jueves, 13 de diciembre de 2012

Mi epifanía después del 12.12.12


Siento que elegir el nuevo paradigma no ha sido instantáneo para mí. Desde que supe concientemente que tenía que elegir, he enfrentado una situación tras otra para confirmar mi elección. Siento que el universo es tan infinitamente amoroso y respetuoso de mi libre albedrío que no quiere que una elección tan trascendental sea hecha a la ligera, deprisa o en un momento en el que no sepa bien lo que estoy eligiendo. Así que para mí, durante el último año y medio, ha sido una oportunidad tras otra de elegir el viejo o el nuevo paradigma. Después de haber elegido el nuevo muchísimas veces ya, empiezo a darme cuenta de los cambios radicales que se han producido en mí. ¿Cuánto tiempo más hasta que todo fluya con facilidad? ¿Cuántas veces más tendré que decir “¡Sí!” a lo nuevo hasta encarnar la mariposa que sé que soy? No lo sé, y a diferencia de ayer, realmente no me importa. Ya no me importa porque tras la consciencia que tengo hoy del respeto y amor infinito que el universo tiene por mí, puedo estar tranquila de que TODO está bien, TODO es perfecto tal como es. Estoy sostenida. Estoy cuidada. Soy amada. Soy amor. SOY

¡Hasta la próxima!

lunes, 10 de diciembre de 2012

Dentro de la crisálida




Aparentemente todo está inmóvil, y sin embargo, siento la ebullición. Los cambios todavía no son visibles para el mundo exterior, pero mi corazón recibe con gusto la nueva dosis de amor y compasión por mí misma. En el proceso, hay una carrera por conquistar la confianza, algunas dudas salen a la superficie para ser liberadas. Hay también cierta necesidad de justificar mi aparente quietud que se mezcla con sentir que no hay nada que explicar. Todo lo recordado hasta ahora ayuda, aporta… Y también confunde, se contradice. Aquí dentro conviven la dualidad y la unidad; es un lugar oscuro, pero seguro y cálido. Hay destellos de luz que aportan esperanza. Estoy sola aquí, y a la vez estoy conectada con todo.  Se dificulta encontrar silencio interior, la mente no quiere ceder, teme lo que desconoce. El corazón aporta infinita paciencia, “el tiempo no existe”, dice. La mente no entiende. En cuanto se expande un poco, quiere definir y organizar, y enseguida vuelve a contraerse. "Todas las respuestas están en tu corazón", dicen. "Solos no vamos a ningún lado", dicen. "El nuevo paradigma es el de la cooperación", se escucha. ¿Para qué cooperar si el universo todo está en mi corazón? ¿Buscar cooperación no es acaso aceptar que solos no podemos? ¿Y ofrecer ayuda no es acaso considerar que el otro la “necesita”? ¿Y si para llegar al corazón hacen falta herramientas propias y ajenas? ¡Pero no existe “lo ajeno”, es una ilusión! Busco lo que me resuena. Y lo que no me resuena, lo descarto. Pero, ¿no es lo descartado también reflejo de mí misma? Si elijo, separo; si separo, me alejo de la unidad, que es lo que busco… Oigo ecos de voces que me dicen que es muy simple, parecen seres que se han transformado ya; llaman, tientan, pero no veo que haya un puente para cruzar. Dicen que salte al precipicio, que me crecerán alas o que me recibirá una nube. Las metáforas no me sirven. ¿Qué es “saltar”? ¿O será “soltar”? Como sea, no sé de qué hablan. Todavía no reconozco ese idioma (qué va, ¡ni siquiera reconozco las letras!). Quiero rendirme, me quiero bajar, pero después del suspiro siempre hay algo más que me impulsa a seguir. A seguir buscando, ¿cuánto más puede faltar? ¿Alcanza con observar la transformación o hay algo que debo contribuir para completarla? ¿Y si contribuir es simplemente observar sin juzgar? ¿Y si contribuir es simplemente dejar que sea sin interferir? Los mismos que le pusieron fecha a la transformación se están desdiciendo. "No va a pasar nada", dicen. ¿Serán los últimos vestigios del miedo al desencanto? Las estaciones y los ciclos no son de un segundo al otro, es cierto; pero la transformación de la mariposa sí, el nacimiento de un bebé, también, cuando un fruto está maduro, cae en un instante. ¿Cuál es la metáfora más acertada? ¿O dependerá de lo que estemos eligiendo todos colectivamente? No sé vos, pero yo elijo la magia del instante, no me importa que me tildes de infantil. ¿No se trataba de volver a ser como niños? ¿No son los niños nuestros grandes maestros? Si soy el ser infinito que busco cocrear, ¿por qué elegir lo más difícil y largo? ¿Para qué encarnar en este tiempo si en realidad la magia se verá en cien años? Respiro. Miro alrededor. En este instante está todo tranquilamente desordenado. La mente no se calla. No habrás creído que te hablaba mi corazón, ¿verdad? No, mi corazón late, espera su turno, pero como no habla con palabras sino con vibración, todavía  no lo entiendo. ¿O le estará pasando data a la mente para que su vibración se cuele entre las palabras? Todo es posible. Pero hay algo en el aire, hay cierta excitación innegable, algo está pasando.  Si soy infinita, ¿por qué preocuparme por morir de hambre o inanición? Pero elegí ser humana, elegí un cuerpo sorprendente y hermoso, debería ocuparme de cuidarlo y honrarlo. Más que eso, ¡debería ocuparme de disfrutarlo! ¡Quiero que todos mis sentidos disfruten de los paraísos que hay en esta bella Gaia! ¿Cómo atraigo la abundancia que lo permita? Yo entendía que había que tener para hacer y luego ser; pero luego recordé que había que ser para hacer y después tener. Bueno, SOY, y ahora ¿qué hago?  Uso las herramientas que descubrieron otros. De a ratos me sirven, pero apenas me alejan de la largada.  Es que siento que hay una herramienta esperando a que yo la descubra (¿será por eso que las demás les sirven a otros y a mí no?). Si lo siento, será que es así. Pero ¿cómo la descubro? Escuchando a mi corazón. ¿Cómo entender su idioma? Escuchando con paciencia. "Que busque señales", dicen. Las señales me indican detenerme, pese a todo. Detenerme y respirar. Detenerme y no pensar. Detenerme y escuchar. Detenerme y sentir. Detenerme y aceptar. Detenerme.

Artículo originalmente publicado en el número de noviembre de 2012 de la revista digital "Serendipity in the Way", http://serendipityintheway.com/

jueves, 1 de noviembre de 2012

Mi intento de entender la ilusión de lo que llamamos "realidad"


Estoy más que dispuesta a romper todas las ilusiones respecto a esta realidad, a soltar todos los prejuicios y todo aquello que he percibido como bueno o malo hasta ahora. Esa línea de sopesar y cuestionar absolutamente todo me llevó a pensar sobre los alimentos y todo lo que he aprendido, oído y creído sobre nutrición hasta ahora. Si somos seres infinitos con elección y potencia infinita, si somos todo energía y tenemos el poder de sanarnos si nos lo proponemos, entonces, ¿qué tal si todo lo que he aprendido sobre alimentación y nutrición es también una ilusión? ¿Y si una manzana es tan saludable como una galletita de chocolate? ¿Y si lo que creemos como bueno o malo para nuestros cuerpos es solo algo que hemos acordado colectivamente en algún momento y simplemente porque nuestro prejuicio lo ha asegurado en su lugar resulta verdadero en nuestra experiencia?

Ensayé esta línea de pensamiento con una amiga el fin de semana pasado, y ella me dio todo tipo de argumentos para demostrarme lo que ella cree verdadero; sin embargo, yo ya estoy convencida de que es una simple ilusión, una de la que podemos liberarnos cuando un grupo de nosotros elija hacerlo colectivamente. Sin embargo, dado que ocasionó tanta controversia, dejé la idea de lado por un rato.

Pero ayer nuevamente, mientras caminaba por la calle evitando transeúntes que iban fumando, el cartel acerca de los cigarrillos en los kioscos me llamó la atención: "Advertencia. Fumar produce cáncer". Eso me hizo preguntarme en qué medida esos carteles que los fumadores leen inconscientemente al menos tantas veces como cigarrillos fuman por día perpetúan y recrean constantemente la verdad aparente sobre lo perjudicial que resulta fumar. ¿Y si nos hemos llevado a creer que fumar es perjudicial como otra forma de demostrar nuestra imperfección? ¿Y si no hubiera nada intrínsecamente malo en el tabaco? ¿Qué tal si simplemente hemos acordado colectivamente creer y crear eso?

Y así de fácil, ¿qué tal si colectivamente pudiéramos elegir permitir que los alimentos, las bebidas, el tabaco y las plantas simplemente sean, sin ningún prejuicio asociado a ellos? ¿Seguirían teniendo el mismo efecto benéfico o nocivo sobre nosotros? ¿Podríamos permitir que cada cosa sea solo una alternativa disponible, que simplemente sea?

Si todo lo que percibimos como realidad es una simple ilusión, entonces nosotros seríamos como actores de una obra de teatro. Me permito jugar con esa analogía un momento. Aquí voy.

Todos somos actores que hemos decidido interpretar un determinado papel en la obra de esta vida. Antes de nacer, elegimos nuestro personaje y todo el elenco, de total conformidad con todo y todos los involucrados. Luego encarnamos y olvidamos nuestro contrato prenatal a fin de montar la obra. Al igual que los actores pierden su verdadera identidad mientras actúan, sufriendo y disfrutando de todas las situaciones por las que atraviesa su personaje, así seríamos nosotros en esta realidad dual. Cuando una actriz interpreta a Julieta en "Romeo y Julieta" y bebe el veneno, el personaje muere, pero la actriz no; tras caer el telón, ella sale radiante, vivita y coleando a recoger aplausos, halagos y flores, y luego pasa a su siguiente papel. Lo que bebe como veneno en escena no es realmente veneno, ¿verdad? Sin embargo, para mantener la ilusión, tiene un efecto letal en el personaje. ¿Y si la actriz que interpreta a Julieta decidiera decir: "Un momento, en realidad no soy Julieta, esto no es verdadero veneno, solo estoy interpretando un papel y esta bebida es solo agua, no puede dañarme"? Si tal fuera el caso, ¿moriría el personaje de todas maneras? De igual forma, el que nos rompe el corazón es en realidad nuestro amigo, todas las situaciones externas son solo parte de un guión escrito por nuestro Ser Superior a fin de tener las experiencias que hemos elegido para esta vida. ¿Cuántos actores se necesitan para romper la ilusión? ¿O cuánta gente del público para el caso? ¿Y si en realidad soy la actriz de Hollywood más saludable, hermosa, exitosa, radiante, compasiva, encantadora, magnética, carismática y amorosa que la está pasando de maravillas yendo de un papel a otro? ¿Qué tal si mi verdadera esencia es este maravilloso ser con la capacidad de ganar experiencia y sabiduría con cada actuación? ¿Y si me permitiera ser consciente de esta verdad mientras interpreto cada papel? ¿Acaso cualquiera de las situaciones sería tan terrible como reza el guión? ¿Acaso cualquiera de las experiencias sería tan gozosa como regresar al hogar de mis sueños una vez apagadas las luces hasta la próxima función?

¿Cuántos maestros nos han dicho que lo que percibimos como realidad es solo una ilusión? ¿Y si fuera cierto? ¿Y si el año 2012 fuera la fecha que fijamos colectivamente como el momento de liberarnos de la ilusión de dualidad para todos los seres? En esta analogía, los espectadores vendrían a ser nuestros guías de otros reinos, listos para susurrar: "Ey, sabés que todo eso no es real, ¿verdad? ¡Animate a cuestionarlo todo! ¡Animate a recordar quién sos en realidad y sé libre!" Todos están alentándonos para que el elenco rompa el hechizo (eso me recuerda a mí alentando a Truman a descubrir la verdad en la película "The Truman Show"). ¿Y si lo que todos están haciendo es ser eco de lo que en nuestro corazón SABEMOS que es cierto, mientras que nuestro Ser Superior también susurra y nos da una pista tras otra para liberarnos de las trampas en las que se han metido nuestros personajes? ¿Y si este fuera el momento de recordar que somos solo actores y actrices que están listos para ser uno con su Ser Superior, listos para recordar quiénes somos en realidad, listos para interpretar el papel que elijamos en cualquier momento? Listos para vivir y disfrutar cada experiencia, sabiendo que es una simple ilusión. Listos para fluir de un personaje a otro con facilidad, dicha y alegría.  Si yo supiera con total claridad y certeza que esto es así, ¿me atrevería a ser el corazón valiente que rompa el hechizo? ¿Te atreverías vos?

martes, 25 de septiembre de 2012

Dejando los juicios de lado...¡con helado!




Estoy en la búsqueda incesante de expandir mis niveles de conciencia. Aprendí que la punta del ovillo está en hacer preguntas sin esperar una respuesta lógica, simplemente confiar en que la energía de la respuesta llega en forma instantánea y que mi percepción cognitiva llegará en el momento y la forma más adecuada. Esa técnica me tiene haciendo preguntas todo el día. En el proceso, me llegó la información de que la conciencia "abarca todo y no juzga nada". Fácil de recitar y repetir, pero ¿cómo hago para despojarme de todos los juicios de valor? ¿Qué distingue un juicio de una elección libre? ¿Qué distingue a un juicio de valor de la conciencia de una situación cualquiera?

Este fin de semana tuve la oportunidad de escuchar a alguien que contaba cómo celebraba cada juicio u  opinión que alguien hacía de ella. Por ejemplo, alguien le había dicho: "A vos yo no te importo, solo te ocupás de vos". A lo que esta persona respondía (no sé si en voz alta o para sí misma, pero la verdad es que da lo mismo): "Sí, además de todo lo que soy, en este momento solo me ocupo de mí, gracias por recordarme que en mi ser ilimitado, también soy eso". Mientras la escuchaba el sábado a la noche, veía muy lejano el momento en que yo llegara a ese nivel de aceptación y disfrute de mí misma. Sin embargo, hacer preguntas parece que sí funciona, y esta mañana, mientras volvía de llevar a mi hija a la escuela, se me ocurrió una analogía que inmediatamente empezó a abrirme muchas puertas y posibilidades.

¿Qué tal si comparamos las emociones, reacciones y actitudes con una ilimitada oferta de gustos de helado en una heladería? Hay muchos sabores, algunos parecidos entre sí con mínimas variantes, los hay de muchos colores, con crema, al agua, aptos para celíacos, reducidos en calorías, y además se los puede elegir combinados, en varios tamaños y modalidades y se los puede acompañar de frutas, grageas y merengues. Cuando vamos a la heladería con amigos, cada uno elige la combinación que apetece en ese momento, sin tener en cuenta lo que piden los demás. Algunos siempre eligen lo mismo, mientras que otros varían según el momento. Hay quienes eligen e incluso juzgan lo que eligen, y otros que simplemente lo disfrutan. Cuando alguien elige un sabor que a mí no me gusta, no impide que yo disfrute del que elegí y tampoco juzgo la elección que hizo el otro, ¿verdad? A veces puedo convidar o pedir de probar lo que eligió el otro.

¿Y si la elección de emociones, reacciones y actitudes fuera igual que elegir un helado? ¿Y si pudiera elegir y cambiar de sabores con total facilidad, flexibilidad y libertad? ¿Y si cuando otra persona elige algo distinto a lo que elijo yo, simplemente observo la elección como distinta a la mía, pero no la juzgo ni la catalogo de buena o mala? 

Por ejemplo, hoy elijo estar alegre, y si quienes me rodean elijen enojarse o estar tristes, simplemente entiendo que es su elección, y que no tiene por qué afectar la mía. Solo la afectará si elijo probar con mi cucharita un poco del enojo y la tristeza del helado ajeno. Pero también puedo dejar mi cucharita en mi "alegría" y quizá probar un poco del que para hoy eligió "paz" o "amor". De esta manera, no hace falta cuidarse, protegerse ni alejarse de los sabores que no elegimos, simplemente debemos ser conscientes del que elegimos nosotros y estar atentos a cuáles elegimos probar o compartir. Y si probé el de "angustia" y no me gustó, vuelvo a mi sabor de "alegría" y listo. Podría decirle al que eligió "miedo" que el sabor "amor" es más sabroso para mí, pero la decisión de probarlo es del otro, y no se trata de que yo se lo dé a probar contra su voluntad (se me ocurre la imagen del cucurucho en la frente o la de la cara en la torta al estilo de Los tres chiflados...).

¿Y si de verdad fuera tan simple? ¿Y si de verdad fuera tan fácil dejar de juzgar y juzgarnos? ¿Y si solo se trata de elegir con conciencia? Así que hoy elijo helado de alegría y confianza, con una lluvia de grageas de amor y una cucharita con una sonrisa dibujada. ¿Querés probar?

¡Hasta la próxima!

Copyright © 2012 – Carolina Iglesias – Permitida su distribución gratuita siempre que se citen la autora y la fuente. 

viernes, 10 de agosto de 2012

De traducir palabras a interpretar señales, parte II: Develando mi don


Desde hace un par de semanas vengo usando las runas para que me digan cuál es la tarea que debo hacer cada día para estar completamente alineada con el propósito de mi vida. Diseñé una tirada de cinco runas de manera tal que una me dice la tarea del día, otra me muestra de dónde proviene, la tercera me hace ver qué recursos tengo para cumplirla de los que estoy consciente, la cuarta devela qué recursos tengo disponibles de los cuales no soy consciente, y la quinta es la herramienta más útil para traerme los pensamientos, imágenes y emociones que necesitan sanación y atención para ayudarme a completar la tarea lo mejor posible. Se trata de una combinación de runas que puedo usar tanto en meditación como durante el desarrollo habitual del día.

Este sistema no solo me ha dado claridad, enfoque y paz mental, sino también un propósito especial para cada día en particular. También me ayuda a concentrarme en el presente, en el AHORA, en lugar de preocuparme por lo que podría pasar mañana. Además, independientemente de mi nivel de consciencia sobre mi propósito en esta vida, enfrento el día con la confianza de que HOY estoy haciendo exactamente lo que vine a hacer.

Mi tarea del día de hoy era reflexionar sobre un don, talento o regalo. Trabajé con mi tarea en la meditación de la mañana temprano, y después, durante el desayuno, me puse a reflexionar sobre la runa que había salido en la posición de "herramienta". Resulta que al otro lado de la mesa reposaba un rompecabezas sin terminar que estoy haciendo por puro placer, y la combinación de ambos empezó a abrirme los ojos. "Disfruto hacer encajar las piezas, poner en orden un supuesto caos, darle sentido a lo que aparentemente resulta imposible entender. Siempre disfruté hacer eso. En la secundaria estudié latín y griego antiguo, y me emocionaba cuando podía disecar los textos y descubrir el mensaje que parecía escondido. Más adelante pasé al inglés (¡con razón me resultaba fácil al lado del griego antiguo!). Cuando lo enseño, ayudo a mis alumnos a darle luz a las palabras para que puedan comprenderlas en su totalidad; cuando lo traduzco, hago que las frases sean entendibles y claras a fin de que el lector pueda ver lo que en inglés le resulta oculto. Escribir, tanto en inglés como en español, me da la oportunidad de organizar mis pensamientos, sentimientos y emociones de la manera más bella que puedo, y el proceso siempre me deja radiante de alegría, independientemente de cuánta gente lo lea, comente o comparta: es la dicha de entenderme mejor a mí a misma.  Y ahora, tras algunos años de estudiar -mejor dicho, "recordar"- el simbolismo de las runas, finalmente develé de qué manera me resultan más útiles, y en consecuencia, 'ver' el mensaje que encierran me resulta natural". Y en ese momento me di cuenta, ese es MI DON, eso es lo que comparto con el mundo, la capacidad de echar luz sobre las sombras de lo que no se entiende, llevar claridad a lo que es confuso. Y de repente entendí: puedo realizar cualquier actividad que involucre el proceso de descubrir o develar mensajes aparentemente crípticos ya que cualquiera de ellas me llenará de alegría. Además, es una forma de compartir este "regalo" con los demás. Por eso en mi página de internet ofrezco clases, traducciones, tiradas de runas y comparto mis experiencias en los blogs: porque todas esas actividades son la máxima expresión de mi talento, y si lo pienso, todo se reduce a lo mismo. Aún más, es mi forma particular de ser alquimista ya que transformo el miedo y la confusión en seguridad, claridad, y en última instancia, amor. ¡AHHH! ¡QUÉ EMOCIÓN!

Así que, como ves, estoy constantemente definiendo y redefiniendo quién soy en busca del gran e iluminado YO SOY. El proceso es una aventura tan gozosa que realmente espero inspirarte a adentrarte en lo profundo de tu corazón y dar el mejor paseo de tu vida. Y si ya estás en el camino, bueno, ¿no es emocionante saber que no estás sol@?

¡Hasta la próxima! J

lunes, 6 de agosto de 2012

De traducir palabras a interpretar señales - Parte I

Desde que tengo conciencia de mis procesos de aprendizaje, lo difícil siempre ha sido unificar la suma de las partes. Por ejemplo, cuando me dispuse a estudiar numerología, comprender y recordar cada arquetipo individual me resultó muy sencillo, pero cuando quedaba armado el mapa numérico de una persona y los números comenzaban a complementarse, intensificarse e interactuar entre sí, ahí perdía toda la claridad y se desvanecía mi entusiasmo por ahondar más en el tema. Lo mismo me pasó con otras disciplinas: cuando llegaba el momento de unificar, perdía confianza en mi capacidad de entender el entramado completo y abandonaba su estudio. Y así fui pasando por muchas "materias", sumando nociones básicas de cada una, pero sin lograr una comprensión acabada de ninguna.

Sin embargo, hace unos años, de una manera bastante curiosa, me propuse estudiar la simbología rúnica. Pero esta vez, en lugar de estudiar por mi cuenta a partir de libros, tomé un curso presencial de varios meses. Lo críptico de los símbolos me atraía mucho, comprender su significado a simple vista representaba para mí un desafío que estaba dispuesta a aceptar porque intuía la confianza que me daría poder "ver" sus mensajes aparentemente ocultos. El primer nivel fue agotador. Resulta que cuando uno va pasando por todo lo que significa cada ideograma, repasa necesariamente toda su vida y va imaginando qué runa representa mejor cada momento. Pero ya, enseguida, en el segundo nivel, empezamos a estudiar, analizar y practicar "tiradas" que incluían varias runas. Te confieso que pensé que abandonaba ahí mismo. Me sentía totalmente incapaz de lograrlo, temía abrir la boca para decir lo que yo entendía a partir de las runas que tenía delante y ahogaba la voz de mi intuición. La profesora me alentaba y decía que iba bien, pero yo no lo creía. Así que tal como suele suceder, el Universo parecía conspirar a mi favor para confirmar mi inaptitud para el tema cuando llegado el momento del tercer nivel no tenía el dinero para pagarlo. Así que, en parte aliviada, llamé a la profesora para explicarle por qué no seguiría. Sin embargo, cuando algo está alineado con el camino personal, el Universo se las ingenia para que lo sigamos, a pesar de nosotros mismos. Pues que la profesora estaba tan convencida de que ese era mi camino, que me regaló el tercer nivel, sin más. Me dijo: "Vos venís igual y no lo pagás, pero no podés abandonar ahora, vos no". Es difícil negarse ante alguien que te tiene más confianza que vos misma. Así que seguí, con la responsabilidad agregada del "VOS no podés abandonar". Y el entramado se siguió complicando más y más hasta llegar al quinto nivel (parece que tenía que seguir no más, ya que los siguientes meses mis ingresos me permitieron pagar el resto del curso). En ese entonces, de las diez personas que habíamos empezado, quedábamos solo dos, y el mapa que nos tocaba estudiar, de sencillo no tenía nada, más bien todo lo contrario. Pero ahí estaba yo, leyéndolo, interpretándolo, y sintiéndome bastante segura.

A partir de ese momento, las runas han sido fieles compañeras, tanto que hasta me permiten enojarme con ellas sin abandonarme. Cuando ha sido imperioso obtener una respuesta segura sobre situaciones ajenas a mí, han sido impecablemente claras y rotundas. Cuando necesito una orientación porque las señales se contradicen, también me aclaran el panorama, o me dicen que debo ser paciente y esperar a que la situación aclare sola. Además, su significado es tan claro para mí, que me llegan mensajes a través de ellas en mis meditaciones, y podés verlas combinadas en el mandala que encabeza mi blog y mi página web. Y ahora, con todo el camino recorrido, sacan a la superficie mis partes más oscuras de manera bastante indolora a fin de que pueda sanarlas y transmutarlas, y otras veces las dibujo y coloreo dentro de un mandala con el objentivo de que me aporten tranquilidad o sanación.

Como verás, el asunto de "adivinatorio" no tiene nada, es simplemente una herramienta de apoyo en el camino de descubrir quién soy, verdaderamente, despojada del traje que me confeccioné en esta vida. Y se trata de unificar partes, de reconciliar luz y oscuridad, y ya a esta altura, de qué significa cada una para "mí", independientemente de lo que diga el libro o los apuntes. Después de todo, lo primero que aprendí fue que las runas no se aprenden sino que se recuerdan...

Esta mañana estaba observando cómo mi mente se retorcía intentando reconciliar todos los mensajes y señales recibidos las últimas semanas, enojada y caprichosa porque todo parece contradecirse, sintiendo la tensión en mi cuerpo de querer VER y tener una neblina densa delante de los ojos (ayer hubo mucha neblina en el ambiente, ¿casualidad?). Cuando la sensación fue insoportable, respiré y volví a respirar, y a continuación recordé el proceso que pasé con las runas: mágicamente, las piezas empezaron a encajar nuevamente...


martes, 3 de julio de 2012

La luz en el medio del túnel

Ayer volví a tocar fondo. Lo curioso es que cada fondo es más profundo y más oscuro que el anterior. Es que parece que todo mi trabajo de luz es invisible, inútil, inservible para este mundo. La sensación de separación que me inunda es la más sobrecogedora hasta el momento...

Con todo el trabajo que estuve haciendo conmigo misma he logrado sanar relaciones y heridas muy antiguas, llegué a verlas "con luz", a comprenderlas desde el corazón, a perdonar y perdonarme. He logrado hacer amigas nuevas, de esas con las que podés compartir "la vida" sin caretas. He logrado momentos de mucha lucidez. He logrado descubrir mi talento para compartir con el mundo. He logrado ver de qué manera quiero trabajar a partir de ahora. He sanado situaciones de mucho dolor y angustia a partir de dejar aflorar las emociones y darles luz. Me comprometí a compartir cada paso desde mi más profunda vulnerabilidad para llegar a otros corazones como el mío. Agradezco todo lo que tengo, aunque lo sienta prestado, agradezco por mi hija aunque no me pertenezca. Agradezco "no tener" para evitar la tentación de buscar las respuestas afuera, para evitar distraerme. Agradezco cada paso y cada  giro inesperado, agradezco las palabras de aliento y bendigo a quien está tan herido que su única fuente de placer es agredirme. Reconozco mis dolores y mis miedos y los enfrento, les doy mi atención hasta que desaparecen. Busco señales que me confirmen que voy por el camino de la luz porque desde este lugar del túnel no se ve, porque todavía hay mucha niebla y no veo el horizonte. A veces las señales llegan a través de esos pajaritos que pocos oyen, de una flor inesperada, o las trae el gato de la vecina que me mira fijo, la foto subyugante que me llega por mail o la frase acertada y tranquilizadora que una amiga publica en Facebook.

Sin embargo, he llegado a un punto en que todas las "verdades" que he encontrado se contradicen. Siguen siendo dos caras de una misma moneda. No hay nada definitivo. Sigue la dualidad. No logro trascenderla. Y cuando ya había creído que había "probado todo", hubo nuevas cosas que probar y demostrar que no funcionan para mí. Me resuena la canción de mi infancia "Santa Teresa es muy buena pero a mí no me ha hecho nada..." Y así me encontró anoche, MUY enojada porque si bien recorrí un largo camino no tengo idea de cuánto me falta. No sé qué porcentaje del trayecto ya tengo "ganado" ni tampoco si estoy por rendirme a un metro de la línea de llegada. ¡Y tengo tantas ganas de rendirme! ¡No te imaginás cuánto quiero tirar la toalla! Simplemente dejarme morir y pasar a la vida siguiente. Siento que cuando planifiqué esta vida puse el estándar demasiado alto, desafíos muy duros para sortear sola, o tal vez fueron demasiados. Me di demasiado crédito y me equivoqué. Quizá la salida sea abandonar la partida y dar de nuevo.

Pero no puedo. El amor que siento por mi hija es mucho más fuerte que mi desazón. Al menos tengo que llegar hasta que ella tenga las herramientas necesarias para valerse por sí misma. Y al mismo tiempo siento que con todo mi amor se cuelan mis carencias, que le quito más de lo que le doy... ¿De dónde saco la fuerza para aguantar quince años más? ¿Y cómo hago para darle la entereza que yo no tengo? Te juro por mi alma que no lo sé...

Pero entre las tinieblas algo sí cambió. En absolutamente TODAS las veces anteriores en las que toqué fondo me maltraté con palabras, me agredí y me insulté más allá de lo imaginable. Las cosas que me atreví a decirme no se comparan con lo que cualquier otro pueda haberme dicho jamás (¡y me han dicho cosas muy hirientes!). Pero así y todo, esta mañana, tras haber llorado en silencio en la ducha, no me agredí. Esta vez no menosprecié todos mis logros y mi compromiso calificándolos de burlas del destino. Resulta que en este punto, aunque nadie "me vea", aunque nadie lo valore, aunque no valga nada en el mercado, YO lo veo. Yo sé que estoy al ciento por ciento, en cada momento. Yo sé que estoy traspasando mis propios límites con cada aliento. Yo sé que estoy dando todo de mí como alma encarnada y como madre en esta Tierra. Sé que aunque me equivoque, cuido mi cuerpo; aunque el mercado no la entienda, mi propuesta laboral representa la entrega del trabajo de toda mi vida y de mí al 100%; aunque no siempre lo logre, estoy atenta para evitar juzgar al prójimo; aunque no siempre me salga bien, me ocupo de ser el cambio que quiero ser en el mundo. Y así, hoy en lugar de agredirme, me abracé. Y mi abrazo fue más fuerte y sentido que el que jamás haya recibido de otra persona. Y me dije "te amo". Y en mi abrazo busqué a esa madre interior que hace un tiempo descubrí, y esto es lo que me dijo:

                        "Chiquita, sé que estás sufriendo. Sé cuánto duele. Quisiera poder decirte que sé cómo sigue el camino, pero no lo sé. Quisiera evitarte este dolor y hacerlo desaparecer, pero no está en mis manos. Sin embargo, veo toda tu entrega y tu compromiso, veo toda tu valentía y todo tu coraje y estoy orgullosa de vos. Te amo. Te abrazo, te contengo y deposito en vos todo mi amor. Yo te veo".

Hasta la próxima...


lunes, 18 de junio de 2012

Aprendiendo a leer, ¡otra vez!


Mi hija, Annika, está aprendiendo a leer. Cada cartel, cada etiqueta es una ocasión para probar el desarrollo de sus nuevas habilidades. La chispa de alegría en sus ojos verdes ante este incipiente mundo nuevo hace posible lo que parecía imposible: mi amor por ella sigue creciendo, se expande. Estoy colmada de gratitud por esta maravillosa oportunidad de ser testigo del emocionante proceso.

Esta mañana eligió un libro sobre magos y princesas y lo llevó a la mesa del desayuno. Después de devorarse el café con leche con galletitas y mientras yo seguía sorbiendo mi té caliente con aroma a canela, empezó a leer. Una vez más, mi corazón palpitaba, alentándola, saboreando cada articulación de las sílabas. Está en una etapa en la que todavía está insegura respecto del sonido correcto de la "c", y no entiende bien cómo operan la "q" y la "g" más la "u".  Yo estaba igual de feliz con sus aciertos como con sus faltas, y mi corazón aplaudía cada vez que ella se corregía sola. Fue precisamente por eso que no sentí el impulso de corregirla. Y porque, como profesora, sé que los llamados "errores" son recursos valiosos en todo proceso de aprendizaje. Pero por sobre todo, estoy ciento por ciento seguraconvencida de que son cosas que tarde o temprano va a aprender.

Fue exactamente en medio de todos esos pensamientos y sentimientos que pude esbozar otra analogía con ser mi propia madre. En tanto mi madre, que estoy en el proceso de recuperar mi autoestima. Estoy aprendiendo a leer y seguir las señales en la ruta de regreso a estar totalmente consciente del valor de mi alma, en el sendero de recordar quién soy realmente. También estoy segura del resultado: voy a llegar, sin duda, pase lo que pase, a mi propio ritmo. No hay nada que vaya a hacerme rendir; es el próximo peldaño que debo subir a fin de continuar con otras cosas; mi éxito es tan inevitable como el de Annika en su aprendizaje a leer y escribir. 

Y una vez más, encontré un nuevo cimiento en donde resolver cualquier emoción de duda y temor que pueda surgir. Cada vez que eso suceda, solo debo conectarme con esa certeza para iluminar dichas emociones; así sanan y se desvanecen, dejándome espacio para rejocijarme con mi proceso y celebrarlo también.

Por lo tanto, mientras la madre sabe todo esto y observa con amor y paciencia, la hija puede simplemente disfrutar el trayecto, llena de confianza y seguridad en sí misma, totalmente despreocupada. Caminar, correr, tropezar, caer, llorar, levantarse, continuar, saltar, volver a caer, reír, levantarse, limpiarse las rodillas, caminar hacia atrás, reír un poco más: ¡todo vale! Mi hija interior puede andar su camino con soltura y entusiasmo, con la plena certeza de que -como suele suceder- mamá sabe más J

Copyright © 2012 – Carolina Iglesias – Permitida su distribución gratuita siempre que se citen la autora y la fuente. 

viernes, 8 de junio de 2012

I will survive...!



Uno de los pasatiempos preferidos de mi niñez era escuchar música y aprenderme las canciones de memoria. Mamá lo había advertido y me compraba discos nuevos con bastante frecuencia. Tuve mucha suerte porque estuve expuesta a canciones muy hermosas hechas especialmente para niños (Julieta Magaña, Cantaniño, Jovita Díaz, ¿te acordás?). Con cada canción, imaginaba mi propio videoclip, (¡una verdadera adelantada a MTV!). Las letras sobre la amistad, el poder de la imaginación y los mundos utópicos gobernados por niños provocaban las fantasías más vívidas, me transportaban a soñar de una forma mucho más poderosa que los libros.

El tiempo pasó y llegué a la adolescencia. Mi gusto musical empezó a cambiar y muy pronto mi abanico musical se amplió para incluir canciones en inglés. También coincidió con la explosión pop de los años ochenta: la combinación de estribillos pegadizos y ritmos llenos de vida me resultaba celestial. Pero había un problema: no entendía las letras. De pronto, todos los sermones de papá sobre la importancia de estudiar inglés tenían un propósito: ahora quería estudiar el idioma en serio para poder entender de qué trataban mis canciones favoritas.

Fue así que empecé a crear mi propia base de datos con letras de canciones. Presionaba hasta el infinito los botones “adelantar” y “retroceder” de mi “pasacassette” (mejor te digo mi edad de una vez y ya, ¿no?) intentando descifrar cada palabra. Debo decir que no era una tarea sencilla. Dejaba espacios en blanco donde me faltaban palabras y subrayaba los segmentos de los cuales no estaba segura. Revisaba mis archivos regularmente, y poco a poco pude empezar a completar algunas de las canciones. No te imaginás la emoción y la alegría que sentí la primera vez que completé una, y la sensación de logro cada vez que entendía una línea complicada. Entre las que aún recuerdo está “It’s like a knight in shining armor, from a long time ago” de “The Glory of Love” de Peter Cetera. Solo un no nativo sabe lo difícil que le resulta eso a un estudiante de nivel intermedio.

Esta mañana cuando meditaba en mi elíptico, me vino a la memoria cómo fue que completé “I will survive” de Gloria Gaynor. Había luchado con la primera línea del segundo verso durante muchísimo tiempo; a pesar de mi empeño, me resultaba imposible de entender. Y una noche, estando en el baño preparándome para ir a una fiesta, esa canción empezó a sonar en la radio. Me puse a cantarla como una loca preparándome para callarme cuando llegara la línea misteriosa. En el momento exacto en que me estaba poniendo rímel en el ojo izquierdo, me callé y escuché claramente: “It took all the strength I had” (Hizo falta toda mi fuerza). Fue una felicidad rotunda. Me apresuré a mi cuarto y la anoté en un papelito por miedo a olvidarla. La única pena era que no tenía a nadie con quien compartir mi hazaña, simplemente porque nadie entendía mi pasión ni lo mucho que había luchado con esa línea.

Después de la meditación, me pareció curioso haber recordado todo eso hoy, después de tantos años, y sin embargo… Luego volví sobre la frase completa: "Hizo falta toda mi fuerza para no desmoronarme…" Y en ese instante, se repitió la felicidad rotunda de aquel momento. No solo había sobrevivido todas las dificultades desafiantes entre ese momento y este, sino que lo había logrado como resultado de haber reunido todas mis fuerzas una y otra vez. Sentí que la adulta que soy hoy se encontró por un instante con la adolescente soñadora de entonces, y con mucho amor le dije: “Bien hecho, chiquita, aferrate a esas palabras porque muy pronto adoptarán un significado totalmente distinto. Pero no tengas miedo, porque tu luz es la armadura brillante que te ayudará a sortear todos los obstáculos y se asegurará de que sobrevivas. Yo soy la prueba viva de eso”.

Copyright © 2012 – Carolina Iglesias – Permitida su distribución gratuita siempre que se citen la autora y la fuente.

jueves, 7 de junio de 2012

Ser hija de mí misma


Creo que encontré oro. Soy muy consciente de que mi mayor lucha en esta vida es conquistar mi autovaloración. Cuando me enfrenté cara a cara con ese hecho, el primer consejo que leí fue que debía crear afirmaciones poderosas para revertir el patrón. Cada vez que descubría una emoción que reflejaba mi baja autoestima, me defendía con uñas y dientes haciendo uso de una afirmación convincente con la esperanza de que la incomodidad se desvaneciera. Me pregunto si alguna vez pasaste por lo mismo. En mi caso, no funcionó. Es más, me dejó aún más descorazonada que antes porque ahora había algo más en lo que había fracasado.
No obstante, si alguna vez luchaste con tu propia autoestima, sabés lo dolorosísimo que es oír tu propia voz criticándote sin un ápice de compasión por el esfuerzo que ponés en todo. Lo curioso, sin embargo, es que de alguna manera, en algún lugar, presentía que yo tenía un valor especial, pero a esa certeza le encantaba jugar a las escondidas, y la mayoría de las veces, su mayor diversión era permanecer oculta y apostar cuánto tiempo me llevaría descubrir su escondite secreto.
Algún tiempo atrás, me di cuenta de que me sentía segura en mi capacidad de madre-padre (siendo una mamá sola, sé positivamente que el crédito de la crianza de mi hija es SOLO MÍO). La intuición maternal de nutrir, apoyar y amar incondicionalmente a mi hija se me daba naturalmente, y con la ayuda de unos pocos libros bien elegidos, pronto entendí el valor de establecer límites claros de forma amorosa pero firme. Entonces pensé: “¿Y si empiezo a construir mi autoestima sobre la certeza de que soy una madre excelente (¡no dije perfecta!)? ¿Y si para encontrar la compasión y el apoyo que busco afuera casi con desesperación recurro a la madre sabia que me habita?” Al principio me pareció un poco descabellado, pero con el correr de los días, empecé a ponerlo en práctica. ¿Y adiviná qué? ¡Empezó a funcionar!
Ahora cada vez que me detecto maltratándome, me detengo un momento y adopto la función de madre-padre. Me digo algo como: “Sé que estás [enojada, molesta, triste, desilusionada, completalo como quieras], y sé que duele. Te amo con todo mi corazón y estoy acá para sostenerte hasta que pase el dolor. Llorá si tenés ganas, te amo incondicionalmente”. Al hacerlo, lo primero que sucede es que paro en seco las palabras de desprecio; y acto seguido, me recuerda que mi parte más sabia cree que soy valiosa (¡y quién soy yo para discutir con ella!). Y mientras escribo estas líneas, caigo en la cuenta de que con este cambio interior, la certeza evasiva que se divertía tanto escondiéndose disfruta más adoptando el nuevo papel parental que le asigné. Así que pienso continuar con esta estrategia para ver adónde me lleva. ¡No te pierdas mis próximas epifanías!
 ¡Hasta la próxima!
Copyright © 2012 – Carolina Iglesias – Permitida su distribución gratuita siempre que se citen la autora y la fuente. 

viernes, 1 de junio de 2012

Experimento quietud

Ayer se cumplió el mes en el que me había propuesto no hacer "nada" en relación a mi situación económica y laboral. Si no hubiera registrado en mi diario lo que fue ocurriendo día por día, sería imposible recordar todas las cosas que me pasaron. Aparentemente podría decirse que no pasó nada. Sin embargo, desde mi punto de vista (que a esta altura es el único que me importa), la avalancha de sucesos sigue conmoviéndome e inspirándome.

Empecé muy tranquila porque tenía 30 días enteros por delante para que el Universo obrara su milagro en mí, después de todo, todos los mensajes habían sido muy claros en que debía dejar de buscar en el mismo lugar y de la misma manera. Además, ya había empezado a sentir que era hora de hacer un cambio, de elegir otro camino, pero no tenía ninguno visible por delante.

El primer día recibí un sueño que actuó como un rayo y destruyó unos cuantos límites autoimpuestos (¿te diste cuenta de que esos son los únicos que realmente limitan?). Un par de días más tarde, una publicación de un contacto de Facebook me llevó a buscar más información sobre la canalizadora del mensaje y me inscribí en su newsletter. Al día siguiente me enteré de una meditación global de 40 días por nuestros niños, y ya vamos por el día 20 (increíble la energía que siento sabiéndome una de las 11.200 personas que la estamos haciendo). El día 5 de mayo pasó algo que no me esperaba y que no habría podido predecir, mucho menos pedir: a mi casilla de correo llegó una invitación a participar de un teleseminario para autores de libros de transformación que parecía hecho especialmente para mí. Durante diez días, escuché por internet a veintidós seres maravillosos e inspiradores que compartieron generosamente (¿te dije que era gratis?) sus historias, métodos y consejos, además de libros electrónicos y un montón de material relevante. Con la disciplina que me caracteriza, me senté cada tarde junto a mi PC, bloc de hojas en mano, y tomé apuntes con la dedicación que lo hacía en la facultad, con la diferencia que en esta oportunidad, varios profesores tuvieron la capacidad de conmoverme hasta las lágrimas más de una vez. Promediando el curso tuve la visión reveladora: ¡no estoy estancada, es solo que el bote no va para donde mi ego quiere! Eso me devolvió la alegría para seguir adelante, maravillándome con el camino que se iba iluminando ante mis ojos.

Es así que, treinta días después de mi "experimento" y habiendo superado las pruebas del eclipse (¿vos también las recibiste?), empiezo junio con un nuevo proyecto que ya tiene nombre, contenido y forma. Además adquirí herramientas para dar los primeros pasos y hasta tengo algunas para poner en práctica cuando ya esté en marcha. Ya tengo una hoja de ruta trazada y confío plenamente en que sabré leer las señales que aparezcan. En el silencio tuve la bendición de ver mi camino y descubrir cuál es la transformación que ya empezó a manifestarse en mí.

Por lo tanto, no solo declaro el experimento como súper exitoso, sino que además me propongo continuar fluyendo a donde mi bote vaya. Ahora sé que a mi bote no lo mueve el viento, navega certero en dirección a lo que la energía de mi corazón atrae. Por lo pronto, la meditación con tambores y música de hace un rato me llevó a un lugar muy parecido a este:


¡Hasta la próxima!

martes, 15 de mayo de 2012

Prueba sorpresa

Las pruebas de la Vida, a diferencia de las de la facultad, siempre son sin aviso. En este caso, fue tan preciso el momento en el que se presentó, que no puedo dejar de reírme (¿será señal de iluminación?).

Estaba yo en un momento de mucha paz, atenta a todo a mi alrededor, a pocos días de haberme sumado a una plegaria global por los niños que durará 40 días, sintiendo mayor ligereza en el aire a medida que mis meditaciones me llevan a nuevas epifanías, cuando de repente, el diablo asomó la cola. Y así, sin más, tenía la prueba sorpresa delante de la glándula pineal. El enunciado era el siguiente: "He aquí el ser que pretende oscurecer tu luz, disfrazado, a escondidas, creyéndose más listo que vos (ya sumaste varios puntos al descubrirlo al instante). ¿Cómo vas a reaccionar? Desarrollar".

Y desarrollo (¿acaso tenía opción?).

            En primer lugar, si bien no creo en el diablo, soy consciente de que hay seres que elijen la oscuridad con el mismo libre albedrío con el que yo elijo la luz. De corazón les agradezco a esos seres su existencia, ya que en esta realidad dual, son necesarios para que brillar sea una elección y no algo inevitable.
     En segundo lugar, Vida, creo que me merezco algunos puntos más por el hecho de que no tuve emociones reactivas, tan solo un simple: "¿Ajá? ¿Apareciste disfrazado? ¡Qué ingenuo!" (La última frase fue de mi ego, evidencia de mi imperfecta humanidad). Acto seguido, esta prueba me hizo sentir la gloria de la fortaleza y seguridad adquiridas, ya que mi brillo es imposible de opacar con un poco de oscuridad escondida (¡qué ironía que la oscuridad deba disfrazarse de luz para ocultarse!). Este paréntesis me lleva aún más allá: Un ser oscuro disfrazado de luz necesariamente debe iluminarse un poco, lo cual indefectiblemente debilita su negrura. En consecuencia, si  ya mucho antes de la prueba no le temía, mucho menos ahora que quedó reducido a los restos de ceniza de mis inciensos.
       Y para concluir, no en vano esta semana me llegaron mensajes sobre el fortalecimiento de la energía masculina. Es así que el soldadito de paz que protege mi energía femenina, ese que con firmeza dice "hasta acá", fortalecido por todo mi trabajo interior, le pone un límite a ese ser oscuro y le dice: "Respeto tu elección y no la juzgo, pero en mi santuario de luz y paz no sos bienvenido".

Y así le entregué la hoja a la Vida. Debió de gustarle, porque apenas al rato, me hizo un guiño que solo yo podría haber entendido.

¡Hasta la próxima!



jueves, 10 de mayo de 2012

Poniendo la casa en orden

Empezó hace dos años con una lluvia fuerte que inundó mi comedor. A los pocos días, el piso empezó a hincharse formando una leve joroba de camello justo en el paso que daba al balcón. Al tiempo se desinfló, y todo pareció volver a la normalidad. Sin embargo, otra inundación repitió la joroba, y esta vez las tablitas del parquet se desprendieron y muchas de ellas quedaron levantadas, dificultando la salida al balcón. Tibiamente solicité a la administración del edificio que reparan el daño en mi departamento, pero francamente me resistía a la sensación de invasión que me provocaría el momento del arreglo, y el reclamo quedó en un cajón. Tener el piso levantado suponía trabajar con cierta incomodidad, ya que mi silla tenía un tope de desplazamiento; también implicaba limitar las visitas de amiguitas de mi hija por temor a que se lastimaran, y además yo misma dejé de recibir invitados en casa por la vergüenza que mi dejadez me provocaba. Sin embargo, a partir de mi reciente y profundo viaje interior, y recordando la ley hermética "como es arriba es abajo, como es afuera es adentro", me di cuenta de que el piso simplemente reflejaba mi estado de revisión, una ilustración viva de mi falta de enraizamiento y búsqueda de solidez interna.

A partir de entonces me relajé, ya que reconocí que en cuanto me sintiera lo suficientemente sólida y plantada, mi piso volvería a su estado plano sin mayores complicaciones. Voy a confesar que empecé a hablarle a mi piso, dándole amor por soportar ese estado solo para mí. Le agradecía que nadie hubiera sufrido ninguna caída ni tropezón, y en mis meditaciones empecé a visualizarlo sano, liso y brillante (en mi caso, el dicho "hablar con las paredes" se tornó en "hablar con el piso"). El Universo y la Tierra tomaron nota y se encargaron de que durante este verano, las lluvias intensas provocaran cuatro inundaciones en mi living-comedor-lugar de trabajo, empujándome a resolver el estado que finalmente se había tornado calamitoso: el camello desarrolló su segunda joroba a un metro y medio de la anterior. A la necesidad imperiosa de resolver el asunto por razones de seguridad, se le sumaron el hecho de que el mes que viene mi hija quiere festejar su cumpleaños en casa, y el nacimiento de mi proyecto de prácticas de inglés, que requiere que reciba a mis alumnos en casa, en un ambiente de luz y armonía.

El arranque de los arreglos tuvo las contramarchas típicas de cuando se intenta vencer la inercia, pero una vez que arrancó, en cuestión de solo dos semanas solucionaron el tema del balcón que provocaba las inundaciones, repararon el piso, lo lijaron, plastificaron y lo dejaron impecable. Además, los encargados de la tarea más larga fueron tres muchachos correntinos de tonada alegre que trabajaron con tranquilidad y mate de por medio. 

Hoy, al fin, vuelvo a tener mi casa en orden y en condiciones de "recibir". Recibir niños, amigos, alumnos. Otra vez la salida a mi bello balcón está libre de obstáculos y toda el agua que pueda llover para limpiar a nuestra bella Tierra fluirá tranquilamente a las plantas que iluminan mi vista todos los días. 

Lo aprendido me indica claramente que lo que sucedió materialmente en mi casa solo fue posible gracias a un cambio interno en mi ser. Se hace evidente que conseguí asentarme en la base sólida de mi alma, que abrí el flujo para recibir abundancia de múltiples formas y que liberé un par de obstáculos muy grandes de mi vida. Ahora bien, si el afuera me lo refleja tan nítidamente, ¿por qué me cuesta tanto verlo en mi interior? Quizá haya llegado el momento de visitar al oculista...

¡Hasta la próxima!

jueves, 3 de mayo de 2012

Aceptando el estancamiento

La parte más difícil era abrazar el estancamiento. Comencé dibujando un mandala. Más tarde, reflexioné que estaba en un bote en medio del océano y que no había una gota de viento. Que mis intentos de llegar a alguna parte eran tan vanos como intentar moverme soplando o usando las manos de remos. A la noche me encontré con esta foto en Facebook:

La foto me cambió la perspectiva. ¡Qué bueno estar en este bote, quieta, disfrutando del paisaje! En calma, sin nada que hacer más que esperar a que sople el viento y me lleve. Al día siguiente, en mi meditación matinal, miraba desde el bote en todas direcciones y aparecían múltiples y atractivos destinos. Me di cuenta de que si dependiera de mí, sería muy difícil elegir uno o trazar la hoja de ruta para explorarlos todos. Fue entonces que un destello de luz me iluminó: ¡qué bueno que esa sea tarea del viento! Qué alivio que yo solo deba esperar, con la plena confianza y certeza de que el viento en algún momento va a soplar y se va a encargar de llevarme a mi próximo destino de dicha y aprendizaje. Y así, sin mucho más, encontré la confianza que venía jugando a las escondidas conmigo. Y aquí estoy, en mi bote, rodeada de belleza, el sol entibia mi piel, y la confianza encontrada me trae la calma que necesito para este momento de quietud. Respiro, sonrío y agradezco.

¡Hasta la próxima!

martes, 1 de mayo de 2012

Abriendo los ojos

Me resistía. No quería verlo. No quería aceptarlo. Hasta que no pude negarlo más: estoy estancada. Debe hacer unos cuatro años que lucho por establecerme laboral y económicamente y no lo consigo. Busco reconocimiento por mi esfuerzo, por el cumplimiento con fechas de entrega complicadísimas y la óptima calidad de mis traducciones, pero nunca llega. Todo lo que se les pueda ocurrir que podría haber hecho para avanzar lo hice: enviar miles (¡sin exagerar...!) de currículums en el país y en el exterior, rediseñar mi CV y darle un aire fresco y original, presentarme a búsquedas en relación de dependencia, terapia convencional para superar mi desvalorización, aceptar tarifas más bajas, cotizarme más alto para dar la idea de buena calidad, cambiar de especialización, visualizaciones creativas, meditación chamánica, buena onda, mala onda, LinkedIn, venta directa (con esto podría escribir un libro entero de cómo el menos capacitado se hace rico y yo me endeudo), trabajo personal, y muchas otras cosas que descarté porque NO ME INTERESAN (después de todo, mi ídolo Walt Disney decía: "Si puedes soñarlo, puedes crearlo", y todavía elijo creerle. Lástima que no explicó cómo se pasa de la coma de la oración a la última palabra...).

Mi último intento fue la semana pasada, cuando empecé a recitar dos veces al día una serie de 108 repeticiones de un mantra para la abundancia. Iba ya por el segundo día cuando se hizo presente lo evidente: LA ANSIEDAD ES MI MAYOR BLOQUEO. El otro punto era que yo venía siguiendo el ejercicio de "abrazar con amor" todas las emociones que afloraran, pero al estancamiento quería revolearlo cual boleadora hasta la luna. Bien, ya tenía dos cosas nuevas por hacer: 1) bajar la ansiedad y 2) amar mi estancamiento.

He aquí lo que se me ocurrió. En primer lugar, cambié el mantra de la abundancia por uno de paz y tranquilidad. En segundo lugar, como se me dificulta mucho amar este estado de parálisis, dibujé un mandala en cuyo centro ubiqué el símbolo rúnico del estancamiento, rodeado por el símbolo rúnico del amor, todo en colores rosados y violáceos. Y para completar "el tratamiento", decidí que durante el mes de mayo, todo completito, NO VOY A HACER NADA. Con esto me refiero a que me limitaré a completar los trabajos que me lleguen y a responder los pedidos de cotización que reciba, pero no voy a hacer nada para iniciar un nuevo contacto, incorporar un nuevo alumno, o tentar una nueva oportunidad. NADA. 

Vamos a ver qué resulta. Prometo que si puedo resolver cómo pasar de la coma de la frase de Disney a la "creación", tendré la generosidad de pasar la receta.

¡Hasta la próxima!

martes, 17 de abril de 2012

El cambio empieza por mí

Como hace aproximadamente ocho meses que me comprometí a cambiar el mundo a partir de mí, me detengo un momento para registrar cuáles han sido los efectos hasta ahora de los cambios que he hecho. Lo hago porque en cada entrevista o artículo que leo de personas que han dado un vuelco semejante, parece que los cambios visibles sucedieran de la noche a la mañana, sin esfuerzo alguno, y que bastara con amarse y respetarse para llenarse de abundancia, dicha y paz  (¿hace falta agregar los viajes a la India y demás lugares exóticos que terminan relatados en un best seller?). Bueno, aplaudo a esa gente, pero como mi camino no se le parece en nada, lo pongo por escrito (no vaya a ser que dentro de un año encuentren los relatos de mis experiencias en un ashram exhibido en la vidriera de su librería amiga y crean que todo fue en un abrir y cerrar de ojos).

Pues bien, entre los cambios que hice se encuentran meditar activamente con mi propia técnica, revisar mis emociones y pensamientos llenándolos de luz y amor cuando hace falta, ordenar mis hábitos alimenticios, tener más coherencia entre lo que siento y lo que hago, y respetarme por sobre todas las cosas. A simple vista nada ha cambiado, pero estoy empezando a notar algunas diferencias. Por ejemplo, las discusiones eternas dentro de mi cabeza en lugar de ser lo habitual, me sorprenden cuando aparecen; y al darme cuenta, las reviso y naturalmente se desvanecen. Las emociones ya no me atormentan, por el contrario, me resultan muy interesantes y hasta divertidas de deconstruir. Hace ocho meses no tenía ninguna amiga con quien compartir estas cosas, y hoy por lo menos tengo cuatro cercanas en un camino similar. De hecho, impulsada por una de ellas me animé a empezar este blog, y si bien lo escribo fundamentalmente para mí, es muy reconfortante saber que muchos lo disfrutan. Otro logro importante ha sido encontrar un proyecto laboral con el que me identifico plenamente (vale aclarar que apenas está dando unos pasitos -más bien gateos-, por las dudas que si la abundancia material viene a través de ese proyecto tampoco se suponga que surgió arrugando la nariz al estilo Hechizada). Y otra cosa digna de mencionar es que todos los recursos que fui estudiando y adquiriendo a partir de mi adolescencia empiezan a encontrar su lugarcito desde donde ofrecer su aporte.

Así que muy bien, queda registrado hoy que los cambios en mí se están dando paulatinamente, y si bien no puedo negar que me encantaría un poco de magia para acelerarlos un poco (conste que en ningún momento mencioné haber controlado mi ansiedad e impaciencia), también debo admitir que el proceso me está resultando muy entretenido, tanto, que cuando lo escribo, ¡algunos se toman el tiempo de leerlo! ;)

¡Gracias y hasta la próxima!


domingo, 15 de abril de 2012

Temazcal, ritual chamánico


Ayer participé por primera vez de un ritual de temazcal. La experiencia vivida durante toda la jornada tuvo una intensidad tal, que sus aprendizajes y efectos irán surgiendo a lo largo de varias publicaciones. De todas maneras, hoy, a pocas horas de concluida la vivencia, rescato mi valentía en seguir avanzando por un camino que está tomando un curso novedoso e impredecible.

A simple vista, podría parecer que la valentía estuvo fundamentalmente en el hecho de haber entrado voluntariamente en lo más parecido a un horno humano que vi en mi vida. Luego de reunirnos en círculo en torno al fuego que albergaba las rocas ancianas incandescentes que nos acompañarían dentro del "inipi" (estructura de cañas dispuesta sobre la tierra en forma de iglú -curioso que los humanos elijamos esta forma particular para experimentar temperaturas extremas- cubierta por mantas muy gruesas, en cuyo centro se ha cavado un pozo donde por etapas van entrando grupos de piedras candentes), Adrián, el chamán riojano a cargo de la ceremonia, nos advirtió: "Quien entra se compromete a quedarse hasta el final, y les aseguro que algunos la van a pasar muy mal adentro: van a experimentar calor, encierro y ahogo". Lo relevante acá es confesar que estuve a punto de retirarme en ese instante. Si bien recordaba las advertencias recargadas antes de cada atracción en Disney World, suponía que esta no tenía nada de exagerada. Hizo falta recordar el propósito que me llevaba a participar de una purificación tan completa de cuerpo, mente y alma para tomar la decisión final de ingresar (mi amiga Irene me reveló después que mi expresión de pánico había sido contundente). Pues bien, entré, mi cuerpo toleró las incomodidades estoicamente, y le estoy profundamente agradecida.

Sin embargo, la mayor valentía tuvo que ver con el atreverme a enfrentar dolores y fantasmas de distintos momentos de mi vida y decidir quemarlos para siempre, sin saber cómo será mi vida sin ellos. Después de todo, "mejor malo conocido..." no se hizo famoso porque sí. En mi caso, tuve el coraje de mirar mis dolores uno por uno de frente y arrojarlos literalmente a la hoguera, alentada a su vez por mis compañeros de experiencia que iban haciendo lo mismo. Además, la impecabilidad de la ley de atracción de lo semejante se cumplió una vez más en la reunión de almas con pesares y anhelos similares. Es así que finalmente, limpia y vacía de mis momentos más oscuros, resolví aventurarme a un futuro incierto, sin reseñas ni previews, pero con el corazón latiendo lleno de fuerza, decisión y confianza: "¡Elijo lo bueno por conocer!".

¡Hasta la próxima!

jueves, 12 de abril de 2012

Aprendiendo de mi hija

Cada día me sorprendo más de lo cierto que es el hecho de que nuestros hijos vienen a mostrarnos en el más claro y dulce espejo toda nuestra sombra y las heridas que necesitamos sanar.

Hace unos días escribí algo en mi cuaderno que nunca llegó a este blog. Reflexionaba sobre mi propia desvalorización y cómo tanta gente y situaciones me lo habían reflejado a lo largo de mi vida. Llegaba a la dolorosa conclusión de que los comentarios más hirientes y punzantes habían sido los ecos que yo misma había aceptado, repetido y magnificado. A partir del reconocimiento de tal maltrato hacia mí, con la toma de conciencia empecé a tomar también actitudes correctivas de perdón y amor para empezar a sanar heridas tan profundas.  No sé si a modo de examen, trabajo práctico o clase especial, mi hija vino hoy con un espejo que revelaba una verdad tan cruda como la del espejito mágico de la bruja de Blancanieves (debe ser pura coincidencia que actualmente la ciudad esté empapelada con los afiches de película "Espejito, espejito" y que la edad me dé más para identificarme con la bruja que con la princesa, pero son solo detalles).

Estábamos dibujando juntas cuando me pidió que le dibujara un corazón en su hoja, como suele hacerlo. Acto seguido empezó a decir que a ella no le salían bien los corazones, que era una tarada porque no los hacía bien, que sus corazones eran horribles, que NUNCA iba a poder dibujar bien los corazones, y que ella era la única en el mundo a la que no le salían bien los corazones. Esas palabras y esa actitud no hace falta que les cuente de dónde pudo haberlas copiado, aunque en mi defensa debo decir que han sido pocas las veces que ella me ha visto en un estado similar. De todas maneras, parece que alcanzaron (¡no es joda que los chicos aprenden de lo que hacemos, no de lo que decimos!). A pesar del dolor que me producía escucharla, sabía que alabar sus corazones no serviría de nada. Tenía que dejarla expresarse y abrazarla con mucha ternura antes de poder llevarla a la reflexión. Y eso es lo que hice. Acoto acá que hacer esto con una nena es mucho más sencillo que hacerlo con una parte de mí misma, ya que es una situación mucho más concreta y muy pronto se puede ver si 'el remedio' dio resultado.

Dejamos de dibujar, la llevé a la cama, me acosté a su lado y la abracé. Cuando se tranquilizó un poco, le dije que esas cosas feas que se decía a sí misma dolían mucho, que no importaba lo bien que la tratara yo, si ella se maltrataba iba a seguir sufriendo. Enseguida (les juro que fue inmediato) empezó a decir que era verdad, que se había lastimado mucho, y juntas pedimos perdón y nos dijimos lo mucho que nos amábamos. Me quedé a su lado hasta que se quedó dormida, y mientras disfrutaba de ese momento de tenerla segura entre mis brazos, no pude evitar ver la ironía de que el disparador había sido el dibujo de un corazón...

¡Hasta la próxima!

miércoles, 11 de abril de 2012

Zapatero a tus zapatos


Desde hace unas semanas estoy practicando equilibrar mi energía masculina a partir del refrán "zapatero a tus zapatos", con mi propia interpretación (¿acaso cabe alguna otra interpretación que no sea la propia en un diario?). Se trata de delimitar cuál es mi trabajo y cuál es el trabajo del otro, y si hay algún otro que no se ocupa de su trabajo y por consiguiente debo encargarme yo, eso no es ser buena ni buenuda, es simplemente no respetarme a mí misma. Para muchos esto puede resultar una obviedad, pero para mí, que siempre creo que "molesto" cuando le pido a otro que se ocupe de "su trabajo" (por el que cobra, claro está), este cambio de actitud es un gran paso. Paso a ejemplificar algunas situaciones concretas. 

1) La coordinadora de una agencia de traducción envía un mail a varios traductores preguntando si tenemos la experiencia suficiente para traducir textos con "alto contenido religioso para un cliente al que le preocupa que la traducción sea precisa". Y eso es todo lo que especifica. En otro momento yo habría contestado a ciegas que claro que sí, sin preguntar más, para después terminar trabajando hasta las tres de la madrugada sobre un texto que parece la biblia en chino por dos pesos con veinticinco. Ahora, le respondo con una lista de preguntas, por ejemplo, a qué religión se refiere, si es un video, un texto, ficción, un contraste entre varias religiones, etc. Ella responde que no tiene más información que la que me dio. Es evidente que esta coordinadora no hizo su trabajo cuando habló con el cliente, y por lo tanto decidí que hasta que no me envíe la información completa, no sé si me interesa hacerlo. 

2) Voy al supermercado y hago que me envíen el pedido. A la noche me doy cuenta de que me faltan unas pilas que figuran muy bonitas en el tique de compra. En otro momento lo habría dejado pasar porque volver hoy al supermercado era realmente un problema para mí. Pero pienso que el Sr. Carrefour no hizo bien su trabajo y que si no reclamo, me estoy dejando robar, es decir que no me estoy valorando, cosa que hoy ya no permito. Así que voy al supermercado a reclamar, haciendo oídos sordos a mi vieja versión que está convencida de que me van a acusar de aprovechadora, y me vuelvo con las pilas. 

3) En las últimas tormentas de nuestra querida Buenos Aires, la falta de un desagote adecuado en mi balcón resultó en varias inundaciones en mi living-comedor, que terminaron por levantarme el piso. ¿Cuántas veces creés que llamé a la administración para que vengan a resolverme el problema? A todas esas sumale tres más. Cada vez que llamé lo hice tranquila, explicándoles que siempre que llueve tengo que sacar agua del balcón con palita para no inundarme, que el piso levantado es un peligro, etc. Hoy decidí que ya había sido suficiente. El trabajo de la administración es resolverme el problema. Recuerdo que tengo mucho camino recorrido como para llamar de forma prepotente, así que ensayo algo novedoso para mí. Llamo con toda dulzura y digo: "Hola, te llamo otra vez por el tema del balcón. ¿Qué harías vos en mi lugar si tuvieras este problema y no tuvieras respuesta después de llamar diez veces?" (recuerden, con MUCHA dulzura). A los diez minutos ya tenía cita para que vengan mañana a arreglarlo.

Como verán, si escribo todo esto es porque durante casi toda mi vida me falté el respeto por no reclamar lo que le corresponde hacer al otro. El tema es que yo había comprado la idea de que para reclamar y hacer valer mis derechos la única vía era enojándome, exigiendo con prepotencia o amenazando; como esas actitudes no me "cerraban", acababa por hacerme cargo de lo que le correspondía hacer a otro. Lo que estoy comprobando con este trabajo de despertar de conciencia es que me abre la mente para resolver situaciones muy mundanas, de todos los días, en el medio de la gran ciudad, y eso es maravilloso. Mi búsqueda me está llevando en esta instancia a ser más auténtica y a respetarme más, sin dejar de respetar al otro, haciendo caso omiso del miedo al qué dirán y agudizando la creatividad cada vez que resulta pertinente. 

¡Hasta la próxima!




sábado, 7 de abril de 2012

Despertándome...

En los últimos días todo me indica que tengo que "soltar" y "confiar" (o "bajar un cambio", en perfecto porteño). Para una buena alumna, cumplidora y disciplinada como yo, se trata del mayor desafío hasta el momento, ya que se trata de "no hacer", de distraerme con otra cosa.   Por suerte tengo alguna parte aliada que, confabulada con mi yo más sabio, logró que ayer optara por comenzar a leer una novela que casualmente me prestó una amiga hace unos días. (Una vez que haya terminado la novela, me detendré a analizar el "casualmente"). Esta mañana, de todas maneras, trabajé con el "soltar" y "confiar" subida a mi fiel elíptico (no vaya a ser que justo ahora que estoy despertando, una pereza sabatina me lleve otra vez a dormirme).

Sin embargo, el remate llegó esta tarde cuando llevé a mi hija al teatro a ver Mamma Mia! En el instante en que a mi peque se le iluminó la carita de fascinación por el colorido y la música de la puesta en escena, toqué piso y todo el resto desapareció. Mágicamente estaba en el presente, contundente e inevitable. En un momento la miré, y estaba toda iluminada: tenía a mi propio ángel en la piel de mi hija sentada en la falda. Más allá de que son todas canciones que me sé con puntos y comas en inglés y en español (de cuando ABBA cantaba en español y yo no sabía inglés) y de que son melodías pegadizas y animadas, el argumento de la obra tiene demasiados puntos en común con mi historia: una madre soltera criando a su hija, trabajando duramente para mantenerla, orgullosa de su tarea, tremendamente sola y con un espíritu joven y alegre que debe quedar en un baúl debajo la cama, relegado frente al baúl de responsabilidades, mucho más oscuro y pesado. Claro que la obra termina maravillosamente bien como corresponde, con los problemas económicos y de soledad de la protagonista resueltos. Por mi lado, salgo del teatro con mi hija, tomo un taxi y volvemos a casa. Preparo la cena, le pongo el DVD de la película como era de esperar, la acuesto con el arrorró y vuelvo a la cocina a lavar los platos. Es entonces que caigo en mi rotunda realidad y afloran las emociones de soledad y tristeza. Me pregunto qué estarán haciendo esos dos papás solos que vi con sus hijas en el teatro. ¿Las habrán dejado con la mamá y ellos habrán salido, o estarán también cenando una pizza de a dos? Y las familias "completas", ¿estarán disfrutando realmente de un sábado en familia o cuando los hijos se duermen, sobrevuelan los reproches, los sueños no cumplidos o el conformismo porque al menos no están solos? Por suerte no necesito tener ninguna de esas respuestas. Y no por suerte, sino por decisión, tengo en el corpiño (porque está pegado al corazón, no por otra cosa) las herramientas recientemente aprendidas. Así es que dejo que las emociones afloren, las saludo con una lágrima, las abrazo y las acobijo al igual que hice con mi hija hace un rato, y me siento a escribir. Y ya no estoy más sola. Sé lo que quiero (que no es poco!) y no tengo la menor idea de cómo voy a conseguirlo. Y eso es precisamente lo que hace que mi aventura sea tan emocionante.

¡Hasta la próxima!


domingo, 1 de abril de 2012

¿Qué es 'despertar'?

En esta mañana tranquila de domingo (la primera versión la estoy haciendo tirada en la cama, escribiendo con lápiz sobre una hoja sin renglones) me puse a reflexionar sobre qué significa para mí 'despertar' y a qué me refiero cuando digo que 'estoy trabajando mucho sobre mí misma'. Surge porque esa es la frase que suelo decir, aunque en realidad no lo siento como un trabajo, sino más bien como un conjunto de actitudes y actividades que se manifiestan o bien como una necesidad o bien como algo inevitable.

Fundamentalmente, desde que me despierto por la mañana (que no necesariamente coincide con el momento en que abro los ojos) estoy en una actitud alerta, atenta, o como lo siento en inglés, aware.  ¿A que? ¡A tantas cosas! Intentaré enumerar algunas.

Estoy muy atenta a mis emociones, esas que me mueven, en mayor o menor grado, de mi centro, de mi estado de paz calma (la palabra 'paz' todavía me queda muy grande) y armonía. Cada vez que reconozco una emoción, la observo, me fijo a qué partes del cuerpo afecta, respiro hondo y la dejo que me acompañe (noten que digo 'acompañe', no 'invada') el tiempo que quiera mientras la contemplo sin juzgarla y la lleno de amor como si fuera un niño.

Otras veces, siento pequeños llamados del cuerpo: una necesidad imperiosa de estirar una pierna, una leve alergia en el antebrazo, sequedad inusual en los párpados, frío o calor que no corresponden al clima, y cuando estoy MUY alerta, ganas de comer cuando en realidad no tengo hambre. En lugar de ignorarlos (o de atenderlos mal), les presto atención, veo qué me está pidiendo el cuerpo realmente y busco la manera de darle una respuesta satisfactoria. 

Con respecto a mi actividad laboral, antes de empezar, me digo a mí misma que voy a volcar en esa traducción toda la luz de mi divinidad para que alcance y se sume a la luz divina de todo el que entre en contacto con ese texto (y les aseguro que siento una atmósfera sagrada al hacerlo). Por otra parte, como además estoy ejercitando el poner límites y decir que no a determinados proyectos, me concentro en que en el mail de respuesta vaya 'la mejor onda', que se entienda que rechazo un proyecto en particular (en primera instancia siempre busco negociar la fecha de entrega o la tarifa) y no a la persona que me lo solicitó.

Y como para acompañar desde 'afuera', estoy buscando un estilo de alimentación que sume al equilibrio energético, a la salud física y mental, y que aliviane todos los procesos que acabo de describir. Muchas veces acierto y otras gana un paquete de galletitas, pero  me aseguro de agradecer a la Tierra, a ese ser maravilloso y maternal que nos da TODO lo que necesitamos, por cada alimento que se consume en casa, llenándolo de agradecimiento y bendición. 

Cabe destacar que también encuentro momentos de puro disfrute con mi hija, mis amigas, cantando, escribiendo, dibujando, bailando o participando de actividades grupales que capitalizan y fortalecen la luz de todos. De hecho, en un ratito me toca el sagrado baño de sales y espuma de los domingos...!

Así que pues bien, como verán, no es corto de relatar cuando alguien pregunta en qué ando o qué estoy haciendo, y la verdad es que creo que a pocos realmente les interesa escuchar la respuesta (¡y están en todo su derecho a que les importe un comino!), pero con quien sí le interesa saber, espero poder compartirlo en un encuentro relajado, y si no es posible, le diré que lea este blog!

¡Hasta la próxima!

jueves, 29 de marzo de 2012

Despertando la creatividad

Por estos días, mi camino me está llevando a revisar las emociones estancadas de mi infancia y a conectarme con mi niña interior. En cada meditación activa sobre mi elíptico, me conecto con la niña que fui a partir de recuerdos de fotos que poco a poco cobran vida. ¡Cómo me gustaba hamacarme en el jardín de mis abuelos y cantar al mismo tiempo! Podía pasarme horas allí...   Empiezo a amigarme de a poco con esa parte de mí, y ella me ayuda a recuperar la alegría y el disfrute de cosas tan simples como mover el cuerpo y hacer morisquetas (y en la seguridad de mi cuarto, solo con las plantas y algún gato de testigo, dejarme llevar me resulta muy fácil...!). Mi niña interior me está devolviendo espontaneidad y me ayuda además a conectarme mejor con mi peque de cinco años. Y entre ayer y hoy, el fruto de esta conexión se tradujo en una situación muy concreta.

Entre chakra y chakra, me encontré reflexionando sobre el hecho de que a mi hija no le gusta que la despierte a la mañana para ir a la escuela. La pone de muy mal humor, cosa que desata en mí emociones encontradas de enojo, ganas de dejarla dormir y fantasías sobre escolarizarla yo en casa con tal de ahorrarnos ese momento tan incómodo. Una versión antigua de mí habría decidido que todos los niños pasan por eso, que es natural, que se tienen que acostumbrar a las durezas de la vida, bla, bla, bla. Pero ahora mi conciencia está más expandida y no acepta los rigores sociales así sin más. Hay que buscar alternativas para vivir con más alegría cada momento del día, incluso cumpliendo con los rigores sociales.

Fue así que anoche mientras cenábamos, le pregunté de qué forma tendría que despertarla para no enojarla, y esperé su respuesta. Primero me dijo que simplemente le hiciera un mimo, que no le hablara hasta que ella me avisara. Entonces le conté que cuando yo era chica, me molestaba MUCHO el "pip pip" de los despertadores, y que ahora me gustaba despertarme con música tranquila y alegre (en este momento, mi música para despertarme es interpretada por la dulce voz de una amiga que canta divinamente). A raíz de eso, a Anni se le ocurrió que le encantaría despertarse con una canción inventada y cantada por ella misma (¡lleva la artista en el alma...!). Le pregunté cómo sería esa canción, y le surgió naturalmente algo muy tierno y simpático. Enseguida tomé el celular y se la hice grabar (claro que el chiche le encantó y grabó dos o tres canciones seguidas), y quedamos en que hoy la despertaría con un mimo y su canción.

Ya lo adivinaron, ¿no? Funcionó de maravillas. Se despertó contentísima, desayunó y se vistió para la escuela con una sonrisa. Es más, mientras le preparaba el desayuno, se las ingenió para grabar otra canción en mi celular. 

Esta pequeña hazaña me da una gran satisfacción, me muestra que todo lo que estoy aprendiendo y experimentando puede traducirse -con un poco de creatividad y mucha onda- a cada momento del día por más rutinario que sea. Que quedarse en el "qué le vamos a hacer", "todos lo sufrimos" no tiene por qué seguir siendo así si no quiero (¡y NO quiero!).  Después de todo, ya tengo entendido que la misión que nos une a todos es la de experimentar "disfrutando el proceso", y por mi parte, cada vez más convencida y comprometida, poco a poco lo voy logrando.

¡Hasta la próxima!

domingo, 25 de marzo de 2012

Intentando "no hacer"

En un domingo que prometía ser muy tranquilo, me propuse poder pasar un rato "sin hacer nada". Como todo este trabajo de despertar la conciencia a veces me pone un poco ansiosa (quiero despertar de una vez, y ya, suficiente remoloneo!!), sé que el desafío más inmediato es relajarme, soltar, y (disculpen, pero traductora y todo, la palabra que sigue no tiene una traducción que me satisfaga) surrender. ¿Qué tan difícil podía ser?

Arrancó la mañana tempranito, 7:26 para ser exacta, con mi peque exigiendo el desayuno. Logré estirarlo hasta las 8. Una hora y media más tarde, mi hija estaba muy entretenida descubriendo sus habilidades de diseño en la PC, así me pareció buen momento para practicar la quietud un rato. Mi única idea era meterme en la cama y resistir todos los "tengo que" y los "debería". Debo haber durado unos diez minutos, de los cuales cinco me entredormí, ya que una hija no puede ver que mamá no está haciendo nada y hay que ir a saltarle encima!! Luego de un rato de juegos, me aboqué a varios "tengo que", luego el almuerzo, una ducha, y a eso de las 3 de la tarde creí que otra vez tenía mi oportunidad de "no hacer". Nuevamente el intento duró cinco minutos, por motivos muy similares al anterior. Y así siguió la tarde, hasta que finalmente, con mi hija en la bañera jugando tranquilamente, dije: "¡Ahora sí!". Y volví a intentarlo. Esta vez duré unos quince minutos, pero debo reconocer que me dormí, así que no sé si cuenta como "no hacer nada". De todas maneras, en algún momento reconocí que tengo muy arraigada la idea de que estar en constante hacer es lo que "está bien" y que eso de alguna manera le suma valor a mi persona. Con lo que vengo aprendiendo, hoy considero que eso es una verdadera tontería. 

Es así que llegada la noche, con mi hija ya durmiendo, en lugar de no hacer nada me puse a escribir (que es mucho más sencillo que estar quieta), y en pocos minutos más, ya estaré durmiendo. Mi conclusiones: 1) Es muy difícil para mí "no hacer nada". 2) La dificultad del reto me indica que es algo que debo aprender (y ahí va el bendito "debo" otra vez). 3) La próxima vez que lo intente será cuando esté sola. 

¡Hasta la próxima!