miércoles, 21 de marzo de 2012

¿Emoción o sentimiento?

Hace pocos días leí una diferenciación que me resultó interesante entre las emociones y los sentimientos. Una emoción es una sensación que se percibe en el cuerpo, que nos desestabiliza, nos saca de nuestro centro; fundamentalmente, es una reacción a algo que no entendemos, algo así como la "explosión de un malentendido". Ejemplos comunes de emociones son el enojo y el miedo. Los sentimientos, por otra parte, son "susurros del interior" que percibimos cuando estamos serenos y que son difíciles de ubicar en un lugar específico del cuerpo. Dentro de ellos están el amor y la alegría.

Las emociones deben reconocerse, aceptarse y sanarse para evitar que se alojen en un lugar que lastimen, ya sea a otro o a nosotros mismos. La propuesta es reconocerlas y aceptarlas en todo su esplendor y dejar que sanen "a la luz de la conciencia". Todo maravilloso, el asunto es ponerlo en práctica.

Pues bien, como era de esperarse, la oportunidad de practicar la teoría no se hizo esperar. Ayer estaba yo muy tranquila, cuando un email de trabajo desató en mí todo tipo de emociones muy fuertes. El temblor físico empezaba poco más arriba de los tobillos y llegaba hasta los muslos. El corazón se me había acelerado, el cuello y los omóplatos se tensaron también. En mi cabeza empezaron a surgir respuestas hipotéticas cargadas de enojo y de la necesidad de "tener razón" (yo siempre tengo la razón, claro, igual que vos, seguro). Así fue que decidí observar todo lo que me estaba provocando ese email (por eso puedo contarlo con tanto detalle). Empecé a buscar la raíz de mi reacción, y como pueden suponer, nunca es una raicita pura y evidente, sino más bien una madeja enredada de raíces que hay que ir desatando con mucha paciencia y amor (amor por mí misma, claro, aunque en parte de la madeja había una gran cuota de desvalorización). Si bien todas las sensaciones físicas seguían muy presentes, mi enojo con la pobre india que pretendía que yo trabajara a la hora que mi hija vuelve del colegio o que en su defecto trabajara toda la noche por muy (¡pero MUY!) poquita plata cedió. Logré sentir compasión por mis colegas que cumplen turnos que cubren las 24 horas, probablemente por poca plata también, a pesar de que mi misión actual sigue siendo sanarme y respetarme. Entonces le respondí amablemente que no podía cumplir esa tarea en ese tiempo, pero que hoy a las 8 am ya estaría disponible otra vez. Cerré los ojos y presioné "Enviar" con luz y amor. Y seguí trabajando con mi manojo de emociones, porque claro está, al haber hecho lo que yo sentía que era lo adecuado para mí, se sumaba el miedo feroz de que "nunca más" me mandaran trabajo (algo bastante exagerado de mi parte si considero que me mandan trabajo desde hace ocho años, pero les aseguro que el miedo estaba igual, rechinando en todo mi cuerpo). Y ahí seguían mis emociones tironeándose entre ellas. Me quedé quieta, cerré los ojos, respiré con conciencia y desenmarañé todo lo que pude hasta que solo quedó algo de tensión en la espalda. Lo que había leído decía que hacer conscientes las emociones bastaba para sanarlas. ¿Habría funcionado?

La comprobación no tardó en llegar. Esta mañana, mientras me preparaba para ir a dar una clase, llegó otro email que pedía que hiciera algo "de inmediato". Esta vez la emoción fue muy leve (¿cómo se les ocurre pedirme algo cuando tengo que salir?), y con toda amabilidad y con un real sentimiento de amor y respeto por quien solo estaba haciendo su trabajo, le respondí que podría hacerlo un par de horas más tarde. ¿Y saben qué? Me esperaron. ¿Y saben otra cosa? Más tarde me asignaron dos proyectos más, a hacer durante el día, mientras mi hija estaba en la escuela.

Seguramente esta será una lección con muchos exámenes parciales. De todas maneras, pienso hacer todos los méritos posibles para "promocionar" la materia y zafar del examen final.

¡Hasta la próxima!

1 comentario:

  1. La descripción de como se manifiesta el enojo en nuestro cuerpo es incríblemente gráfica!!!! me encanta Caro, tus palabras me llegan!

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