martes, 17 de abril de 2012

El cambio empieza por mí

Como hace aproximadamente ocho meses que me comprometí a cambiar el mundo a partir de mí, me detengo un momento para registrar cuáles han sido los efectos hasta ahora de los cambios que he hecho. Lo hago porque en cada entrevista o artículo que leo de personas que han dado un vuelco semejante, parece que los cambios visibles sucedieran de la noche a la mañana, sin esfuerzo alguno, y que bastara con amarse y respetarse para llenarse de abundancia, dicha y paz  (¿hace falta agregar los viajes a la India y demás lugares exóticos que terminan relatados en un best seller?). Bueno, aplaudo a esa gente, pero como mi camino no se le parece en nada, lo pongo por escrito (no vaya a ser que dentro de un año encuentren los relatos de mis experiencias en un ashram exhibido en la vidriera de su librería amiga y crean que todo fue en un abrir y cerrar de ojos).

Pues bien, entre los cambios que hice se encuentran meditar activamente con mi propia técnica, revisar mis emociones y pensamientos llenándolos de luz y amor cuando hace falta, ordenar mis hábitos alimenticios, tener más coherencia entre lo que siento y lo que hago, y respetarme por sobre todas las cosas. A simple vista nada ha cambiado, pero estoy empezando a notar algunas diferencias. Por ejemplo, las discusiones eternas dentro de mi cabeza en lugar de ser lo habitual, me sorprenden cuando aparecen; y al darme cuenta, las reviso y naturalmente se desvanecen. Las emociones ya no me atormentan, por el contrario, me resultan muy interesantes y hasta divertidas de deconstruir. Hace ocho meses no tenía ninguna amiga con quien compartir estas cosas, y hoy por lo menos tengo cuatro cercanas en un camino similar. De hecho, impulsada por una de ellas me animé a empezar este blog, y si bien lo escribo fundamentalmente para mí, es muy reconfortante saber que muchos lo disfrutan. Otro logro importante ha sido encontrar un proyecto laboral con el que me identifico plenamente (vale aclarar que apenas está dando unos pasitos -más bien gateos-, por las dudas que si la abundancia material viene a través de ese proyecto tampoco se suponga que surgió arrugando la nariz al estilo Hechizada). Y otra cosa digna de mencionar es que todos los recursos que fui estudiando y adquiriendo a partir de mi adolescencia empiezan a encontrar su lugarcito desde donde ofrecer su aporte.

Así que muy bien, queda registrado hoy que los cambios en mí se están dando paulatinamente, y si bien no puedo negar que me encantaría un poco de magia para acelerarlos un poco (conste que en ningún momento mencioné haber controlado mi ansiedad e impaciencia), también debo admitir que el proceso me está resultando muy entretenido, tanto, que cuando lo escribo, ¡algunos se toman el tiempo de leerlo! ;)

¡Gracias y hasta la próxima!


domingo, 15 de abril de 2012

Temazcal, ritual chamánico


Ayer participé por primera vez de un ritual de temazcal. La experiencia vivida durante toda la jornada tuvo una intensidad tal, que sus aprendizajes y efectos irán surgiendo a lo largo de varias publicaciones. De todas maneras, hoy, a pocas horas de concluida la vivencia, rescato mi valentía en seguir avanzando por un camino que está tomando un curso novedoso e impredecible.

A simple vista, podría parecer que la valentía estuvo fundamentalmente en el hecho de haber entrado voluntariamente en lo más parecido a un horno humano que vi en mi vida. Luego de reunirnos en círculo en torno al fuego que albergaba las rocas ancianas incandescentes que nos acompañarían dentro del "inipi" (estructura de cañas dispuesta sobre la tierra en forma de iglú -curioso que los humanos elijamos esta forma particular para experimentar temperaturas extremas- cubierta por mantas muy gruesas, en cuyo centro se ha cavado un pozo donde por etapas van entrando grupos de piedras candentes), Adrián, el chamán riojano a cargo de la ceremonia, nos advirtió: "Quien entra se compromete a quedarse hasta el final, y les aseguro que algunos la van a pasar muy mal adentro: van a experimentar calor, encierro y ahogo". Lo relevante acá es confesar que estuve a punto de retirarme en ese instante. Si bien recordaba las advertencias recargadas antes de cada atracción en Disney World, suponía que esta no tenía nada de exagerada. Hizo falta recordar el propósito que me llevaba a participar de una purificación tan completa de cuerpo, mente y alma para tomar la decisión final de ingresar (mi amiga Irene me reveló después que mi expresión de pánico había sido contundente). Pues bien, entré, mi cuerpo toleró las incomodidades estoicamente, y le estoy profundamente agradecida.

Sin embargo, la mayor valentía tuvo que ver con el atreverme a enfrentar dolores y fantasmas de distintos momentos de mi vida y decidir quemarlos para siempre, sin saber cómo será mi vida sin ellos. Después de todo, "mejor malo conocido..." no se hizo famoso porque sí. En mi caso, tuve el coraje de mirar mis dolores uno por uno de frente y arrojarlos literalmente a la hoguera, alentada a su vez por mis compañeros de experiencia que iban haciendo lo mismo. Además, la impecabilidad de la ley de atracción de lo semejante se cumplió una vez más en la reunión de almas con pesares y anhelos similares. Es así que finalmente, limpia y vacía de mis momentos más oscuros, resolví aventurarme a un futuro incierto, sin reseñas ni previews, pero con el corazón latiendo lleno de fuerza, decisión y confianza: "¡Elijo lo bueno por conocer!".

¡Hasta la próxima!

jueves, 12 de abril de 2012

Aprendiendo de mi hija

Cada día me sorprendo más de lo cierto que es el hecho de que nuestros hijos vienen a mostrarnos en el más claro y dulce espejo toda nuestra sombra y las heridas que necesitamos sanar.

Hace unos días escribí algo en mi cuaderno que nunca llegó a este blog. Reflexionaba sobre mi propia desvalorización y cómo tanta gente y situaciones me lo habían reflejado a lo largo de mi vida. Llegaba a la dolorosa conclusión de que los comentarios más hirientes y punzantes habían sido los ecos que yo misma había aceptado, repetido y magnificado. A partir del reconocimiento de tal maltrato hacia mí, con la toma de conciencia empecé a tomar también actitudes correctivas de perdón y amor para empezar a sanar heridas tan profundas.  No sé si a modo de examen, trabajo práctico o clase especial, mi hija vino hoy con un espejo que revelaba una verdad tan cruda como la del espejito mágico de la bruja de Blancanieves (debe ser pura coincidencia que actualmente la ciudad esté empapelada con los afiches de película "Espejito, espejito" y que la edad me dé más para identificarme con la bruja que con la princesa, pero son solo detalles).

Estábamos dibujando juntas cuando me pidió que le dibujara un corazón en su hoja, como suele hacerlo. Acto seguido empezó a decir que a ella no le salían bien los corazones, que era una tarada porque no los hacía bien, que sus corazones eran horribles, que NUNCA iba a poder dibujar bien los corazones, y que ella era la única en el mundo a la que no le salían bien los corazones. Esas palabras y esa actitud no hace falta que les cuente de dónde pudo haberlas copiado, aunque en mi defensa debo decir que han sido pocas las veces que ella me ha visto en un estado similar. De todas maneras, parece que alcanzaron (¡no es joda que los chicos aprenden de lo que hacemos, no de lo que decimos!). A pesar del dolor que me producía escucharla, sabía que alabar sus corazones no serviría de nada. Tenía que dejarla expresarse y abrazarla con mucha ternura antes de poder llevarla a la reflexión. Y eso es lo que hice. Acoto acá que hacer esto con una nena es mucho más sencillo que hacerlo con una parte de mí misma, ya que es una situación mucho más concreta y muy pronto se puede ver si 'el remedio' dio resultado.

Dejamos de dibujar, la llevé a la cama, me acosté a su lado y la abracé. Cuando se tranquilizó un poco, le dije que esas cosas feas que se decía a sí misma dolían mucho, que no importaba lo bien que la tratara yo, si ella se maltrataba iba a seguir sufriendo. Enseguida (les juro que fue inmediato) empezó a decir que era verdad, que se había lastimado mucho, y juntas pedimos perdón y nos dijimos lo mucho que nos amábamos. Me quedé a su lado hasta que se quedó dormida, y mientras disfrutaba de ese momento de tenerla segura entre mis brazos, no pude evitar ver la ironía de que el disparador había sido el dibujo de un corazón...

¡Hasta la próxima!

miércoles, 11 de abril de 2012

Zapatero a tus zapatos


Desde hace unas semanas estoy practicando equilibrar mi energía masculina a partir del refrán "zapatero a tus zapatos", con mi propia interpretación (¿acaso cabe alguna otra interpretación que no sea la propia en un diario?). Se trata de delimitar cuál es mi trabajo y cuál es el trabajo del otro, y si hay algún otro que no se ocupa de su trabajo y por consiguiente debo encargarme yo, eso no es ser buena ni buenuda, es simplemente no respetarme a mí misma. Para muchos esto puede resultar una obviedad, pero para mí, que siempre creo que "molesto" cuando le pido a otro que se ocupe de "su trabajo" (por el que cobra, claro está), este cambio de actitud es un gran paso. Paso a ejemplificar algunas situaciones concretas. 

1) La coordinadora de una agencia de traducción envía un mail a varios traductores preguntando si tenemos la experiencia suficiente para traducir textos con "alto contenido religioso para un cliente al que le preocupa que la traducción sea precisa". Y eso es todo lo que especifica. En otro momento yo habría contestado a ciegas que claro que sí, sin preguntar más, para después terminar trabajando hasta las tres de la madrugada sobre un texto que parece la biblia en chino por dos pesos con veinticinco. Ahora, le respondo con una lista de preguntas, por ejemplo, a qué religión se refiere, si es un video, un texto, ficción, un contraste entre varias religiones, etc. Ella responde que no tiene más información que la que me dio. Es evidente que esta coordinadora no hizo su trabajo cuando habló con el cliente, y por lo tanto decidí que hasta que no me envíe la información completa, no sé si me interesa hacerlo. 

2) Voy al supermercado y hago que me envíen el pedido. A la noche me doy cuenta de que me faltan unas pilas que figuran muy bonitas en el tique de compra. En otro momento lo habría dejado pasar porque volver hoy al supermercado era realmente un problema para mí. Pero pienso que el Sr. Carrefour no hizo bien su trabajo y que si no reclamo, me estoy dejando robar, es decir que no me estoy valorando, cosa que hoy ya no permito. Así que voy al supermercado a reclamar, haciendo oídos sordos a mi vieja versión que está convencida de que me van a acusar de aprovechadora, y me vuelvo con las pilas. 

3) En las últimas tormentas de nuestra querida Buenos Aires, la falta de un desagote adecuado en mi balcón resultó en varias inundaciones en mi living-comedor, que terminaron por levantarme el piso. ¿Cuántas veces creés que llamé a la administración para que vengan a resolverme el problema? A todas esas sumale tres más. Cada vez que llamé lo hice tranquila, explicándoles que siempre que llueve tengo que sacar agua del balcón con palita para no inundarme, que el piso levantado es un peligro, etc. Hoy decidí que ya había sido suficiente. El trabajo de la administración es resolverme el problema. Recuerdo que tengo mucho camino recorrido como para llamar de forma prepotente, así que ensayo algo novedoso para mí. Llamo con toda dulzura y digo: "Hola, te llamo otra vez por el tema del balcón. ¿Qué harías vos en mi lugar si tuvieras este problema y no tuvieras respuesta después de llamar diez veces?" (recuerden, con MUCHA dulzura). A los diez minutos ya tenía cita para que vengan mañana a arreglarlo.

Como verán, si escribo todo esto es porque durante casi toda mi vida me falté el respeto por no reclamar lo que le corresponde hacer al otro. El tema es que yo había comprado la idea de que para reclamar y hacer valer mis derechos la única vía era enojándome, exigiendo con prepotencia o amenazando; como esas actitudes no me "cerraban", acababa por hacerme cargo de lo que le correspondía hacer a otro. Lo que estoy comprobando con este trabajo de despertar de conciencia es que me abre la mente para resolver situaciones muy mundanas, de todos los días, en el medio de la gran ciudad, y eso es maravilloso. Mi búsqueda me está llevando en esta instancia a ser más auténtica y a respetarme más, sin dejar de respetar al otro, haciendo caso omiso del miedo al qué dirán y agudizando la creatividad cada vez que resulta pertinente. 

¡Hasta la próxima!




sábado, 7 de abril de 2012

Despertándome...

En los últimos días todo me indica que tengo que "soltar" y "confiar" (o "bajar un cambio", en perfecto porteño). Para una buena alumna, cumplidora y disciplinada como yo, se trata del mayor desafío hasta el momento, ya que se trata de "no hacer", de distraerme con otra cosa.   Por suerte tengo alguna parte aliada que, confabulada con mi yo más sabio, logró que ayer optara por comenzar a leer una novela que casualmente me prestó una amiga hace unos días. (Una vez que haya terminado la novela, me detendré a analizar el "casualmente"). Esta mañana, de todas maneras, trabajé con el "soltar" y "confiar" subida a mi fiel elíptico (no vaya a ser que justo ahora que estoy despertando, una pereza sabatina me lleve otra vez a dormirme).

Sin embargo, el remate llegó esta tarde cuando llevé a mi hija al teatro a ver Mamma Mia! En el instante en que a mi peque se le iluminó la carita de fascinación por el colorido y la música de la puesta en escena, toqué piso y todo el resto desapareció. Mágicamente estaba en el presente, contundente e inevitable. En un momento la miré, y estaba toda iluminada: tenía a mi propio ángel en la piel de mi hija sentada en la falda. Más allá de que son todas canciones que me sé con puntos y comas en inglés y en español (de cuando ABBA cantaba en español y yo no sabía inglés) y de que son melodías pegadizas y animadas, el argumento de la obra tiene demasiados puntos en común con mi historia: una madre soltera criando a su hija, trabajando duramente para mantenerla, orgullosa de su tarea, tremendamente sola y con un espíritu joven y alegre que debe quedar en un baúl debajo la cama, relegado frente al baúl de responsabilidades, mucho más oscuro y pesado. Claro que la obra termina maravillosamente bien como corresponde, con los problemas económicos y de soledad de la protagonista resueltos. Por mi lado, salgo del teatro con mi hija, tomo un taxi y volvemos a casa. Preparo la cena, le pongo el DVD de la película como era de esperar, la acuesto con el arrorró y vuelvo a la cocina a lavar los platos. Es entonces que caigo en mi rotunda realidad y afloran las emociones de soledad y tristeza. Me pregunto qué estarán haciendo esos dos papás solos que vi con sus hijas en el teatro. ¿Las habrán dejado con la mamá y ellos habrán salido, o estarán también cenando una pizza de a dos? Y las familias "completas", ¿estarán disfrutando realmente de un sábado en familia o cuando los hijos se duermen, sobrevuelan los reproches, los sueños no cumplidos o el conformismo porque al menos no están solos? Por suerte no necesito tener ninguna de esas respuestas. Y no por suerte, sino por decisión, tengo en el corpiño (porque está pegado al corazón, no por otra cosa) las herramientas recientemente aprendidas. Así es que dejo que las emociones afloren, las saludo con una lágrima, las abrazo y las acobijo al igual que hice con mi hija hace un rato, y me siento a escribir. Y ya no estoy más sola. Sé lo que quiero (que no es poco!) y no tengo la menor idea de cómo voy a conseguirlo. Y eso es precisamente lo que hace que mi aventura sea tan emocionante.

¡Hasta la próxima!


domingo, 1 de abril de 2012

¿Qué es 'despertar'?

En esta mañana tranquila de domingo (la primera versión la estoy haciendo tirada en la cama, escribiendo con lápiz sobre una hoja sin renglones) me puse a reflexionar sobre qué significa para mí 'despertar' y a qué me refiero cuando digo que 'estoy trabajando mucho sobre mí misma'. Surge porque esa es la frase que suelo decir, aunque en realidad no lo siento como un trabajo, sino más bien como un conjunto de actitudes y actividades que se manifiestan o bien como una necesidad o bien como algo inevitable.

Fundamentalmente, desde que me despierto por la mañana (que no necesariamente coincide con el momento en que abro los ojos) estoy en una actitud alerta, atenta, o como lo siento en inglés, aware.  ¿A que? ¡A tantas cosas! Intentaré enumerar algunas.

Estoy muy atenta a mis emociones, esas que me mueven, en mayor o menor grado, de mi centro, de mi estado de paz calma (la palabra 'paz' todavía me queda muy grande) y armonía. Cada vez que reconozco una emoción, la observo, me fijo a qué partes del cuerpo afecta, respiro hondo y la dejo que me acompañe (noten que digo 'acompañe', no 'invada') el tiempo que quiera mientras la contemplo sin juzgarla y la lleno de amor como si fuera un niño.

Otras veces, siento pequeños llamados del cuerpo: una necesidad imperiosa de estirar una pierna, una leve alergia en el antebrazo, sequedad inusual en los párpados, frío o calor que no corresponden al clima, y cuando estoy MUY alerta, ganas de comer cuando en realidad no tengo hambre. En lugar de ignorarlos (o de atenderlos mal), les presto atención, veo qué me está pidiendo el cuerpo realmente y busco la manera de darle una respuesta satisfactoria. 

Con respecto a mi actividad laboral, antes de empezar, me digo a mí misma que voy a volcar en esa traducción toda la luz de mi divinidad para que alcance y se sume a la luz divina de todo el que entre en contacto con ese texto (y les aseguro que siento una atmósfera sagrada al hacerlo). Por otra parte, como además estoy ejercitando el poner límites y decir que no a determinados proyectos, me concentro en que en el mail de respuesta vaya 'la mejor onda', que se entienda que rechazo un proyecto en particular (en primera instancia siempre busco negociar la fecha de entrega o la tarifa) y no a la persona que me lo solicitó.

Y como para acompañar desde 'afuera', estoy buscando un estilo de alimentación que sume al equilibrio energético, a la salud física y mental, y que aliviane todos los procesos que acabo de describir. Muchas veces acierto y otras gana un paquete de galletitas, pero  me aseguro de agradecer a la Tierra, a ese ser maravilloso y maternal que nos da TODO lo que necesitamos, por cada alimento que se consume en casa, llenándolo de agradecimiento y bendición. 

Cabe destacar que también encuentro momentos de puro disfrute con mi hija, mis amigas, cantando, escribiendo, dibujando, bailando o participando de actividades grupales que capitalizan y fortalecen la luz de todos. De hecho, en un ratito me toca el sagrado baño de sales y espuma de los domingos...!

Así que pues bien, como verán, no es corto de relatar cuando alguien pregunta en qué ando o qué estoy haciendo, y la verdad es que creo que a pocos realmente les interesa escuchar la respuesta (¡y están en todo su derecho a que les importe un comino!), pero con quien sí le interesa saber, espero poder compartirlo en un encuentro relajado, y si no es posible, le diré que lea este blog!

¡Hasta la próxima!