A partir de entonces me relajé, ya que reconocí que en cuanto me sintiera lo suficientemente sólida y plantada, mi piso volvería a su estado plano sin mayores complicaciones. Voy a confesar que empecé a hablarle a mi piso, dándole amor por soportar ese estado solo para mí. Le agradecía que nadie hubiera sufrido ninguna caída ni tropezón, y en mis meditaciones empecé a visualizarlo sano, liso y brillante (en mi caso, el dicho "hablar con las paredes" se tornó en "hablar con el piso"). El Universo y la Tierra tomaron nota y se encargaron de que durante este verano, las lluvias intensas provocaran cuatro inundaciones en mi living-comedor-lugar de trabajo, empujándome a resolver el estado que finalmente se había tornado calamitoso: el camello desarrolló su segunda joroba a un metro y medio de la anterior. A la necesidad imperiosa de resolver el asunto por razones de seguridad, se le sumaron el hecho de que el mes que viene mi hija quiere festejar su cumpleaños en casa, y el nacimiento de mi proyecto de prácticas de inglés, que requiere que reciba a mis alumnos en casa, en un ambiente de luz y armonía.
El arranque de los arreglos tuvo las contramarchas típicas de cuando se intenta vencer la inercia, pero una vez que arrancó, en cuestión de solo dos semanas solucionaron el tema del balcón que provocaba las inundaciones, repararon el piso, lo lijaron, plastificaron y lo dejaron impecable. Además, los encargados de la tarea más larga fueron tres muchachos correntinos de tonada alegre que trabajaron con tranquilidad y mate de por medio.
Hoy, al fin, vuelvo a tener mi casa en orden y en condiciones de "recibir". Recibir niños, amigos, alumnos. Otra vez la salida a mi bello balcón está libre de obstáculos y toda el agua que pueda llover para limpiar a nuestra bella Tierra fluirá tranquilamente a las plantas que iluminan mi vista todos los días.
Lo aprendido me indica claramente que lo que sucedió materialmente en mi casa solo fue posible gracias a un cambio interno en mi ser. Se hace evidente que conseguí asentarme en la base sólida de mi alma, que abrí el flujo para recibir abundancia de múltiples formas y que liberé un par de obstáculos muy grandes de mi vida. Ahora bien, si el afuera me lo refleja tan nítidamente, ¿por qué me cuesta tanto verlo en mi interior? Quizá haya llegado el momento de visitar al oculista...
¡Hasta la próxima!
Que hermoso lo que escribis, Carolina... Yo estoy transitando un camino similar... después de mucho sufrimiento, desgaste, malestar e impotencia... Alguien MUY IMPORTANTE de mi pasado me había enseñado "las bases" de la espiritualidad... y recién ahora lo entiendo e interpreto... es, parafraseando algo que vos decís: "las piezas van cayendo ahora en su lugar"... supongo que si no cayeron antes fue porque "mi tablero" no estaba listo para recibirlas... Si me das tu autorización, me encantaría compartir con vos mis experiencias, a través de este blog (mediante comentarios) o, aún mejor, a través del mail... te parece bien? Te mando un abrazo fraterno...
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