colectivamente pudiéramos elegir permitir que los alimentos, las bebidas, el tabaco y las plantas simplemente sean, sin ningún prejuicio asociado a ellos? ¿Seguirían teniendo el mismo efecto benéfico o nocivo sobre nosotros? ¿Podríamos permitir que cada cosa sea solo una alternativa disponible, que simplemente sea?

Si todo lo que percibimos como realidad es una simple ilusión, entonces nosotros seríamos como actores de una obra de teatro. Me permito jugar con esa analogía un momento. Aquí voy.

Todos somos actores que hemos decidido interpretar un determinado papel en la obra de esta vida. Antes de nacer, elegimos nuestro personaje y todo el elenco, de total conformidad con todo y todos los involucrados. Luego encarnamos y olvidamos nuestro contrato prenatal a fin de montar la obra. Al igual que los actores pierden su verdadera identidad mientras actúan, sufriendo y disfrutando de todas las situaciones por las que atraviesa su personaje, así seríamos nosotros en esta realidad dual. Cuando una actriz interpreta a Julieta en "Romeo y Julieta" y bebe el veneno, el personaje muere, pero la actriz no; tras caer el telón, ella sale radiante, vivita y coleando a recoger aplausos, halagos y flores, y luego pasa a su siguiente papel. Lo que bebe como veneno en escena no es realmente veneno, ¿verdad? Sin embargo, para mantener la ilusión, tiene un efecto letal en el personaje. ¿Y si la actriz que interpreta a Julieta decidiera decir: "Un momento, en realidad no soy Julieta, esto no es verdadero veneno, solo estoy interpretando un papel y esta bebida es solo agua, no puede dañarme"? Si tal fuera el caso, ¿moriría el personaje de todas maneras? De igual forma, el que nos rompe el corazón es en realidad nuestro amigo, todas las situaciones externas son solo parte de un guión escrito por nuestro Ser Superior a fin de tener las experiencias que hemos elegido para esta vida. ¿Cuántos actores se necesitan para romper la ilusión? ¿O cuánta gente del público para el caso? ¿Y si en realidad soy la actriz de Hollywood más saludable, hermosa, exitosa, radiante, compasiva, encantadora, magnética, carismática y amorosa que la está pasando de maravillas yendo de un papel a otro? ¿Qué tal si mi verdadera esencia es este maravilloso ser con la capacidad de ganar experiencia y sabiduría con cada actuación? ¿Y si me permitiera ser consciente de esta verdad mientras interpreto cada papel? ¿Acaso cualquiera de las situaciones sería tan terrible como reza el guión? ¿Acaso cualquiera de las experiencias sería tan gozosa como regresar al hogar de mis sueños una vez apagadas las luces hasta la próxima función?

¿Cuántos maestros nos han dicho que lo que percibimos como realidad es solo una ilusión? ¿Y si fuera cierto? ¿Y si el año 2012 fuera la fecha que fijamos colectivamente como el momento de liberarnos de la ilusión de dualidad para todos los seres? En esta analogía, los espectadores vendrían a ser nuestros guías de otros reinos, listos para susurrar: "Ey, sabés que todo eso no es real, ¿verdad? ¡Animate a cuestionarlo todo! ¡Animate a recordar quién sos en realidad y sé libre!" Todos están alentándonos para que el elenco rompa el hechizo (eso me recuerda a mí alentando a Truman a descubrir la verdad en la película "The Truman Show"). ¿Y si lo que todos están haciendo es ser eco de lo que en nuestro corazón SABEMOS que es cierto, mientras que nuestro Ser Superior también susurra y nos da una pista tras otra para liberarnos de las trampas en las que se han metido nuestros personajes? ¿Y si este fuera el momento de recordar que somos solo actores y actrices que están listos para ser uno con su Ser Superior, listos para recordar quiénes somos en realidad, listos para interpretar el papel que elijamos en cualquier momento? Listos para vivir y disfrutar cada experiencia, sabiendo que es una simple ilusión. Listos para fluir de un personaje a otro con facilidad, dicha y alegría.  Si yo supiera con total claridad y certeza que esto es así, ¿me atrevería a ser el corazón valiente que rompa el hechizo? ¿Te atreverías vos?

martes, 25 de septiembre de 2012

Dejando los juicios de lado...¡con helado!




Estoy en la búsqueda incesante de expandir mis niveles de conciencia. Aprendí que la punta del ovillo está en hacer preguntas sin esperar una respuesta lógica, simplemente confiar en que la energía de la respuesta llega en forma instantánea y que mi percepción cognitiva llegará en el momento y la forma más adecuada. Esa técnica me tiene haciendo preguntas todo el día. En el proceso, me llegó la información de que la conciencia "abarca todo y no juzga nada". Fácil de recitar y repetir, pero ¿cómo hago para despojarme de todos los juicios de valor? ¿Qué distingue un juicio de una elección libre? ¿Qué distingue a un juicio de valor de la conciencia de una situación cualquiera?

Este fin de semana tuve la oportunidad de escuchar a alguien que contaba cómo celebraba cada juicio u  opinión que alguien hacía de ella. Por ejemplo, alguien le había dicho: "A vos yo no te importo, solo te ocupás de vos". A lo que esta persona respondía (no sé si en voz alta o para sí misma, pero la verdad es que da lo mismo): "Sí, además de todo lo que soy, en este momento solo me ocupo de mí, gracias por recordarme que en mi ser ilimitado, también soy eso". Mientras la escuchaba el sábado a la noche, veía muy lejano el momento en que yo llegara a ese nivel de aceptación y disfrute de mí misma. Sin embargo, hacer preguntas parece que sí funciona, y esta mañana, mientras volvía de llevar a mi hija a la escuela, se me ocurrió una analogía que inmediatamente empezó a abrirme muchas puertas y posibilidades.

¿Qué tal si comparamos las emociones, reacciones y actitudes con una ilimitada oferta de gustos de helado en una heladería? Hay muchos sabores, algunos parecidos entre sí con mínimas variantes, los hay de muchos colores, con crema, al agua, aptos para celíacos, reducidos en calorías, y además se los puede elegir combinados, en varios tamaños y modalidades y se los puede acompañar de frutas, grageas y merengues. Cuando vamos a la heladería con amigos, cada uno elige la combinación que apetece en ese momento, sin tener en cuenta lo que piden los demás. Algunos siempre eligen lo mismo, mientras que otros varían según el momento. Hay quienes eligen e incluso juzgan lo que eligen, y otros que simplemente lo disfrutan. Cuando alguien elige un sabor que a mí no me gusta, no impide que yo disfrute del que elegí y tampoco juzgo la elección que hizo el otro, ¿verdad? A veces puedo convidar o pedir de probar lo que eligió el otro.

¿Y si la elección de emociones, reacciones y actitudes fuera igual que elegir un helado? ¿Y si pudiera elegir y cambiar de sabores con total facilidad, flexibilidad y libertad? ¿Y si cuando otra persona elige algo distinto a lo que elijo yo, simplemente observo la elección como distinta a la mía, pero no la juzgo ni la catalogo de buena o mala? 

Por ejemplo, hoy elijo estar alegre, y si quienes me rodean elijen enojarse o estar tristes, simplemente entiendo que es su elección, y que no tiene por qué afectar la mía. Solo la afectará si elijo probar con mi cucharita un poco del enojo y la tristeza del helado ajeno. Pero también puedo dejar mi cucharita en mi "alegría" y quizá probar un poco del que para hoy eligió "paz" o "amor". De esta manera, no hace falta cuidarse, protegerse ni alejarse de los sabores que no elegimos, simplemente debemos ser conscientes del que elegimos nosotros y estar atentos a cuáles elegimos probar o compartir. Y si probé el de "angustia" y no me gustó, vuelvo a mi sabor de "alegría" y listo. Podría decirle al que eligió "miedo" que el sabor "amor" es más sabroso para mí, pero la decisión de probarlo es del otro, y no se trata de que yo se lo dé a probar contra su voluntad (se me ocurre la imagen del cucurucho en la frente o la de la cara en la torta al estilo de Los tres chiflados...).

¿Y si de verdad fuera tan simple? ¿Y si de verdad fuera tan fácil dejar de juzgar y juzgarnos? ¿Y si solo se trata de elegir con conciencia? Así que hoy elijo helado de alegría y confianza, con una lluvia de grageas de amor y una cucharita con una sonrisa dibujada. ¿Querés probar?

¡Hasta la próxima!

Copyright © 2012 – Carolina Iglesias – Permitida su distribución gratuita siempre que se citen la autora y la fuente.