martes, 10 de diciembre de 2013

Las sombras como generadoras de luz

Reflexionando sobre las sombras, me surgió la siguiente frase: "La sombra necesita luz para existir. La luz no necesita nada más que ser”.  A partir de allí, mi capacidad de visualización la transformó en la siguiente analogía (mi manera favorita de procesar porque involucra a la mente cognitiva de una forma lúdica) que paso a compartir.

Si soy un haz de luz de unos tres centímetros de diámetro y estoy en mi eje, no hago sombra (imagen clara del reloj de sol a las 12 del mediodía). Cuando me corro del centro apenas un centímetro, hago sombra. Si la *miro*, la acepto y la abrazo, mi luz se expandió un centímetro más, y ahora soy un haz de luz no de tres sino de cuatro centímetros de diámetro en eje. En cambio, si al ver la sombra, la niego y le doy la espalda, genero más sombra. Cuando me atrevo a mirarla, aceptarla y abrazarla, la integro y me vuelvo un haz de luz de mayor diámetro.

En el paradigma que estamos dejando atrás, nos dedicábamos a echar luz sobre una parte, generando sombra en otra. Por ejemplo, nos permitíamos ser muy exitosos en una o dos áreas de nuestra vida, pero no en otras; quien aparentemente lo tenía “todo”, lo sufría con culpa o lo justificaba con alguna tragedia o dolor muy profundo. Temíamos abrirnos a brillar en un área adicional porque secretamente intuíamos que eso significaría la pérdida de algún área conquistada.

Con la llegada de la nueva era, el paradigma antiguo ya cumplió su ciclo y abre paso a la etapa de transición al nuevo paradigma. En esta etapa de transición, empiezan a aparecer técnicas y herramientas para tratar con las emociones más densas que provocan mayor desequilibrio, a las que metafóricamente les damos el nombre de “sombras”. De diversas maneras, somos invitados a mirar a las sombras de frente, desarrollar la neutralidad y el no juicio a las emociones y experiencias de vida. Una vez miradas desde una perspectiva más amplia y desde un espacio de neutralidad, el siguiente paso es aceptarlas, para llegar al punto de abrazarlas y amarlas, momento en el que son integradas a la luz y disueltas.

Somos muchos los que estamos transitando esta etapa de aceptación y abrazo a nuestras sombras, y a partir de mi analogía, me resulta un gran giro de percepción interpretar a las sombras como el combustible para ampliar nuestra luz. Sin embargo, surgen los siguientes interrogantes: “¿Hasta cuándo? ¿Qué otra posibilidad hay?”.

Y una respuesta alternativa no tarda en llegar. ¿Es posible ampliar nuestra luz sin necesidad de crear sombra? ¡Claro que sí! Y ya lo estamos haciendo. Cada vez que meditamos, cada vez que creamos a partir de la alegría de nuestra expresión, cada vez que nuestra experiencia de expansión es tal que la ofrecemos al mundo, cada vez que con la sola intención, compartimos nuestra paz interior con quienes estén dispuestos a aceptarla, cada vez que nos negamos a ser parte de las críticas y las denuncias, cada vez que callamos una palabra que no va a sumar, cada vez que “somos el cambio”, cada vez que celebramos genuinamente, cada vez…

¿Y qué tal si a partir de la toma de consciencia de nuestra capacidad expansiva desde la luz, la necesidad de hacer sombra se va diluyendo y desapareciendo en su obsolescencia? Sin juicios, simplemente dejamos de recurrir a ellas como quien deja las rueditas auxiliares de la bici porque aprendió a equilibrarse…

Te invito a sumarte a la expansión voluntaria de la luz, cruzando la luna en bici como E.T.


¡Hasta la próxima!

 *** Si te resuena mi forma particular de interpretación, te invito a recorrer mi blog y a visitar mi nuevo blog en el siguiente enlace https://vitkicarolina.blogspot.com.ar/

jueves, 10 de octubre de 2013

La Duda, mi nueva amiga

La Duda irrumpe, y hoy, en lugar de permitir que me confunda, me doy cuenta de que tengo otra alternativa.  ¿Y si decidiera darle la bienvenida a la Duda, recibirla con los brazos abiertos en lugar de dejar que me empantane? Veamos. Cuando algo resuena como "no", es simplemente "no"; y cuando algo resuena como "sí", es simplemente "sí", sin cuestionamiento ni juicio. "¿Lo vas a llamar?" "No, voy a mandarle un mail esta noche". Transparente. Sin rodeos. Sin embargo, la Duda nos ofrece alternativas, y de cara a la elección, tememos equivocarnos, ¿verdad? ¿Y si no hubiera elecciones acertadas o desacertadas?

¿Qué tal si antes de encarnar, nuestra alma dispuso un cierto número de puertas para que abramos y crucemos? En ese escenario, el universo se va a asegurar de que lleguemos al mayor número posible de puertas en esta vida, y aquellas que no lleguemos a cruzar serán asignadas para la próxima vez. Digamos que la puerta número uno aparece fácilmente, es la familia en la cual nacemos. La puerta número dos podría ser la escuela a la que asistimos, también fácil de encontrar porque no solemos elegir escuela para nosotros. Y luego la puerta número tres podría ser nuestro primer amor, también imposible evitarla. Sin embargo, a medida que vamos creciendo, algunas puertas no se ven ni se encuentran tan fácilmente, ir de una a la otra requiere algún tipo de aprendizaje en el "camino de ladrillo amarillo". Así que a medida que caminamos, se nos cruzan personajes con el solo propósito de acercarnos a la siguiente puerta. Cuando hay una sola forma de llegar, no hay duda ni titubeos, salvo quizá la decisión de continuar, descansar un rato o rendirnos, pero aparte de eso, el camino está marcado. Ahora digamos que llegamos a una intersección, una bifurcación. Inmersos en la dualidad, creemos que solo una opción nos lleva a la felicidad, mientras que todas las demás nos condenarán. ¿Qué tal si no fuera así, en absoluto? ¿Qué tal si la bifurcación es nuestro Ser Superior diciéndonos: "Cualquiera de estos caminos te llevarán a la siguiente puerta, la única diferencia está en el trayecto. Podés tomar el trayecto doloroso y solitario; podés tomar el que está lleno de enojo y quejas; podés tomar el trayecto fácil lleno de color y alegría; podés elegir caminarlo solo; podés llamar a un guía; podés ir con un compañero; podés elegir un maestro... Hasta incluso podés encontrar la forma de cambiar de trayecto en cualquier momento que gustes. Podés elegir. Sinceramente no me importa cómo llegues a la próxima puerta, porque cualquier sendero que escojas te llevará allí"?.

Por lo tanto, a la luz de esta verdad (la llamo "verdad" porque esta línea resuena ciento por ciento conmigo), ¡la duda es una oportunidad maravillosa! Y con múltiples opciones a mis pies, todavía tengo una alternativa más: Puedo jugar y elegir con los ojos vendados o puedo elegir conscientemente haciendo preguntas hasta descubrir qué resuena más conmigo. Mis preguntas típicas serían: "¿Por qué me peleo tanto con la opción X? ¿A qué estoy resistiéndome? ¿Qué opción es la más fácil y alegre? ¿Qué opción será la más expansiva? ¿Qué opción me traerá las reflexiones más ricas? ¿Cuál es la más divertida? ¿Qué otras preguntas puedo hacer para elegir el sendero más agradable?"

Y así, con el simple arrojo de recibir con gusto a la Duda y jugar con ella, ya estoy siendo divertida, juguetona y alegre, permitiendo que el sendero alineado con esa vibración se ilumine solo. ¿Y si todo lo que llamamos "realidad" puede ser un juego divertido? ¿Y si pudiéramos convertir en amigos a todos nuestros demonios? ¿Y si, como la Duda, lo único que piden cuando se presentan es alguien con quién jugar?


Esta reflexión surgió hace unos días cuando me debatía entre dos opciones, y como jugar a expandir la consciencia ya es un juego cada vez más divertido, surgió la alternativa. Luego de celebrarla la puse inmediatamente en práctica, y ¿sabés una cosa? Funcionó mágicamente. Una de las dos opciones se presentó como la más luminosa, y supe claramente que la otra no era “mala” ni “equivocada”, solo alargaría un poco el sendero y lo haría un poco más pesado y solitario. Y fue entonces que así como llegó, mi amiga la Duda se fue, contenta de haber jugado después de mucho tiempo, en busca de otra alma con quien jugar.

¡Hasta la próxima!

sábado, 3 de agosto de 2013

Tu verdad, Mi verdad – De qué manera esto tiene sentido para mí hoy

Casi tres años atrás decidí que era hora de saber qué era VERDAD para mí, quién era yo realmente, sin importar qué era verdad para el mundo y la gente a mi alrededor y sin importar lo que el mundo y la gente que me rodeaba decía que debía ser verdad para mí. Fue mucho más fuerte que una decisión, fue determinación pura, se convirtió en lo más importante del mundo.

Lo primero que hice fue deshacerme de aquellas personas a las que voluntariamente había contratado para obrar de jueces de mis acciones, pensamientos y emociones: mi terapeuta, la terapeuta de mi hija, la abogada, la instructora del gimnasio, mi novio. Luego me discipliné a meditar diariamente “a mi manera”, es decir, entrenando activamente en mi máquina elíptica al sonido de mantras o música New Age durante 40 minutos, y luego sentándome en silencio unos 20 minutos más. Adentrarme en esas odiseas diarias me ayudó a identificar que todo lo que me llevaba a un estado de paz era verdadero para mí, y todo lo que me llevaba a un estado de miedo e inestabilidad no lo era. Pronto aprendí que la nueva forma de referirse a esto era que algo “resonaba” conmigo o no. La toma de consciencia de una brújula interna que descartaba lo que no resonaba con mi corazón abrió la posibilidad de acudir a internet en busca de recursos e inspiración sobre cómo otros habían descubierto su verdad. El siguiente paso fue poder usar esa herramienta con mis familiares, amigos y con todos quienes me cruzara.

Esa parte del camino fue fascinante y liberadora, aunque de ninguna manera fue en línea recta. Escuchaba a alguien con quien resonaba fuertemente y probaba sus herramientas, con la esperanza de que me guiaran directamente a mi verdad: después de todo, había funcionado para ellos, ¿no? Ellos hablaban su verdad con tanta claridad y brillo que no cabía duda de que provenía de un lugar de transparencia y autenticidad. Las primeras veces que usé las herramientas de otros y no me llevaron a la “iluminación” de mi verdad, me desilusioné mucho y me castigué con pensamientos y emociones de fracaso de mi parte. Sin embargo, dichas herramientas fueron lo suficientemente útiles como para acercarme algunos pasos a mi “meta” y hacerme ver que las herramientas de otras personas me serían muy útiles para avanzar, pero era necesario que dejara de “esperar” que cualquiera de ellas fuera final y definitiva para mí. En esa instancia sentí que mi nivel de consciencia se expandía varios metros. Y luego continué mi camino, y a la mezcla de fascinación y liberación se agregó una gran cuota de alegría.

Más adelante, mientras hacía uso de las herramientas adquiridas de la mano de otros seres despiertos, empecé a desarrollar algunas herramientas propias. Incluso empecé a darme cuenta de cuántas herramientas había desarrollado a lo largo de toda mi vida sin siquiera saberlo. También fue interesante cómo las Runas –mensajeras que creía me llevarían a “saber el futuro” —transformaron su mensaje, me trajeron al *presente* y se convirtieron en fieles compañeras para adentrarme más profundamente en las partes ocultas de mi alma. En medio de este proceso, los seres “despiertos” empezaron a sonar repetitivos, expresando sus verdades a su manera, muy resonantes en mi corazón, pero solo un mero recordatorio de lo que ya *sabía*.

Y luego sentí el impulso de compartir *mis herramientas*, de expresar las verdades universales compartidas en mi forma particular. Todo mi ser me empujaba a abrirme y a compartir mi camino. Entonces armé mi primer taller. En el proceso, me decía que lo estaba preparando para mí, independientemente de si otros lo encontraban útil o no.

Y luego llegó “el momento de la verdad”, una oportunidad de probarlo delante de tres queridos amigos que se ofrecieron a ser mi público debutante. Fue un momento de pura vulnerabilidad, de decir: “Esto es lo que me ha funcionado y quisiera compartirlo con ustedes como contribución a su camino y porque el compartirlo es parte de mi esencia”, soltando todas las expectativas y resultados deseables.

Entre amigos, hablando honestamente desde el corazón y dando todo de mí, sentía que no había otro lugar en el que prefiriera estar, ninguna otra cosa que preferiría estar haciendo. Alegría pura. No solo estaba hablando mientras me escuchaban y me recibían, sino que además mis amigos contribuían con pensamientos, experiencias, ideas y sus propias verdades, haciendo del momento una verdadera celebración expansiva de consciencia.

En un momento, mientras explicaba una de mis herramientas, uno de mis amigos sugirió un cambio que le resonaba más. Lo escuché abiertamente y advertí que el cambio no me resonaba. Entonces le dije que lo usara como a él más le resonara, pero como a mí no me resonaba, no podía transmitirlo porque no reflejaba mi verdad. A esto, otra amiga me felicitó porque sintió que mi respuesta nos había empoderado a ambos, y que ella, en tanto observadora, sentía mayor confianza en lo que yo estaba transmitiendo.

El taller fue un gran logro. Pero para mi gran sorpresa, esta mañana una revelación mucho mayor expandió mi consciencia aún más. El hecho de que yo hablara mi verdad con tanta sinceridad y claridad activó una fibra de verdad en mi amigo, lo cual hizo que él se abriera a su verdad en mi presencia. Entonces, no se trata de que mi verdad te resuene, se trata de que yo exprese mi verdad tan auténticamente que en esa luz tu verdad no tenga más opción que mostrarse.

Pero ¿no se supone que existe UNA sola verdad? Sí, pero la verdad de la que hablo es la pureza de nuestra "verdadera esencia", nuestra "identidad de alma", eso que nos hace únicos a cada uno, eso que una vez que lo reconocemos, todas las comparaciones, la falta de valoración por nosotros mismos, la inadaptabilidad y las inseguridades dejan de existir. Por eso hoy mi contribución es escribir desde la verdad más pura de mi esencia conocida hasta este momento con la certeza de que una parte de tu verdad saldrá a revelarse muy pronto...



***DDyTTenALA - 1, 2, 3 ***

martes, 18 de junio de 2013

¡Piedra libre!

Acabo de hacer algo que no sabía que habitaba en mí, y quizá sea un punto de inflexión en mi vida.

Todas las mañanas luego de dejar a mi hija en la escuela, camino los 40 minutos de regreso, me detengo en la bella plaza a dos cuadras de mi casa y me siento a meditar unos minutos. Suele haber cuidadores limpiándola y haciendo un poco de ruido, asegurándose de que mi oasis urbano luzca y se sienta hermoso. Hoy, en cuanto terminé mi meditación al sonido de la canción "Todos los colores del arco iris" cantada por Snatam Kaur y un coro de niños y me saqué los auriculares, advertí que había tres hombres pintando los marcos de las hamacas, los subibajas y los trapecios del área de juegos. Lo primero que noté fue la sincronía de los colores de la canción con los colores brillantes de la pintura que deleitaban mi vista. Luego advertí el frío que hacía y con cuánto cariño estos hombres aparentemente rudos estaban trabajando para los chicos del barrio. Inmediatamente pensé: "Qué bueno sería convidarles algo calentito de tomar".

Para mi sorpresa, los pensamientos continuaron: "Podría ir a casa, preparar un mate, traerlo y ofrecérselos en agradecimiento". Eso es algo que la Carolina que yo conocía jamás hubiera considerado hacer, pero hoy...

A medida que me acercaba a casa jugando con la idea y deliberando si me atrevería a salirme de mi zona de comodidad y hacer lo que mi alma me estaba inspirando, todos mis miedos conocidos llegaron a saludarme, solo para encontrar a mi alma dispuesta a conversar con ellos:

Miedos: Qué simpática idea, pero el "amor" que viste en ellos fue solo tu reflejo. Seguro que van a pensar que estás loca.
Alma: Probablemente, pero si pude ver mi amor reflejado en ellos, eso continuará sucediendo cuando les ofrezca gratitud con mi mate.
Miedos:  ¿Por qué no hacés algo más seguro y simplemente les enviás la vibración de gratitud? Sabés que eso también va a funcionar.
Alma: Sí, pero siento que esta vez la gratitud material sería mucho efectiva, para ellos y para mí.

A esta altura, ya estaba en la cocina calentando el agua y llenando el mate con yerba.

Miedos: Van a creer que los querés envenenar.
Alma: Me ofreceré a tomar el primer mate.
Miedos: ¿En serio vas a tomar de la misma bombilla que ellos? ¿Y si tienen alguna enfermedad extraña? ¿No te da miedo que te contagien algo?
Alma: En realidad, no.

Ahora ya estaba en el ascensor, con el termo y el mate en el bolso y una enorme sonrisa en el rostro. "¡Lo voy a hacer de verdad!"

Miedos: Seguro que ya se habrán ido, y si todavía están, seguramente van a decir que no.
Alma: No me importa. No estoy haciéndolo por ellos. Estoy haciéndolo por mí. Mi intención es ir y agradecerles. Pueden aceptarlo o rechazarlo. No estoy apegada al resultado.
Miedos: ¿En serio? ¡Ya estás en la plaza! ¡Realmente vas a hacerlo!
Alma: Sip.

Yo: Hola. Pasé por acá hace un rato y los vi pintando los juegos. Me conmovió que lo estuvieran haciendo con tanta dedicación en una mañana tan fría. Así que fui a casa y preparé mate para convidarles en agradecimiento.
Hombres: (Muy sorprendidos) ¡Gracias! Pero ya estamos terminado y tenemos que ir a pintar otra plaza. Igualmente muchas gracias.
Yo: Bueno, de todas maneras, gracias por el trabajo que están haciendo para todo el barrio. ¡Que tengan un hermoso día!


Y aquí estoy, escribiendo mi experiencia mientras me tomo el mate que preparé con tanto amor y gratitud. Quizá no estaban preparados para un gesto de gratitud tan inesperado. Quizá la que no estaba lista era yo. Hay algunos pensamientos críticos en mi cabeza ahora diciendo: "Te faltó determinación. Debiste haber insistido". Los dejo ser y respondo: "Quizá". Pero en este momento nada puede quitarme este sentimiento fantástico de haber conocido una parte de mí que no sabía que existía, una que es atrevida, generosa y... ¡feliz! 

Quizá este fue el primer atisbo de mi Verdadero Ser, de mi Identidad Álmica, la Verdadera Esencia que estuve intentando descubrir con tanto ahínco durante tanto tiempo, y solo quizá, lo único que necesitaba era que yo me atreviera a gritar bien fuerte: "¡Piedra libre!"

martes, 7 de mayo de 2013

Atrapada entre aceptarlo todo y dejarlo ir…




If you get caught between the Moon and New York City,
the best that you can do is fall in love…
Christopher Cross

Recientemente advertí un conflicto interno que me ha tenido un tanto estancada, y como de costumbre, cuando algo irrumpe en la consciencia, es el momento perfecto para profundizar. Y lo hago.

Por un lado, mi corazón ha sentido total resonancia con el concepto de aceptar todo: toda energía, todo pensamiento, todas mis facetas, todas las facetas de “los demás”, toda emoción, todo sentimiento; en resumen, *todo*. Y eso es lo que he venido haciendo. Por ejemplo, la primera vez que permití al enojo ser y correr libre por mi cuerpo, simplemente aceptándolo sin reaccionar ni resistirlo, sentí su corriente acelerada y su potencia, e incluso lo celebré. Cada vez que el reflejo en el espejo desencadena pensamientos de desvaloración, simplemente me quedo ahí, reconociendo el triunfo de poder hacerles lugar y aceptar la parte de mí que compró la ilusión de esta realidad como la verdad, sin juzgarme –ni a mí ni a nadie más—por eso. En la práctica, esta herramienta me ha resultado muy útil.

Por otra parte, también he recibido reiterados impulsos y mensajes para “soltar”. Debido a que me he dado cuenta de las maneras en las que “me aferro”, las cuales mi cuerpo refleja a la perfección, sé que soltar es ciertamente otra parte del proceso de ascensión que requiere valentía. Sin embargo, esta parte  me ha resultado la más difícil porque hay cosas que no logro soltar, y a la vez porque, en algún punto, soltar es un término tan abstracto para mí que necesito una analogía que me ayude.

Si examino estos dos procesos juntos, empiezo a ver por qué soltar me ha resultado difícil hasta ahora: si estoy trabajando en la aceptación de todo, ¿soltar no sería lo contrario a aceptar y abrazar? En algún rincón interno, la respuesta parecía ser un “sí” definitivo. Entonces, si ambos procesos me resuenan y siento que transitarlos es imperativo para ascender a dimensiones más allá de la 3D, ¿qué otra lectura o interpretación de la aparente paradoja puedo hacer? ¿Qué otra posibilidad hay? ¿Qué es lo que no estoy viendo?

Elijo empezar con la parte de “soltar” simplemente porque mis runas y todos los indicios parecen apuntar en esa dirección. ¿Y si lo que necesito soltar no es algo malo, equivocado, maléfico ni nada que se le parezca? ¿Y si soltar no nace de ningún tipo de juicio de valor? ¿Y si soltar nace de la *gratitud*? Ya me gusta por dónde va esto… ¿Y si las cosas que estoy lista para soltar son como objetos que he superado con la edad? Si pienso en pañales, bebés y niños, un pañal es algo de muchísima utilidad para los bebés hasta cierto punto. Después de que un pequeño aprende a ir al baño, seguir usando pañales deja de ser útil y pasaría a ser una molestia y a interferir con sus movimientos. Pero sería ridículo juzgar a los pañales, ¿verdad? El niño (y la mamá!) puede simplemente estar agradecido de que existieron mientras los necesitó, y luego dejarlos. ¡Ah! ¡Me encanta esta analogía! Y también sirve para no juzgar a otros que todavía usan pañales. Si una amiga aún se aferra a algo que yo ya he soltado, no es asunto mío juzgarla ni aconsejarla; sé que lo dejará cuando esté lista. De la misma manera, si mi amiga ha soltado algo a lo que yo todavía me aferro, no hace falta juzgarme tampoco.

Entiendo que a esta altura, no solo tengo arrumbados pañales en el armario sino también chupetes, sonajeros, ositos de peluche, baberos y quién sabe cuántas cosas más, y es hora de hacer lugar para lo nuevo. Esta vez puedo mirar todos los objetos energéticos que ya no me sirven, agradecerles lo útiles que me fueron, amarlos por lo que son, y dejarlos ir, confiando en que todas esas energías encontrarán libremente su camino.

Así es que hoy, inspirada en una canción ochentosa de mi tierna juventud, si alguna vez quedo atrapada entre aceptar una energía y dejarla ir, lo mejor que puedo hacer es amarla y despedirla con un beso.

martes, 30 de abril de 2013

La bendición de ser recibida plenamente… por mí


Esta tarde, cuando fui a buscar a mi hija a la escuela, quedé cautivada por una mamá amamantando a su bebé. La imagen me retrajo a la dicha que sentí durante los quince meses que le di la teta a mi pimpolla. El momento se disipó raudo con el sonido y el ajetreo del entusiasmo de los chicos que salían de la escuela.

Sin embargo, pasaron unas horas desde entonces y me pregunto por qué hoy particularmente, esa imagen me causó tanto impacto. No hace falta que reflexione demasiado. Tomo un par de respiraciones profundas, y el júbilo de esos quince meses hace casi siete años está fresco y vivo en todo mi ser una vez más. Recuerdo a mi dulce beba *recibiéndome* completa e incondicionalmente: en los días buenos y en los no tan buenos; tanto cuando me sentía hermosa y como cuando temía ver mi reflejo en un vaso de agua; cuando olía deliciosamente recién salida de la ducha, al igual que cuando mi ropa estaba toda manchada de vómito. Cuando la alimentaba, la nutría, la abrazaba, la adoraba, era recibida por ella como si yo fuera el ser más mágico y magnífico sobre la Tierra, como si yo fuera la encarnación misma del amor.

¿Como si? ¿Acaso no sé ya que eso es EXACTAMENTE lo que soy? ¿Que estoy en el camino de ser plenamente consciente de esa VERDAD? Hace siete años no era lo consciente que soy ahora. Sin embargo, como el tiempo no existe en realidad, puedo manifestar una situación como la de hace un rato para traer el pasado al presente y experimentarlo como nuevo otra vez, aceptando todos los regalos que no fui capaz de ver entonces.

Ahora me doy cuenta de que mientras creía que el amor incondicional sobre la Tierra solo era posible de una madre para con sus hijos, no era consciente de que he sido total e incondicionalmente amada por mi hija probablemente desde el segundo de su concepción, en ese momento mágico y milagroso en el que empecé a compartir mi sangre y el aire que respiraba con ella. Mi autoestima era tan débil en ese entonces que no podía *ver* que estaba siendo totalmente recibida y amada por ella con el mismo amor incondicional que yo sentía por ella, o incluso más puro aún.

Entonces ¿cómo es que ahora, siete años más tarde, esta es la primera vez que puedo verlo? ¿Es posible que todos el trabajo interno que estuve haciendo en forma consciente esté dando frutos? ¿Es posible que finalmente esté a punto de recibirme a mí misma con el mismo amor incondicional que tuve la bendición de recibir de mi pequeña? ¿Puedo amarme hoy sin condiciones? ¿Puedo sonreír con amor a mi reflejo en el espejo en los días buenos y en los no tan buenos? ¿Puedo finalmente aceptarme y amarme plenamente cuando me siento linda como cuando no? ¿Puedo simplemente sentirme dichosa de ser *yo* sin importar cómo luzca, cómo huela o cuántas arrugas o canas me hayan salido? Sé que puedo, al igual que sé que algunos días quizá olvide cómo hacerlo. La diferencia ahora es que tengo el momento perfecto para traer al presente y así nunca más poder fingir que no es verdad, para que siempre recuerde cuánto me ha bendecido la vida con el ejemplo perfecto del más puro AMOR.

jueves, 7 de marzo de 2013

¿Cómo elegir co-crear algo como si ya estuviera aquí cuando no lo está?


Hace varios años que vengo leyendo y escuchando que cuando elijo co-crear algo para mí, debo imaginar o sentir que ya está ahí, que ya lo tengo; esa parece ser la *clave* para crear la realidad de mis sueños. Voy a confesar aquí mismo que lo intenté innumerables veces con bastante poco éxito. Sin embargo, parece que últimamente, con mi nueva confianza de que, como dice Panache Desai: "la vida no me pasa a mí, sino que la vida pasa para mí", tengo cierta percepción de que mis sueños de alguna manera ya están en proceso de materializarse.

Quizá sea por eso que cuando una amiga posteó en Facebook la pregunta: "¿Cómo puedo elegir algo como si está estuviera aquí?", me sentí llamada a responder. Lo que surgió, para mi gran sorpresa, podría ser la analogía perfecta que me permita lograrlo magistralmente. Aquí va:

Cuando *elijo* co-crear algo con el universo, por ejemplo una casa nueva, es como cuando estoy en casa y elijo hacer una torta para la tarde porque invité a unas amigas a tomar el té. En cuanto elijo hacer la torta, sé que para las 5:00 en punto va a estar lista. Sin ninguna duda. ¿La torta ya está? No, pero que es un hecho.

Primero me fijo qué ingredientes me faltan. Luego voy al supermercado, y mientras cargo el carrito, anticipo lo rica que va a estar la torta, lo suave y cremosa que sabrá en mi boca. Cuando llego a casa, empiezo a prepararla. Mientras mezclo los ingredientes, con harina por toda la cocina, las manos literalmente en la masa y huevos rotos en la mesada, no pienso: "¿Cómo saldrá una torta de este desastre? ¡Esto va muy mal! ¡Va a ser un desastre!" ¡No! La preparo con tanto amor y confianza en el proceso, que lo que pienso se parece más a esto: "Esta torta me saldrá tan sabrosa y deliciosa que mis amigas se chuparán los dedos y querrán otra porción". Acto seguido, pongo la torta cruda en el horno y me apresuro a vestirme. Mientras elijo qué ponerme, no pienso en la torta ni una vez, que se está cocinando y que estará lista muy pronto. Ahora es momento de arreglarme y poner la mesa.

¿Qué tal si aplico la misma confianza, certeza y soltura cuando elijo co-crear con el universo algo como una casa nueva? La única diferencia aquí es que no veré la receta de antemano y que gran parte del proceso se desarrollará mágica y milagrosamente. ¿Cómo no me va a ENCANTAR eso? Mi parte es sentir mi nuevo hogar, verme allí. Ni siquiera necesito ver el cuadro completo, simplemente disfrutar el hecho de que cuando la elijo, ya está en proceso de materializarse, confiando en que todas las situaciones que surjan a partir de ahora son parte de la "receta", sin importar lo confusas o alejadas del resultado final que parezcan.

Luego llevé esta analogía más lejos aún. A veces el universo nos pide que metamos mano en la receta en la co-creación de magia y milagros; mientras que otras, se parece más a pedir comida en un restaurante. Allí "elijo" del menú (en nuestro caso, ¡el menú es ilimitado!), "ordeno", y luego me entretengo con quien esté conmigo en la mesa (o con el libro de turno) hasta que llegue la comida. Cuando ordeno, tengo la certeza de que la comida llegará en un tiempo razonable y no tengo ningún interés en saber quién prepara mi plato, cómo lo preparan o qué otra cosa sucede alrededor. ¿Qué tal si pruebo con esta analogía la próxima vez que elija co-crear un sueño?

Ya siento que esta metáfora será un punto de inflexión en mi proceso de co-creación. Por eso, como siempre, comparto mis herramientas en cuanto las encuentro en caso de que le resulten útiles a alguien más, porque sé que cuanto antes lo dominemos, antes tendremos la Tierra con la que todos soñamos. Y ahora corro a la cocina porque... Bueno, ¡vos me entendés!

¡Hasta la próxima!

jueves, 14 de febrero de 2013

Enamorándome de mí




En un momento de mi vida, hace unos dos años, me resultó prioritario enfrentar la verdad que mi corazón estaba llorando a gritos, susurrando y suplicándome que oyera: "SOS suficiente, VALÉS, SOS digna de amor, SOS amor". Fue una noche oscura, estaba sola en casa, varada en mi cama y llorando tan fuerte que temía que algún vecino me tocara la puerta. Jamás me había sentido tan sola. Fue tras un par de horas de llanto y sollozo, cuando aparentemente no quedaba energía para continuar, que sentí a mi corazón. Estaba allí para mí, como una entidad separada, derramando su amor incondicional sobre todo mi ser. Esa noche, fue todo lo que hizo falta para seguir, pero cuando llegó la mañana, el sentimiento que me había calmado unas horas atrás parecía haber vuelto a esconderse. La única diferencia era que ahora SABÍA que estaba allí, ahora SABÍA que mi verdad era amor, ahora SABÍA que ese amor por mí misma era lo único que me daría paz para siempre. Y entonces me embarqué en el camino de recuperar ese amor para que su presencia no me dejara jamás, para que su presencia fuera yo. He recorrido un largo camino desde entonces, y siento que sigo andando. Sin embargo, las herramientas que vengo usando para avanzar me resultan útiles a diario.

La primera herramienta que desarrollé fue convertirme en mi propia madre. Toda la paciencia y amor incondicional que sentía por mi hija era algo de lo que yo también podía beneficiarme. Es muy fácil amarme tras un logro o en un día particularmente bueno; son los días en los que hago un berrinche, los días en los que meto la pata, los días cuando el mundo me refleja todos los aspectos de mí que aún no he abrazado los que son difíciles. En esos momentos, respiro y me bifurco: mi corazón se convierte en la mamá amorosa de la niña herida y caprichosa. De esa manera, es fácil amarme (después de todo, ¿acaso no amo a mi hija con la misma intensidad cuando ella hace un berrinche? Entonces, ¿por qué no amar a mi niña interior cuando hace lo mismo?), abrazar e integrar las características menos populares de mi personalidad.

La siguiente herramienta importante para regresar al amor por mí misma vino en la caja de un rompecabezas. Armar un rompecabezas difícil y mirar la imagen completa menos una pieza fue un gran hallazgo para darme cuenta de cuánto valgo en el rompecabezas universal e intergaláctico de la existencia. Toda la experiencia fue muy reconfortante, y si todavía no leíste ese artículo, te invito a buscarlo “Las enseñanzas del ordenador de almas” en el archivo.

Luego, en otra instancia, alguien me recordó que también podía reclamar todo el amor que alguna vez le hubiera dado a los demás. ¡Guau! ¡Eso es MUCHO amor! Pero ¿cómo lo reclamo? ¿Se los quito? ¡Claro que no! Esas preguntas me llevaron a la siguiente analogía: Todo el amor que alguna vez di es como un archivo que envié por correo electrónico sin haber visto qué había adentro. Por lo tanto, si busco, todo ese amor está almacenado en mi corazón como archivos sin abrir en mi disco duro, y puedo sentarme, respirar, abrirlos ¡y darme una dulce ducha de mi propio amor! ¿Cuántas veces le di lo mejor de mí a otro? ¿En cuántas vidas? ¿No es hora de degustar la delicia de mi propio amor? ¡Sí! Así que ahora, cada vez que me siento inferior, abro algunos de esos archivos y mi calidez me abraza tiernamente.

Más adelante, me recordaron la importancia de abrazar todo mi ser y permitirme sentir absolutamente todo lo que surgiera, dejarme sentirlo completamente, sin juzgarlo. Se dice más fácil de lo que se hace, ¿no? Yo también pensé lo mismo. Sin embargo, en asuntos del corazón, "pensar" no es lo más acertado. Resulta que en el momento en que quise ponerlo en práctica, me di cuenta de que todas las herramientas que venía usando me habían preparado y alistado para esta parte del trayecto.  Por ejemplo si una mañana me siento frustrada (como hace un par de días), esto es lo que hago: tomo nota del sentimiento, me permito sentirlo, festejo todos sus agregados (como cuando a mi frustración original se le suma que la conexión a internet está lenta o una llamada equivocada me interrumpe), escribo al respecto y lo comparto con esos amigos que entienden lo que estoy haciendo (recordá que no estoy buscando consejos en esta instancia) mientras el sentimiento cala más y más hondo. Y luego, de repente, cuando empiezo a reírme de cómo me aliento a seguir, se abre un espacio, ¡y la frustración ha sido integrada con amor y paciencia!

Entonces, ¿ya llegué? (al lugar que fuere). No. ¿Estoy más cerca? Sin duda. Por eso comparto estas herramientas con vos en caso de que te resulten útiles, para que las uses, las modifiques, o te sirvan para hacerte consciente de las tuyas. Y lo hago ahora porque detesto cuando la gente me dice que logró algo cuando ya está "del otro lado" (¡y me amo por detestarlos!), una vez que ya olvidaron cómo lo hicieron; o peor, esa gente que tiene la suerte de resolverlo todo en un segundo (¡cuánto los odio a esos también!) y hacen que termine buscando en dónde me equivoqué yo una vez más. Por eso, porque no quiero que me odies cuando llegue al otro lado, aquí está mi presente: el proceso paso a paso mientras aún voy cruzando el puente. Y si por casualidad tenés tus propias herramientas, ¿qué tal compartirlas conmigo para así poder darnos la mano y cruzar el puente juntos?