domingo, 15 de abril de 2012

Temazcal, ritual chamánico


Ayer participé por primera vez de un ritual de temazcal. La experiencia vivida durante toda la jornada tuvo una intensidad tal, que sus aprendizajes y efectos irán surgiendo a lo largo de varias publicaciones. De todas maneras, hoy, a pocas horas de concluida la vivencia, rescato mi valentía en seguir avanzando por un camino que está tomando un curso novedoso e impredecible.

A simple vista, podría parecer que la valentía estuvo fundamentalmente en el hecho de haber entrado voluntariamente en lo más parecido a un horno humano que vi en mi vida. Luego de reunirnos en círculo en torno al fuego que albergaba las rocas ancianas incandescentes que nos acompañarían dentro del "inipi" (estructura de cañas dispuesta sobre la tierra en forma de iglú -curioso que los humanos elijamos esta forma particular para experimentar temperaturas extremas- cubierta por mantas muy gruesas, en cuyo centro se ha cavado un pozo donde por etapas van entrando grupos de piedras candentes), Adrián, el chamán riojano a cargo de la ceremonia, nos advirtió: "Quien entra se compromete a quedarse hasta el final, y les aseguro que algunos la van a pasar muy mal adentro: van a experimentar calor, encierro y ahogo". Lo relevante acá es confesar que estuve a punto de retirarme en ese instante. Si bien recordaba las advertencias recargadas antes de cada atracción en Disney World, suponía que esta no tenía nada de exagerada. Hizo falta recordar el propósito que me llevaba a participar de una purificación tan completa de cuerpo, mente y alma para tomar la decisión final de ingresar (mi amiga Irene me reveló después que mi expresión de pánico había sido contundente). Pues bien, entré, mi cuerpo toleró las incomodidades estoicamente, y le estoy profundamente agradecida.

Sin embargo, la mayor valentía tuvo que ver con el atreverme a enfrentar dolores y fantasmas de distintos momentos de mi vida y decidir quemarlos para siempre, sin saber cómo será mi vida sin ellos. Después de todo, "mejor malo conocido..." no se hizo famoso porque sí. En mi caso, tuve el coraje de mirar mis dolores uno por uno de frente y arrojarlos literalmente a la hoguera, alentada a su vez por mis compañeros de experiencia que iban haciendo lo mismo. Además, la impecabilidad de la ley de atracción de lo semejante se cumplió una vez más en la reunión de almas con pesares y anhelos similares. Es así que finalmente, limpia y vacía de mis momentos más oscuros, resolví aventurarme a un futuro incierto, sin reseñas ni previews, pero con el corazón latiendo lleno de fuerza, decisión y confianza: "¡Elijo lo bueno por conocer!".

¡Hasta la próxima!

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