En un domingo que prometía ser muy tranquilo, me propuse poder pasar un rato "sin hacer nada". Como todo este trabajo de despertar la conciencia a veces me pone un poco ansiosa (quiero despertar de una vez, y ya, suficiente remoloneo!!), sé que el desafío más inmediato es relajarme, soltar, y (disculpen, pero traductora y todo, la palabra que sigue no tiene una traducción que me satisfaga) surrender. ¿Qué tan difícil podía ser?
Arrancó la mañana tempranito, 7:26 para ser exacta, con mi peque exigiendo el desayuno. Logré estirarlo hasta las 8. Una hora y media más tarde, mi hija estaba muy entretenida descubriendo sus habilidades de diseño en la PC, así me pareció buen momento para practicar la quietud un rato. Mi única idea era meterme en la cama y resistir todos los "tengo que" y los "debería". Debo haber durado unos diez minutos, de los cuales cinco me entredormí, ya que una hija no puede ver que mamá no está haciendo nada y hay que ir a saltarle encima!! Luego de un rato de juegos, me aboqué a varios "tengo que", luego el almuerzo, una ducha, y a eso de las 3 de la tarde creí que otra vez tenía mi oportunidad de "no hacer". Nuevamente el intento duró cinco minutos, por motivos muy similares al anterior. Y así siguió la tarde, hasta que finalmente, con mi hija en la bañera jugando tranquilamente, dije: "¡Ahora sí!". Y volví a intentarlo. Esta vez duré unos quince minutos, pero debo reconocer que me dormí, así que no sé si cuenta como "no hacer nada". De todas maneras, en algún momento reconocí que tengo muy arraigada la idea de que estar en constante hacer es lo que "está bien" y que eso de alguna manera le suma valor a mi persona. Con lo que vengo aprendiendo, hoy considero que eso es una verdadera tontería.
Es así que llegada la noche, con mi hija ya durmiendo, en lugar de no hacer nada me puse a escribir (que es mucho más sencillo que estar quieta), y en pocos minutos más, ya estaré durmiendo. Mi conclusiones: 1) Es muy difícil para mí "no hacer nada". 2) La dificultad del reto me indica que es algo que debo aprender (y ahí va el bendito "debo" otra vez). 3) La próxima vez que lo intente será cuando esté sola.
¡Hasta la próxima!
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